He podido visitar Bruselas en dos ocasiones y en ambas la ciudad me ha sorprendido para bien. La primera, porque no me esperaba que tuviese tanto para hacer y visitar. La segunda, porque ese buen recuerdo había perdurado y se había mantenido tal como era. Por ello, hoy he preparado un post en forma de lista con los lugares imprescindibles que ver en Bruselas. ¿Te vienes?

Este artículo forma parte de la guía para viajar a Bélgica
Qué ver en Bruselas en 2 días
Bruselas es una ciudad perfecta para una escapada de fin de semana. La capital de Bélgica tiene un centro histórico lleno de edificios monumentales, plazas con mucho ambiente y rincones que merece la pena descubrir paseando. Además, es conocida por sus cómics, sus chocolates, sus cervezas y sus famosos gofres, así que también hay tiempo para disfrutar de su gastronomía entre visita y visita.
Dos días en Bruselas son suficientes para conocer sus principales atractivos turísticos, desde la espectacular Grand Place hasta el Atomium, pasando por el Manneken Pis, las Galerías Reales Saint-Hubert o el barrio europeo. Aunque algunas de estas visitas están algo alejadas del centro, puedes organizar el recorrido por zonas y utilizar el transporte público cuando sea necesario.
Una buena manera de comenzar a descubrir la ciudad es apuntarte a este free tour por Bruselas, con el que podrás conocer algunos de sus lugares más emblemáticos y aprender curiosidades sobre su historia. Después, puedes seguir recorriendo la ciudad a tu aire con los lugares que te propongo a continuación.
Grand Place
La Grand Place es el corazón de Bruselas y uno de los lugares más bonitos que ver en la capital belga. Esta espectacular plaza, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1998, está rodeada de edificios históricos con preciosas fachadas. Sus orígenes se remontan a la Edad Media, cuando este espacio comenzó a utilizarse como mercado. Con el paso de los siglos se convirtió en el centro político y económico de Bruselas, y los distintos gremios de comerciantes fueron construyendo sus sedes alrededor de la plaza.
Uno de los edificios más destacados es el Ayuntamiento de Bruselas (Hôtel de Ville), construido principalmente durante el siglo XV en estilo gótico. Su elemento más reconocible es la torre de aproximadamente 96 metros de altura, coronada por una estatua de San Miguel, patrón de Bruselas, venciendo al demonio.
Justo enfrente se encuentra la Casa del Rey, un edificio de estilo neogótico que, a pesar de su nombre, nunca fue residencia de ningún monarca. Actualmente alberga el Museo de la Ciudad de Bruselas, donde se puede conocer la historia de la capital belga y contemplar, entre otras piezas, parte de la colección de trajes del famoso Manneken Pis.
Otro de los grandes atractivos de la Grand Place son las casas de los antiguos gremios. Entre las más conocidas se encuentran Le Cornet, del gremio de barqueros, y Le Renard, del gremio de merceros. También destaca la Maison des Ducs de Brabant, un conjunto de fachadas que, pese a su nombre, nunca fue residencia de los duques de Brabante.
Mi recomendación es que no te limites a pasar una sola vez por la Grand Place. Visítala tanto de día como de noche, cuando los edificios iluminados crean un ambiente completamente diferente. También puedes sentarte en alguna de sus terrazas para disfrutar de las vistas, aunque debes tener en cuenta que los precios suelen ser más elevados que en otras zonas de Bruselas.

Manneken Pis
A pocos minutos caminando de la Grand Place se encuentra otro de los grandes símbolos de Bruselas: el Manneken Pis. Se trata de una pequeña estatua de bronce que representa a un niño desnudo orinando sobre una fuente y que, pese a medir apenas 55 centímetros de altura, se ha convertido en una de las atracciones turísticas más conocidas de Bélgica.
La estatua actual fue realizada en 1619 por el escultor Jérôme Duquesnoy el Viejo, aunque ya existía una fuente con una figura similar en este lugar desde siglos anteriores. A lo largo de su historia, el Manneken Pis ha sufrido numerosos robos y actos vandálicos, por lo que la figura que se puede ver hoy en la calle es una réplica. La escultura original se conserva en el Museo de la Ciudad de Bruselas, situado en la Grand Place.
Existen varias leyendas que intentan explicar el origen de esta curiosa estatua. Una de las más populares cuenta que un niño salvó Bruselas al orinar sobre la mecha de unos explosivos que los enemigos habían colocado para destruir la ciudad. Otra historia habla de un pequeño que se perdió durante una celebración y fue encontrado por su padre mientras hacía pis.
Una de las curiosidades del Manneken Pis es que cuenta con un enorme vestuario de trajes que se utilizan para vestirlo en determinadas fechas. Esta tradición comenzó en el siglo XVII y, desde entonces, la estatua ha recibido cientos de atuendos procedentes de diferentes países, instituciones y asociaciones. Muchos de ellos se pueden contemplar en el museo GardeRobe MannekenPis, situado muy cerca de la fuente.

Zinneke Pis
Además del famoso Manneken Pis, Bruselas tiene otras estatuas bastante curiosas relacionadas con la misma temática. Una de ellas es el Zinneke Pis, una escultura de un perro orinando contra un bolardo que se encuentra en la esquina de la Rue des Chartreux y la Rue du Vieux Marché aux Grains, a pocos minutos caminando de la Grand Place.
A diferencia del Manneken Pis, el Zinneke Pis no es una fuente, sino una escultura de bronce creada en 1998 por el artista belga Tom Frantzen. Su nombre tiene un significado especial, ya que la palabra zinneke se utilizaba en Bruselas para referirse a los perros mestizos y, con el tiempo, pasó a identificar también a las personas de orígenes diversos.

Jeanneke Pis
Bruselas tiene una tercera estatua dedicada a alguien haciendo pis, y en este caso la protagonista es una niña. Se trata de Jeanneke Pis, una pequeña escultura de bronce que representa a una niña desnuda, sentada en cuclillas y orinando sobre una fuente. Se encuentra en el Impasse de la Fidélité, un estrecho callejón donde también está la famosa cervecería Delirium.
Jeanneke Pis fue realizada por el escultor Denis-Adrien Debouvrie e inaugurada en 1987, con la intención de crear una versión femenina del famoso niño de Bruselas. La figura mide unos 50 centímetros de altura y está colocada en un pequeño nicho protegido por una reja.

Murales de Cómics
Bruselas es conocida como una de las capitales mundiales del cómic, y no es para menos. Bélgica ha sido la cuna de personajes tan famosos como Tintín, los Pitufos, Lucky Luke o Spirou, y esta tradición está muy presente en las calles de la ciudad. De hecho, una de las cosas más curiosas que hacer en Bruselas es recorrer su ruta de murales de cómics, que convierte las fachadas de numerosos edificios en auténticas viñetas gigantes.
Esta iniciativa comenzó en 1991 con el objetivo de embellecer algunas paredes de la ciudad y rendir homenaje a los grandes autores del cómic belga. Desde entonces, el proyecto ha ido creciendo y actualmente existen decenas de murales repartidos por diferentes barrios de Bruselas. Algunos representan escenas de aventuras, otros muestran personajes muy conocidos y muchos están perfectamente integrados en la arquitectura de los edificios.
Uno de los murales más famosos es el de Tintín, Milú y el capitán Haddock, situado en la Rue de l’Étuve, muy cerca del Manneken Pis. Está inspirado en una escena de El asunto Tornasol, una de las aventuras creadas por Hergé, y es uno de los más fotografiados de la ruta. También puedes encontrar representaciones de Lucky Luke, Gaston Lagaffe, Broussaille o Ric Hochet en diferentes puntos del centro histórico.
Además de los murales, Bruselas cuenta con el Centro Belga del Cómic, un museo dedicado a la historia del noveno arte que se encuentra en un edificio de estilo modernista diseñado por Victor Horta. En su interior se pueden conocer los orígenes del cómic belga, descubrir el proceso de creación de las historietas y visitar exposiciones dedicadas a diferentes autores y personajes.

Galerías Reales Saint Hubert
Muy cerca de la Grand Place y de Jeanneke Pis se encuentran las Galerías Reales Saint-Hubert. Se trata de unas galerías comerciales cubiertas que destacan por su arquitectura del siglo XIX, con una espectacular bóveda de cristal que permite la entrada de luz natural. Fueron diseñadas por el arquitecto Jean-Pierre Cluysenaar e inauguradas en 1847, lo que las convierte en uno de los primeros grandes conjuntos de galerías comerciales cubiertas de Europa.
El conjunto está dividido en tres partes: la Galería del Rey, la Galería de la Reina y la Galería de los Príncipes. Las dos primeras forman el pasaje principal, mientras que la tercera es una galería más pequeña que sale de la Galería del Rey. En su interior encontrarás tiendas de lujo, librerías, cafeterías y algunas de las chocolaterías más conocidas de Bélgica. Entre ellas destaca Neuhaus, una firma histórica que abrió su primera tienda en estas galerías y a la que se atribuye la creación del bombón de chocolate relleno o praliné belga en 1912.
Aquí también se encuentra el Théâtre Royal des Galeries, un teatro histórico que sigue acogiendo representaciones, y a lo largo de los años sus cafés y establecimientos han sido frecuentados por escritores y artistas. Incluso Victor Hugo pasó tiempo en estos espacios durante su estancia en Bruselas.

Catedral de San Miguel y Santa Gúdula de Bruselas
Después, puedes dirigirte hacia la Catedral de San Miguel y Santa Gúdula, con su imponente fachada gótica con dos grandes torres que recuerda a algunas de las catedrales más famosas de Francia. Los orígenes del templo se remontan al siglo XI, cuando se construyó una iglesia románica sobre una colina que dominaba la ciudad. Sin embargo, el edificio que podemos contemplar actualmente comenzó a levantarse en el siglo XIII y las obras se prolongaron durante varios siglos. Por eso, aunque predomina el estilo gótico brabantino, se pueden apreciar elementos de diferentes épocas.
Su fachada principal es uno de los elementos más llamativos del edificio. Está flanqueada por dos torres de unos 64 metros de altura, unidas por una parte central decorada con un gran ventanal. Mientras, en el interior, sus altas columnas, las bóvedas de crucería y los grandes ventanales crean un espacio muy luminoso. Uno de sus mayores atractivos son las vidrieras de los siglos XVI, XVII y XIX, que representan diferentes escenas religiosas y personajes históricos. También destaca el púlpito barroco de madera, realizado por Hendrik Frans Verbruggen a finales del siglo XVII, con una elaborada representación de la expulsión de Adán y Eva del Paraíso.
La Catedral tiene también una gran importancia en la vida institucional de Bélgica, ya que ha sido escenario de bodas reales, funerales de Estado y otras ceremonias de la monarquía belga. Entre los acontecimientos más destacados se encuentra la boda del rey Balduino y Fabiola de Mora y Aragón, celebrada en 1960.

Carrillón del Mont des Arts
Uno de los rincones más curiosos que puedes encontrar paseando por el centro de Bruselas es el Carrillón del Mont des Arts, un reloj musical situado en el Palacio de la Dinastía. Fue instalado en 1958, coincidiendo con la Exposición Universal de Bruselas, y es obra del arquitecto Jules Ghobert. Su elemento más llamativo es un gran reloj con forma de estrella de doce puntas, rodeado por doce figuras que representan personajes históricos y tradicionales de Bruselas y Bélgica.
En la parte superior del reloj se encuentra una figura dorada que representa a un jacquemart, un autómata que golpea una campana para marcar las horas. El conjunto cuenta con 24 campanas que interpretan melodías tradicionales belgas, con repertorios que pueden variar según la época del año.

Mont des Arts
Junto al Carrillón se extiende el Mont des Arts, o Monte de las Artes. Se encuentra entre la parte baja de la ciudad, donde está la Grand Place, y la parte alta, donde se sitúan el Palacio Real y algunos de los museos más importantes de la capital belga. Por eso, es un lugar de paso casi obligado cuando recorres el centro histórico.
Esta zona comenzó a transformarse a finales del siglo XIX, cuando el rey Leopoldo II impulsó la idea de crear un espacio monumental que conectara ambas partes de Bruselas. Para la Exposición Universal de 1910 se construyó un jardín provisional, pero el aspecto actual del Mont des Arts procede principalmente de las reformas realizadas durante las décadas de 1950 y 1960, coincidiendo con la preparación de la Exposición Universal de 1958.
El elemento más característico del Mont des Arts son sus jardines geométricos, con parterres de flores, setos perfectamente recortados y fuentes. Desde la parte superior se puede contemplar una de las panorámicas más fotografiadas de Bruselas, con los jardines en primer plano y la torre del Ayuntamiento de la Grand Place destacando sobre los edificios del centro.
Además de las vistas, el Mont des Arts es uno de los principales centros culturales de Bruselas. En sus alrededores se encuentran instituciones tan importantes como la Biblioteca Real de Bélgica, el Museo de Instrumentos Musicales, ubicado en el edificio modernista Old England, y los Museos Reales de Bellas Artes de Bélgica. También está muy cerca el Palacio de Bellas Artes de Bruselas, conocido como BOZAR, donde se organizan exposiciones, conciertos y otras actividades culturales.
Mi recomendación es que te acerques al Mont des Arts durante el día para disfrutar de las vistas y pasear por sus jardines, aunque también merece la pena visitarlo al atardecer, cuando la luz ilumina los tejados de Bruselas. Es una parada gratuita y muy fácil de incluir en una ruta de dos días por la ciudad, especialmente si vas caminando desde la Grand Place hacia el Palacio Real.

Torre Anneessens
Muy cerca del Mont des Arts se encuentra uno de los vestigios medievales más interesantes de Bruselas: la Torre Anneessens, también conocida como Torre del Ángulo. Se sitúa junto al Boulevard de l’Empereur y es uno de los pocos restos que se conservan de la primera muralla que rodeaba la ciudad.
La torre fue construida durante el siglo XIII, cuando Bruselas comenzó a proteger su núcleo urbano mediante un recinto amurallado. Aquella primera muralla, levantada principalmente entre los siglos XIII y XIV, tenía aproximadamente cuatro kilómetros de longitud y contaba con varias puertas de acceso y torres defensivas. Con el crecimiento de la ciudad se construyó una segunda muralla más amplia, por lo que la primera fue perdiendo su función y buena parte de sus estructuras acabaron desapareciendo.
Su nombre recuerda a François Anneessens, un dirigente de los gremios de Bruselas que fue ejecutado en la Grand Place en 1719 tras enfrentarse a las autoridades de los Países Bajos austríacos. Aunque la torre es varios siglos anterior a su muerte, la tradición la relaciona con su encarcelamiento, de ahí que haya terminado llevando su nombre.

Iglesia de Nuestra Señora del Sablón
Desde la torre, puedes dirigirte a la Iglesia de Nuestra Señora del Sablón. Este templo de estilo gótico brabantino destaca por sus grandes ventanales, sus vidrieras y su arquitectura. Sus orígenes se remontan al siglo XIV, cuando el gremio de ballesteros de Bruselas construyó una pequeña capilla dedicada a la Virgen María. Según la tradición, en 1348 una mujer llamada Beatrijs Soetkens trasladó hasta aquí una imagen milagrosa de la Virgen procedente de Amberes. La llegada de la escultura convirtió la capilla en un importante lugar de peregrinación y, gracias a las donaciones recibidas, se decidió levantar una iglesia de mayores dimensiones.
Desde el exterior llaman la atención sus fachadas de piedra, los grandes ventanales apuntados y la abundante decoración escultórica. Mientras, el interior es especialmente bonito por la luz que entra a través de sus vidrieras de colores, algunas de las cuales alcanzan unos 15 metros de altura. También destacan las columnas que separan las naves, las bóvedas góticas y las diferentes obras de arte religioso que decoran el templo. Entre sus espacios más interesantes se encuentran las capillas barrocas de las familias nobles Thurn und Taxis, construidas durante el siglo XVII y decoradas con esculturas y monumentos funerarios.
La iglesia también está relacionada con una de las tradiciones históricas más conocidas de Bruselas: el Ommegang, una procesión que tiene sus orígenes en las celebraciones religiosas medievales y que actualmente se recrea cada verano con trajes históricos y desfiles por el centro de la ciudad. Esta festividad recuerda, entre otros acontecimientos, la entrada del emperador Carlos V en Bruselas en 1549.
Además de visitar la iglesia, merece la pena dedicar un rato a pasear por el barrio del Sablón, conocido por sus tiendas de antigüedades, galerías de arte y chocolaterías. Justo enfrente se encuentra la Place du Grand Sablon, una plaza con mucho ambiente, especialmente los fines de semana, cuando se celebra su conocido mercado de antigüedades.

Iglesia de Santiago
Cerca de allí también puedes ver la Iglesia de Santiago de Coudenberg. Su fachada neoclásica, con grandes columnas y un frontón triangular, recuerda más a un templo de la Antigüedad que a una iglesia tradicional. Sus orígenes se remontan a la Edad Media, cuando existía una capilla relacionada con el antiguo Palacio de Coudenberg, residencia de los duques de Brabante y, posteriormente, de otros gobernantes de los Países Bajos. Sin embargo, la iglesia actual fue construida a finales del siglo XVIII, durante la gran transformación urbanística de la Place Royale, que dio a esta zona su aspecto neoclásico.
El edificio fue diseñado inicialmente por el arquitecto Jean-Benoît-Vincent Barré y las obras estuvieron dirigidas por Barnabé Guimard. Su fachada destaca por las seis columnas corintias que sostienen un gran frontón, mientras que la torre campanario, añadida durante el siglo XIX, sobresale por detrás del templo. Todo el conjunto mantiene una gran armonía con los edificios que rodean la plaza.
En su interior encontrarás una decoración bastante sobria, con columnas, bóvedas y diferentes obras de arte religioso. La iglesia está dedicada a Santiago el Mayor, uno de los apóstoles de Jesús, y mantiene una relación histórica con la peregrinación a Santiago de Compostela. Además, es un templo importante para la monarquía belga, ya que ha acogido diferentes ceremonias oficiales y religiosas.

Palacio Real de Bélgica
Detrás de la iglesia se encuentra el Palacio Real, que destaca por su imponente fachada neoclásica. Aunque pueda parecer que es la residencia habitual de los reyes de Bélgica, lo cierto es que la familia real vive en el Palacio de Laeken, situado al norte de Bruselas. El Palacio Real del centro de la ciudad es la sede administrativa de la monarquía y el lugar donde el rey desempeña sus funciones oficiales, recibe a jefes de Estado y celebra recepciones y otros actos institucionales.
La historia del palacio está relacionada con el antiguo Palacio de Coudenberg, que durante siglos fue residencia de los duques de Brabante y de diferentes gobernantes de los Países Bajos. Aquel conjunto palaciego quedó prácticamente destruido por un incendio en 1731 y sus restos fueron desapareciendo durante las posteriores reformas urbanísticas de la zona. El edificio actual comenzó a construirse en el siglo XIX, después de la etapa napoleónica, y fue ampliado y transformado durante los reinados de los primeros monarcas belgas.
Su aspecto actual se debe en buena medida a las reformas impulsadas por Leopoldo II a comienzos del siglo XX, cuando se construyó la gran fachada monumental que podemos contemplar hoy. En ella destacan las columnas, las esculturas y el frontón central, decorado con una representación alegórica de Bélgica.
Aunque su exterior ya merece una visita, lo más interesante es que el Palacio Real abre algunas de sus salas al público durante el verano, habitualmente desde finales de julio hasta principios de septiembre. Durante estas jornadas de puertas abiertas es posible recorrer diferentes espacios ceremoniales y conocer una parte del patrimonio artístico de la monarquía belga. Entre las estancias más destacadas se encuentran el Salón del Trono, la Gran Galería y el Salón de los Espejos. Este último es especialmente conocido por su techo decorado con más de un millón de caparazones de escarabajos joya, una intervención artística realizada por el belga Jan Fabre.

Parlamento Europeo
Bruselas es conocida como la capital de Europa porque alberga algunas de las principales instituciones de la Unión Europea. Una de ellas es el Parlamento Europeo, cuya sede de trabajo en la ciudad se encuentra en el Barrio Europeo, a unos 20 minutos caminando del Palacio Real. Aunque el Parlamento tiene su sede oficial en Estrasburgo, buena parte de su actividad parlamentaria se desarrolla en Bruselas, donde se celebran reuniones de comisiones, de grupos políticos y sesiones plenarias adicionales.
El edificio más conocido del complejo parlamentario es el Paul-Henri Spaak, reconocible por su gran estructura acristalada y su forma semicircular. En su interior se encuentra uno de los hemiciclos donde se reúnen los eurodiputados para debatir y votar asuntos que afectan a los países miembros de la Unión Europea.
Una de las cosas más interesantes es que se puede visitar el Parlamento Europeo de forma gratuita. Existen visitas al hemiciclo de Bruselas que permiten conocer su funcionamiento, descubrir cómo se organizan los debates y aprender más sobre el trabajo de los eurodiputados. Dependiendo del calendario parlamentario, las visitas pueden realizarse con audioguía o en grupos acompañados. Es recomendable consultar los horarios y las condiciones de acceso en la web oficial del Parlamento Europeo, ya que pueden variar según la actividad institucional.
También merece la pena visitar el Parlamentarium, el centro de visitantes del Parlamento Europeo, situado junto al complejo parlamentario. Se trata de una exposición interactiva que explica la historia de la integración europea, el funcionamiento de las instituciones y cómo influyen sus decisiones en la vida cotidiana de los ciudadanos. La visita es gratuita y cuenta con contenidos multimedia disponibles en los idiomas oficiales de la Unión Europea, incluido el español.
Frente al Parlamento Europeo se encuentra la Place du Luxembourg, una plaza rodeada de cafeterías y restaurantes que suele tener bastante ambiente, especialmente entre semana, cuando los trabajadores de las instituciones europeas salen a tomar algo después de su jornada laboral.

Atomium
Mucho más lejos del centro histórico está el Atomium, una enorme estructura metálica que se ha convertido en uno de los símbolos de la capital belga. Se encuentra en el parque de Heysel, al norte de la ciudad, por lo que tendrás que utilizar el transporte público para llegar.
El Atomium fue construido con motivo de la Exposición Universal de Bruselas de 1958 y diseñado por el ingeniero André Waterkeyn, con la colaboración de los arquitectos André y Jean Polak. La estructura representa una celda unitaria de un cristal de hierro ampliada aproximadamente 165.000 millones de veces, una forma de simbolizar el progreso científico y tecnológico de la época. Aunque inicialmente estaba previsto desmontarlo después de la exposición, su popularidad hizo que se conservara hasta convertirse en uno de los monumentos más reconocibles de Bélgica.
La construcción alcanza los 102 metros de altura y está formada por nueve esferas de 18 metros de diámetro, conectadas entre sí mediante tubos metálicos. Y lo más interesante es que el Atomium se puede visitar por dentro: varias de sus esferas están abiertas al público y albergan exposiciones dedicadas a la historia del monumento, la Exposición Universal de 1958 y diferentes propuestas de arte y diseño. Si visitas la esfera superior, situada a unos 92 metros de altura, tendrás una buena panorámica de Bruselas y sus alrededores.
Te recomiendo comprar las entradas con antelación si tienes pensado visitar su interior, especialmente durante los fines de semana y las vacaciones. Si dispones de poco tiempo, también puedes acercarte únicamente para contemplarlo desde el exterior y hacer algunas fotografías, ya que su peculiar arquitectura merece la pena por sí sola.

Cómo llegar a Bruselas
Bruselas está situada en el centro de Bélgica y cuenta con muy buenas conexiones de transporte, tanto con otras ciudades del país como con diferentes destinos europeos. Puedes llegar a Bruselas en avión, tren, autobús o coche, dependiendo de tu punto de partida y de la ruta que tengas prevista. Además, su ubicación hace que sea una ciudad muy cómoda para incluir en un viaje por Bélgica, ya que desde aquí puedes visitar fácilmente lugares como Brujas, Gante, Amberes o Lovaina.
Vuelos a Bruselas
Si viajas desde España o desde otros países europeos, una de las opciones más habituales es llegar en avión. Bruselas cuenta con dos aeropuertos principales, aunque es importante distinguirlos porque están situados a distancias muy diferentes del centro.
El Aeropuerto de Bruselas-Zaventem (BRU) es el principal aeropuerto del país y se encuentra a unos 12 kilómetros al noreste de la ciudad. Recibe vuelos de numerosas compañías aéreas y está muy bien conectado con el centro de Bruselas. La forma más cómoda de llegar es en tren, ya que dispone de una estación en la propia terminal con conexiones directas a Bruxelles-Central, Bruxelles-Nord y Bruxelles-Midi. El trayecto hasta la estación Central dura aproximadamente 20 minutos.
Otra opción es utilizar el autobús, especialmente la línea 12 de STIB, que conecta el aeropuerto con el barrio europeo. También puedes llegar en taxi o contratar un traslado privado, aunque estas alternativas suelen ser más caras.
Por su parte, el Aeropuerto de Charleroi (CRL), conocido comercialmente como Brussels South Charleroi Airport, está situado a unos 60 kilómetros al sur de Bruselas y es utilizado principalmente por compañías de bajo coste. Aunque los vuelos pueden resultar más económicos, debes tener en cuenta el tiempo y el precio del traslado hasta la capital.
Desde Charleroi puedes tomar los autobuses de Flibco, que conectan el aeropuerto con la estación Bruxelles-Midi. El trayecto dura aproximadamente una hora, dependiendo del tráfico. También existe la posibilidad de combinar autobús y tren pasando por la estación de Charleroi-Central.
Viajar a Bruselas en tren
El tren es una de las mejores opciones para llegar a Bruselas desde otras ciudades de Bélgica y de los países vecinos. La capital cuenta con varias estaciones importantes, entre las que destacan Bruxelles-Midi (Brussel-Zuid), Bruxelles-Central y Bruxelles-Nord.
La estación de Bruxelles-Midi es especialmente importante para las conexiones internacionales. Desde aquí llegan trenes de alta velocidad procedentes de ciudades como París, Londres, Ámsterdam o Colonia, operados por compañías como Eurostar y otros servicios ferroviarios.
Si estás recorriendo Bélgica, también encontrarás conexiones frecuentes con ciudades como Brujas, Gante, Amberes, Lovaina o Lieja. Los trayectos suelen ser relativamente cortos, por lo que Bruselas es una buena base para organizar excursiones de un día.
Para consultar los horarios y comprar billetes de los trenes nacionales puedes utilizar la web oficial de SNCB, mientras que para las conexiones internacionales debes consultar las páginas de las compañías correspondientes.
Cómo llegar a Bruselas en autobús
Otra alternativa para viajar a Bruselas es el autobús, especialmente si buscas una opción económica o te desplazas desde ciudades cercanas. Compañías como FlixBus realizan rutas internacionales que conectan la capital belga con numerosos destinos europeos, entre ellos París, Ámsterdam, Lille o Colonia.
Los autobuses de larga distancia utilizan diferentes paradas de Bruselas, por lo que es importante comprobar la ubicación exacta de la estación de llegada al comprar el billete. Desde allí podrás continuar hasta tu alojamiento utilizando el metro, el tranvía o los autobuses urbanos.
Cómo ir a Bruselas en coche
Si estás haciendo una ruta por Bélgica o por varios países europeos, también puedes llegar a Bruselas en coche. La ciudad está conectada con una amplia red de autopistas que facilita el acceso desde diferentes puntos del país y desde los estados vecinos.
Entre las principales vías de acceso se encuentran la E40, que conecta Bruselas con Gante, Brujas y Ostende hacia el oeste, y con Lovaina y Lieja hacia el este; la E19, que te permite llegar desde Amberes o desde Mons; y la E411, que comunica la capital con Namur y Luxemburgo. Además, la circunvalación R0 rodea buena parte de la ciudad y conecta las principales carreteras.
Eso sí, no te recomiendo utilizar el coche para moverte por el centro de Bruselas, ya que el tráfico puede ser intenso y el aparcamiento suele ser caro. Además, la ciudad cuenta con una zona de bajas emisiones (LEZ) que restringe la circulación de determinados vehículos contaminantes. Si vas a pasar un par de días en la ciudad, lo más práctico es dejar el coche aparcado y recorrer el centro histórico caminando, utilizando el transporte público para llegar a lugares más alejados.
Dónde dormir en Bruselas
Si vas a visitar la ciudad durante dos días, te recomiendo alojarte en el centro o en una zona bien comunicada con el transporte público, ya que así podrás aprovechar mejor el tiempo y desplazarte fácilmente entre los principales lugares turísticos. Una de las mejores zonas donde dormir en Bruselas es el centro histórico, alrededor de la Grand Place. Desde aquí puedes llegar caminando a muchos de los monumentos más conocidos y encontrarás numerosos restaurantes, cafeterías y tiendas. Eso sí, los alojamientos suelen ser más caros, especialmente durante los fines de semana y las fechas de mayor demanda.
Otra zona interesante es el Barrio Europeo, situado cerca del Parlamento Europeo. Es una zona más tranquila que el centro histórico, especialmente durante los fines de semana, y cuenta con buenas conexiones de metro y autobús. Además, al concentrar muchos hoteles orientados a los viajes de negocios, en ocasiones es posible encontrar tarifas interesantes durante los días no laborables.
Precisamente, en mi segundo viaje a Bruselas nos alojamos en el Hotel Leopold, situado en este barrio, aunque parece que ha cerrado sus puertas. Si quieres revisar otras posibilidades, puedes hacerlo aquí:
Como ves, hay muchas cosas que visitar en Bruselas en 2 días. Aunque es una ciudad que a veces queda en segundo plano frente a otras ciudades belgas como Brujas o Gante, merece la pena dedicarle al menos un fin de semana para descubrir sus rincones y disfrutar de su ambiente. Además, no puedes marcharte sin probar sus famosos gofres, sus chocolates o alguna de sus cervezas. ¡Espero que esta guía te ayude a organizar tu viaje a Bruselas y disfrutar de la capital de Bélgica!
Estela Gómez
Soy Estela y a través de Viajes e ideas te llevo de viaje conmigo a diversos lugares del mundo desde el 2012. Además de leerme por aquí, también me encontrarás en Quiero Viajar Sola, mi otro blog dedicado a los viajes en solitario. Mis proyectos han salido en varias ocasiones en medios de comunicación y suelo participar en viajes de prensa para dar a conocer destinos turísticos.

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De las cinco cosas que aconsejas hacer en Bruselas, las hicimos todas. Me gustó mucho comer en un restaurante esquinero en Galerías Reales de Saint Hubert. Allí vimos paseando el rey que entonces era príncipe heredero. Los chocolates, dicen que el mejor es el Godiva y puede comprarse con mucha diferencia en el precio, en las tiendas del aeropuerto.Estuve también bebiendo cerveza en el Delirium, en el piso de arriba, ya te lo dije.
En cuanto a las cosas que hay que ver has puesto lo imprescindible en dos días se puede; hay muchas más cosas, pero esas son las importantes.Me gustó mucho un edificio Art Nouveau bajando desde Mont des Arts.
Disculpa, estaría hablando mucho de esa ciudad que me gustó bastante.
Hola Elvira… ¡tú comenta, que para eso están los comentarios! 🙂
La verdad es que si te pones a ver museos y callejear, es verdad que hay mucho más por ver. A mi también me gustaron unos edificios en el Mont des Arts, pero en la parte de arriba. Uno de ellos es ahora una tienda o museo de instrumentos musicales.
En cuanto a los chocolates, eran caros en el aeropuerto también jeje. De todos modos, ahora también se pueden encontrar aquí los Godiva yo creo.
En fin, que Bruselas da para mucho :).
¡Saludos viajeros!