¿Estás preparando una escapada y quieres saber qué ver en Dublín? La capital irlandesa tiene visitas como el Trinity College o la Catedral de San Patricio, pero también merece la pena reservar tiempo para pasear junto al río Liffey y entrar en alguno de sus pubs para escuchar música en directo. En este post te cuento los lugares que puedes incluir en tu recorrido según lo que yo visité con mis amigos en 2015 y comparto información práctica para ayudarte a organizar la visita.

Este artículo forma parte de la guía para viajar a Irlanda
Qué ver en Dublín en 2 días
Dos días en Dublín te permitirán conocer sus principales lugares de interés, entrar en algunos de sus monumentos y disfrutar de los paseos por el centro sin ir con tanta prisa. Una buena forma de comenzar es hacer un free tour para conocer la historia de la ciudad y orientarte, y después continuar las visitas por tu cuenta. A continuación te cuento qué ver en Dublín para que puedas organizar tu recorrido y aprovechar tu estancia.
Trinity College
El Trinity College es uno de los lugares más conocidos que ver en Dublín y una buena visita para comenzar a recorrer la ciudad. Fue fundado en 1592 y por sus aulas pasaron escritores como Oscar Wilde, Bram Stoker y Samuel Beckett. Su campus sigue teniendo actividad universitaria, así que durante el paseo compartirás espacio con estudiantes que van de una clase a otra.
Su principal atractivo para quienes visitamos Dublín es la Antigua Biblioteca y su famosa Long Room, una sala de casi 65 metros de longitud con estanterías de madera y un gran techo abovedado. Tradicionalmente ha albergado unos 200.000 de los libros más antiguos de la colección, aunque actualmente la mayoría se han retirado como parte de un proyecto de conservación. Tenlo en cuenta al preparar la visita, porque su aspecto es diferente al de las fotografías con todas las estanterías llenas.
Aquí también se conserva el Libro de Kells, un manuscrito elaborado alrededor del año 800 que contiene los cuatro evangelios en latín. Lo que lo hace especialmente interesante es la riqueza de su decoración, con ilustraciones, figuras y motivos entrelazados realizados con un enorme nivel de detalle. Durante la visita podrás ver el original expuesto en una vitrina, aunque solamente algunas de sus páginas, que se cambian varias veces al año por motivos de conservación.
Para visitar la biblioteca y el manuscrito debes comprar una entrada para la Book of Kells Experience, que incluye también espacios expositivos inmersivos para conocer mejor esta obra y las colecciones de la universidad. Mi consejo es que reserves con antelación para encajar la visita en tu recorrido. Además, si quieres profundizar en la historia del campus, puedes combinar la entrada con uno de los tours oficiales del Trinity College.

Estatua de Molly Malone
A pocos minutos del Trinity College encontrarás la estatua de Molly Malone. Está situada en Suffolk Street y representa a una mujer con un carro de venta ambulante. La escultura es obra de Jeanne Rynhart y fue inaugurada en 1988, con motivo de las celebraciones del milenario de la ciudad.
Pero ¿quién era Molly Malone? Su historia está ligada a una popular canción, también conocida como Cockles and Mussels, que cuenta la vida de una joven que vendía berberechos y mejillones por las calles de Dublín. Según la letra, murió de unas fiebres y su fantasma continuó recorriendo la ciudad con su carro. Ahora bien, no hay certeza de que existiera realmente. Aquí te dejo la letra de la canción en inglés y español:
In Dublin’s fair city
Where the girls are so pretty
I first set my eyes on sweet Molly Malone
As she wheeled her wheelbarrow
Through streets broad and narrow
Crying: Cockles and mussels, alive, alive oh!
Alive, alive oh! alive, alive oh!
Crying, «Cockles and mussels, alive, alive oh»!
She was a fishmonger
And sure twas no wonder
For so were her father and mother before
And they each wheeled their barrow
Through streets broad and narrow
Crying: Cockles and mussels, alive, alive oh!
Alive, alive oh! alive, alive oh!
Crying: Cockles and mussels, alive, alive oh!
She died of a fever
And no one could save her
And that was the end of sweet Molly Malone
Now her ghost wheels her barrow
Through streets broad and narrow
Crying: Cockles and mussels, alive, alive oh!
Alive, alive oh! alive, alive oh!
Crying: Cockles and mussels, alive, alive oh!
En la hermosa ciudad de Dublín,
donde las chicas son tan bonitas,
vi por primera vez a la dulce Molly Malone.
Mientras empujaba su carretilla
por calles anchas y estrechas,
pregonaba: «¡Berberechos y mejillones, vivos, vivos, oh!».
¡Vivos, vivos, oh! ¡Vivos, vivos, oh!
Pregonaba: «¡Berberechos y mejillones, vivos, vivos, oh!».
Era pescadera,
y no era de extrañar,
pues también lo habían sido su padre y su madre.
Y cada uno empujaba su carretilla
por calles anchas y estrechas,
pregonando: «¡Berberechos y mejillones, vivos, vivos, oh!».
¡Vivos, vivos, oh! ¡Vivos, vivos, oh!
Pregonando: «¡Berberechos y mejillones, vivos, vivos, oh!».
Murió de unas fiebres
y nadie pudo salvarla,
y ese fue el final de la dulce Molly Malone.
Ahora su fantasma empuja su carretilla
por calles anchas y estrechas,
pregonando: «¡Berberechos y mejillones, vivos, vivos, oh!».
¡Vivos, vivos, oh! ¡Vivos, vivos, oh!
Pregonando: «¡Berberechos y mejillones, vivos, vivos, oh!».

Grafton Street
Después, puedes tomar Grafton Street, una de las principales calles comerciales de Dublín. Se extiende entre la zona del Trinity College y Saint Stephen’s Green, y en su tramo peatonal encontrarás tiendas, cafeterías y grandes almacenes. También encontrarás músicos callejeros, llamados buskers, y, si te apetece hacer una pausa, aquí está el Bewley’s Café, abierto en 1927. Es uno de los locales históricos de la calle y, además de tomar un café o comer algo, merece la pena fijarse en sus vidrieras, realizadas por el artista irlandés Harry Clarke. Después puedes continuar hasta Saint Stephen’s Green para seguir la ruta por Dublín.

Saint Stephen’s Green
Al final de Grafton Street encontrarás Saint Stephen’s Green, uno de los parques más conocidos del centro de Dublín. Su aspecto actual responde al diseño de un parque victoriano, con parterres de flores, zonas de césped y senderos que conectan sus distintos rincones. Tras una etapa en la que el acceso estuvo reservado a los residentes de los alrededores, volvió a abrirse al público en 1880 gracias al impulso de Lord Ardilaun, miembro de la familia Guinness. Uno de sus espacios más agradables es el lago, donde puedes observar patos, cisnes y otras aves acuáticas.
Si llegas desde Grafton Street, entrarás por el Arco de los Fusileros, un monumento que recuerda a los soldados de los Royal Dublin Fusiliers fallecidos en la segunda guerra bóer. Durante el paseo también encontrarás esculturas y memoriales relacionados con la historia de Irlanda.

Catedral de San Patricio
El siguiente punto que visitar es la Catedral de San Patricio, dedicada al patrón de Irlanda. Según la tradición, en este lugar había un pozo que el propio santo utilizaba para bautizar a quienes se convertían al cristianismo. La Catedral fue fundada en 1191, aunque buena parte de la estructura del edificio actual se construyó durante el siglo XIII. Hoy es la Catedral nacional de la Iglesia de Irlanda, de tradición anglicana.
El edificio tiene estilo gótico y planta de cruz latina, con una larga nave central que conduce hacia el coro. Su aspecto es también resultado de numerosas reparaciones y reformas a lo largo de los siglos. Una de las más importantes fue la restauración financiada por Benjamin Lee Guinness en el siglo XIX, que permitió recuperar una Catedral que se encontraba muy deteriorada y reabrirla en 1865.
Durante la visita puedes buscar la tumba de Jonathan Swift, autor de Los viajes de Gulliver, que, además de escritor, fue deán de la Catedral desde 1713 hasta su muerte en 1745. También destaca el monumento de la familia Boyle, un conjunto funerario del siglo XVII. Para recorrerla puedes dedicar alrededor de una hora, con tiempo para observar su arquitectura y detenerte en sus monumentos.
Catedral de la Santísima Trinidad
A pocos pasos tienes otra Catedral, la Catedral de la Santísima Trinidad, más conocida como Iglesia de Cristo. Tiene sus orígenes alrededor del año 1030, en la época del Dublín vikingo, aunque aquel primer templo fue sustituido por una construcción de piedra tras la llegada de los anglonormandos en el siglo XII.
En el interior merece la pena detenerse en la nave y sus suelos decorados con baldosas, además de buscar el monumento funerario conocido como la tumba de Strongbow. Este noble, cuyo nombre era Richard de Clare, fue uno de los protagonistas de la conquista anglonormanda de Irlanda. Otro de los elementos más destacados es el relicario que conserva el corazón de san Lorenzo O’Toole.
Uno de los espacios más interesantes de la visita es la cripta medieval, que tuvo usos bastante diferentes al religioso: durante los siglos XVI y XVII llegó a funcionar como mercado, lugar de negocios e incluso como taberna. Actualmente alberga objetos históricos y una de las curiosidades más conocidas del templo: un gato y una rata momificados, expuestos juntos en una vitrina.

Castillo de Dublín
Cerca de las Catedrales se encuentra el Castillo de Dublín. Su construcción comenzó en 1204 sobre un antiguo asentamiento vikingo y, durante más de siete siglos, fue la sede del poder inglés y posteriormente británico en la isla. En enero de 1922 fue entregado a Michael Collins y al nuevo Gobierno irlandés, un acontecimiento que marcó el final de aquella etapa.
A lo largo de los siglos, la fortaleza medieval fue transformándose en un conjunto de edificios palaciegos y administrativos, por lo que durante el paseo encontrarás construcciones de distintas épocas. Uno de los elementos que conserva su origen medieval es la Record Tower, una torre circular del siglo XIII. También forma parte del conjunto la Capilla Real, con su decoración de estilo gótico.
En el interior destacan los Apartamentos de Estado, las antiguas dependencias ceremoniales de los virreyes. Sus salones te permiten conocer la faceta palaciega del castillo, que sigue utilizándose para recepciones oficiales y ceremonias como la toma de posesión de los presidentes de Irlanda. Puedes recorrer los Apartamentos de Estado por tu cuenta o elegir una visita guiada, que permite conocer también los restos arqueológicos del asentamiento vikingo y del castillo medieval, además de la Capilla Real.

Ayuntamiento de Dublín
Detrás del castillo, en Dame Street, se encuentra el Ayuntamiento histórico (que sigue en funcionamiento para algunas cosas, aunque haya otra sede más moderna junto al río). Fue diseñado por Thomas Cooley y construido entre 1769 y 1779, aunque originalmente tenía una función comercial: era la Royal Exchange, donde los comerciantes se reunían para hacer negocios e intercambiar divisas. En 1851 fue adquirido por la corporación municipal y pasó a convertirse en Ayuntamiento.
El espacio más llamativo de su interior es la Rotonda, un gran vestíbulo circular cubierto por una cúpula. Merece la pena detenerse para observar sus columnas, la decoración y el mosaico del suelo que representa el escudo de Dublín. También encontrarás esculturas de personajes de la historia de Irlanda, entre ellos Daniel O’Connell, conocido por su lucha por la emancipación de los católicos en el siglo XIX.

Temple Bar
Ahora te invito a adentrarte en las callejuelas de Temple Bar, uno de los barrios más conocidos de Dublín. Entre sus calles adoquinadas se concentran pubs, restaurantes, pequeñas tiendas y espacios culturales, así que es un barrio muy frecuentado por turistas, especialmente para escuchar música en directo y disfrutar del ambiente de los pubs irlandeses.
Aquí encontrarás el famoso The Temple Bar Pub, cuya fachada roja se ha convertido en una de las imágenes más reconocibles de la ciudad. Aunque comparte nombre con el barrio, es solamente uno de sus muchos locales. Puedes acercarte para verlo y después recorrer las calles de los alrededores, donde encontrarás otros pubs con actuaciones musicales. Si te apetece entrar en alguno, escuchar un rato de música en directo es una buena forma de disfrutar de esta parte de Dublín.
Además de los pubs, Temple Bar tiene una importante oferta cultural. En Meeting House Square está el Photo Museum Ireland, dedicado a la fotografía, y en el barrio también se encuentra el histórico Smock Alley Theatre, con una programación que incluye teatro, comedia y danza.

Río Liffey
Junto al barrio discurre el río Liffey, que atraviesa Dublín y separa el centro en dos zonas, la norte y la sur, conectadas por puentes. Durante tu visita lo cruzarás seguramente varias veces, pero también merece la pena dedicar un rato a pasear junto a sus orillas. Uno de sus pasos más conocidos es el Ha’penny Bridge, un puente peatonal de hierro inaugurado en 1816. Su nombre popular hace referencia al peaje de medio penique que se cobraba por cruzarlo, una práctica que se mantuvo hasta 1919.
Si continúas caminando hacia los Docklands, encontrarás la Custom House, el histórico edificio de aduanas, situado en la orilla norte. Más adelante aparece el puente Samuel Beckett, diseñado por Santiago Calatrava, cuya silueta recuerda a un arpa, uno de los símbolos de Irlanda.

The Spire
Del otro lado del río, en O’Connell Street, encontrarás The Spire, una enorme aguja de acero inoxidable de 120 metros de altura que sobresale por encima de los edificios del centro de Dublín. Su forma se va estrechando desde una base de unos tres metros de diámetro hasta terminar en una punta muy fina.
Fue diseñada por el estudio de Ian Ritchie y terminada en 2003 como parte de un proyecto para conmemorar el nuevo milenio. También se conoce como el Monumento de la Luz: su superficie refleja los cambios de luz a lo largo del día y su extremo superior se ilumina al anochecer. Su diseño continúa la tradición de los obeliscos y las piedras verticales, aunque con una estructura y unos materiales contemporáneos.

Guinness Storehouse
Algo más alejado del centro está la Guinness Storehouse, la fábrica de esta cerveza irlandesa. Se encuentra en el recinto de St. James’s Gate, donde Arthur Guinness comenzó su negocio en 1759 tras firmar un sorprendente contrato de arrendamiento por 9.000 años. El edificio que se visita fue una antigua planta de fermentación, transformada en centro de visitantes e inaugurada en el año 2000.
El recorrido se desarrolla a lo largo de siete plantas, con exposiciones dedicadas a la historia de Guinness y al proceso de elaboración de su cerveza. También permite conocer su publicidad, que ha contribuido a convertirla en una marca reconocible en todo el mundo. Puedes hacer la visita por tu cuenta, avanzando por los distintos espacios a tu ritmo.
La visita termina en el Gravity Bar, un bar acristalado con vistas panorámicas de 360 grados sobre Dublín. Está en la séptima planta y es uno de los grandes atractivos del recorrido, ya que permite contemplar la ciudad desde las alturas. La entrada habitual incluye una pinta de Guinness para tomar aquí, aunque también puedes elegir Guinness 0.0 o un refresco.
Si quieres ampliar la experiencia, hay distintas modalidades de entrada y actividades adicionales, así que te recomiendo revisar qué incluye cada opción antes de reservar. Mi consejo es que compres la entrada con antelación y encajes esta visita en tu itinerario dejando tiempo para recorrer las exposiciones y disfrutar de las vistas al final.

Howth
Si te apetece conocer la costa durante tu estancia en Dublín, Howth es una buena opción para hacer una excursión de medio día. Este pueblo portuario está al noreste de la ciudad y puedes llegar en el tren DART, cuya estación se encuentra junto al puerto. Es una visita fácil de organizar por tu cuenta y te permite combinar un paseo por el pueblo con una ruta por los acantilados.
Puedes comenzar recorriendo el puerto de Howth, donde encontrarás barcos pesqueros y restaurantes en los que probar pescado y marisco. Uno de los paseos más sencillos consiste en seguir el muelle este hasta el faro situado en su extremo, donde además puedes ver focas asomando la cabeza.
El gran atractivo de la zona es el Howth Cliff Walk, un recorrido por senderos junto a los acantilados con vistas al mar y a la isla de Ireland’s Eye. Hay varias rutas señalizadas de distinta longitud, como el Cliff Path Loop, de unos 7,8 kilómetros que se recorre en aproximadamente dos horas. Durante el camino aparece el faro de Baily, situado sobre un saliente rocoso y uno de los lugares más reconocibles de esta costa.

Cómo llegar a Dublín
Dublín cuenta con conexiones aéreas internacionales y servicios de tren y autobús desde otros puntos de Irlanda. Por eso, puedes visitarla tanto en una escapada de fin de semana como dentro de una ruta más larga por el país. La mejor forma de llegar dependerá de tu lugar de origen y de si quieres recorrer solamente la capital o continuar hacia otros destinos.
Vuelos a Dublín
Si viajas desde España, el avión es la opción más práctica para llegar a Dublín. Hay conexiones con distintos aeropuertos españoles, aunque las rutas y las frecuencias varían según la temporada. Al comparar vuelos, fíjate también en los horarios y en el equipaje incluido, ya que un billete barato puede encarecerse si necesitas añadir una maleta. El aeropuerto de Dublín tiene dos terminales, así que conviene comprobar cuál corresponde a tu vuelo, especialmente para el regreso.
Desde allí, una de las opciones más cómodas es utilizar los autobuses de Dublin Express o Aircoach, que conectan el aeropuerto con diferentes puntos de la ciudad. Antes de comprar el billete, comprueba qué recorrido te deja más cerca del alojamiento: las paradas cambian según la compañía y la línea elegida. También revisa los horarios si tu vuelo llega muy temprano o por la noche.
Otra alternativa son los autobuses urbanos 16 y 41 de Dublin Bus, que pasan por el aeropuerto y llegan al centro. Al realizar más paradas, el desplazamiento puede resultar más lento que en un servicio exprés, pero son una opción que merece la pena comparar. Puedes utilizar una tarjeta Leap para viajar en estas líneas.
Si llevas bastante equipaje o prefieres llegar directamente al alojamiento, puedes optar por un taxi o un traslado privado. Para elegir, compara el coste total y ten en cuenta cuántas personas viajáis, además de la ubicación del hotel o apartamento.

Viajar a Dublín en tren
Si ya estás recorriendo Irlanda, el tren te permite llegar a Dublín desde ciudades como Cork o Galway, y también existe una conexión con Belfast, en Irlanda del Norte. Los servicios ferroviarios se pueden consultar y reservar a través de Irish Rail, donde encontrarás los horarios correspondientes a cada recorrido.
Es importante fijarse en la estación de llegada, porque Dublín tiene dos grandes estaciones para los servicios interurbanos: Heuston y Connolly. Los trenes de Cork y Galway llegan a Heuston, mientras que los de Belfast utilizan Connolly. Comprueba este detalle para organizar el último tramo hasta tu alojamiento.
Llegar a Dublín en autobús
El autobús es otra opción para viajar hasta la capital desde distintas localidades irlandesas. Bus Éireann y sus servicios Expressway ofrecen conexiones con numerosos destinos, incluidos lugares a los que puede resultar menos sencillo llegar en tren. Te recomiendo comparar los horarios y la duración del trayecto para elegir lo que mejor encaje con tu ruta.
Muchos servicios llegan a Busáras, la estación de autobuses del centro, aunque otros utilizan paradas diferentes. Algunas rutas también pasan por el aeropuerto, así que comprueba el punto exacto de llegada antes de reservar: bajar en el aeropuerto puede no ser lo más conveniente si vas a alojarte en la ciudad.
Llegar a Dublín en ferry
También puedes llegar a Dublín por mar, una alternativa interesante si viajas desde Gran Bretaña o quieres llevar tu vehículo. La ruta entre Holyhead, en Gales, y Dublín conecta ambos puertos atravesando el mar de Irlanda. Irish Ferries ofrece además una conexión entre Cherburgo, en Francia, y la capital irlandesa.
Si eliges esta opción, revisa las condiciones para viajar con coche o como pasajero a pie y organiza el transporte desde la terminal portuaria hasta tu alojamiento. Para una escapada desde España suele resultar más sencillo volar, mientras que el ferry puede encajar en un viaje más largo por varios países.
Dónde dormir en Dublín
Durante nuestro viaje a Dublín nos alojamos en el Ashfield hostel, una opción que puedes tener en cuenta si buscas un alojamiento sencillo, céntrico y económico. De todos modos, para una escapada de dos días te recomiendo comparar también hoteles, pensiones y apartamentos, sobre todo si prefieres tener una habitación privada y más comodidad para descansar después de las visitas.
A la hora de elegir dónde dormir en Dublín, daría prioridad a la ubicación. Alojarte en el centro o a una distancia que puedas recorrer cómodamente a pie te permitirá aprovechar mejor el tiempo. Antes de reservar, revisa los comentarios sobre el ruido, especialmente si el alojamiento está cerca de pubs, y comprueba si el precio incluye desayuno y cuáles son las condiciones de cancelación.
Como ves, hay mucho que visitar en Dublín en dos días, así que te recomiendo elegir las visitas que más te interesen y dejar también tiempo para pasear y escuchar música en alguno de sus pubs. Si quieres incluir Howth, tendrás que reservar unas horas para salir a la costa o alargar un poco la estancia. Espero que este recorrido te ayude a organizar tu viaje y a disfrutar de la capital irlandesa.
Estela Gómez
Soy Estela y a través de Viajes e ideas te llevo de viaje conmigo a diversos lugares del mundo desde el 2012. Además de leerme por aquí, también me encontrarás en Quiero Viajar Sola, mi otro blog dedicado a los viajes en solitario. Mis proyectos han salido en varias ocasiones en medios de comunicación y suelo participar en viajes de prensa para dar a conocer destinos turísticos.

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