¿Planeando un viaje a las Islas Canarias? En este post te cuento qué ver en Lanzarote en 4 días, la isla más oriental del archipiélago y la cual pude recorrer durante varios días en un viaje hace unos años, disfrutando tanto de la playa como de su capital y, cómo no, de sus volcanes.

Este artículo forma parte de la guía para viajar por España
Qué ver en Lanzarote en 4 días
Lanzarote es una isla perfecta para recorrer en pocos días, ya que las distancias son relativamente cortas y es posible disfrutar de paisajes volcánicos, playas, pueblos y algunos de sus lugares más conocidos en una misma ruta. Nosotros estuvimos cuatro días y organizamos el viaje por zonas para aprovechar mejor el tiempo y evitar desplazamientos innecesarios.
Comenzamos visitando Arrecife, la capital de la isla, y dedicamos los tres días siguientes a recorrer el sur, el centro y el norte de Lanzarote. De esta manera pudimos conocer lugares muy diferentes entre sí y hacernos una buena idea de todo lo que ofrece la isla. La ruta que hicimos fue la siguiente:
- Día 1: Arrecife
- Día 2: sur de Lanzarote
- Día 3: centro de Lanzarote
- Día 4: norte de Lanzarote
A continuación te cuento un poco más de cada uno de los lugares que visitamos.
Arrecife
Arrecife se sitúa más o menos en la zona media de la isla, en la costa este, por lo que es ideal para planificar diferentes rutas por la isla. Era allí donde teníamos el hotel, al lado de la playa del Reducto y bastante bien comunicado. Durante el día la ciudad estaba muy animada, pero le faltaba ambiente por la noche, para mi gusto.
Un buen lugar para salir a cenar y pasear es el Charco de San Ginés, un lago de agua salada que se introduce desde el mar en la ciudad y que está rodeado de casitas blancas. Los barquitos anclados en el agua son el elemento extra que hace que el conjunto forme una imagen muy marinera. Aquí hay varios restaurantes y bares, todos ellos con sus terrazas, donde no pueden faltar las canarias papas arrugás con mojo picón.
Cerca de aquí, en el centro de la ciudad, se encuentran la calle comercial y la iglesia de San Ginés, construida en el año 1574, siendo la primera ermita de Arrecife. Además, la ciudad cuenta con dos castillos reconvertidos a museos. Uno de ellos es una de las principales atracciones turísticas de la isla: el Castillo de San José, que actualmente es el Museo Internacional de Arte Contemporáneo. El otro es el Castillo de San Gabriel, que alberga el Museo de Historia de Arrecife.
Puedes conocer todo por tu cuenta en unas horas y a pie, aunque si quieres conocer mejor su historia y curiosidades, también puedes hacer un free tour por Arrecife. De esta manera, tomarás contacto con la ciudad y con la isla para visitar después todo lo demás.

Parque Nacional de Timanfaya
Para comenzar la ruta por el sur de la isla, fuimos hasta el Parque Nacional de Timanfaya, la mejor muestra del origen volcánico de la isla. Ocupa una superficie de algo más de 50 kilómetros cuadrados entre los municipios de Yaiza y Tinajo y su paisaje está formado por cráteres, conos volcánicos, campos de lava y grandes extensiones cubiertas de ceniza, con tonalidades negras, rojizas y ocres.
Buena parte de este paisaje se originó durante las erupciones que tuvieron lugar entre 1730 y 1736. Durante esos seis años, la lava transformó una extensa zona de Lanzarote, sepultando pueblos y terrenos agrícolas. A este episodio se sumaron las erupciones de 1824, las últimas registradas en la isla. Timanfaya fue declarado parque nacional en 1974 para proteger este entorno de gran valor geológico.
La visita más habitual se realiza en las Montañas del Fuego, a las que se accede en vehículo por la carretera LZ-67. Tras pagar la entrada se llega al Islote de Hilario, desde donde sale la Ruta de los Volcanes. Este recorrido se hace obligatoriamente en una guagua del parque, ya que no está permitido caminar o circular por libre dentro de esta zona protegida. Durante el trayecto se observan algunos de sus cráteres y paisajes volcánicos más representativos mientras una grabación explica cómo se formaron.
En el Islote de Hilario también se realizan demostraciones geotérmicas que permiten comprobar las elevadas temperaturas que todavía se registran bajo la superficie. Los trabajadores introducen ramas secas en una abertura para que prendan con el calor del subsuelo y vierten agua en unos tubos para provocar pequeños géiseres de vapor. Aquí se encuentra también el restaurante El Diablo, diseñado por César Manrique, donde algunos alimentos se cocinan utilizando el calor geotérmico.
Si vas con tu propio vehículo, conviene llegar a primera hora, especialmente durante la temporada alta, porque pueden formarse largas colas de vehículos para acceder a las Montañas del Fuego. En caso de no querer conducir, tienes esta excursión que sale desde varios lugares de la isla.

Charco de los Clicos
La siguiente parada en la ruta por el sur de Lanzarote fue el Charco de los Clicos, también conocido como Lago Verde. Se encuentra junto al pueblo de El Golfo, donde comimos, en la costa oeste de la isla, dentro de un antiguo cráter volcánico parcialmente erosionado por el mar.
La laguna se formó por la acumulación de agua marina que se filtra a través de grietas subterráneas. Su característico color verde se debe a la presencia de organismos vegetales en suspensión y contrasta con los tonos rojizos y ocres de las paredes del cráter, la arena negra de la playa y el azul del océano. El resultado es uno de los paisajes más fotografiados de la isla.
Para contemplarlo hay que dejar el coche en el aparcamiento situado a la entrada de El Golfo y seguir un camino corto hasta el mirador. Desde allí se obtiene la mejor panorámica del charco y de la playa que lo separa del mar. No está permitido bajar hasta la laguna ni bañarse en ella, ya que se encuentra dentro de un espacio natural protegido.

Los Hervideros
Un poco más al sur del Charco de los Clicos se encuentran Los Hervideros, un tramo de acantilados volcánicos formado por las coladas de lava de las erupciones de Timanfaya, que llegaron hasta el océano y se enfriaron al entrar en contacto con el agua. Con el paso del tiempo, la fuerza del mar fue erosionando la roca y creando cuevas, arcos y bufaderos. Cuando las olas entran con fuerza en estas cavidades, el agua y la espuma salen disparadas hacia la superficie, produciendo el efecto de estar hirviendo al que hace referencia el nombre del lugar. El espectáculo resulta especialmente llamativo cuando hay oleaje, aunque también es cuando hay que extremar más las precauciones.
El acceso es gratuito y para recorrerlo hay varios senderos y balcones excavados en la roca volcánica desde los que puedes contemplar cómo el mar golpea los acantilados. Sin embargo, antes de acercarte conviene comprobar el estado del acceso. Los Hervideros llevan años afectados por problemas de seguridad y por el cierre de un tramo de la carretera LZ-703. Además, algunos miradores presentan riesgo de desprendimiento. Aunque haya personas que entren en la zona, no se deben atravesar vallas ni acceder a espacios cerrados, especialmente durante alertas por viento o fuerte oleaje.

Salinas de Janubio
Siguiendo unos kilómetros más hacia el sur, y también en la costa, tienes la Salinas de Janubio, el complejo salinero más grande de Canarias (y las únicas que continúan en activo en la isla). Su cuadrícula de estanques blancos, ocres, rojizos y rosados crea un paisaje muy diferente al de los campos de lava que predominan en esta parte de Lanzarote.
La laguna de Janubio se originó durante las erupciones de Timanfaya de 1730 a 1736. Las coladas de lava cerraron una antigua bahía en la que se encontraba el Puerto Real de Janubio, creando una laguna separada del océano por una barra de arena. Las salinas comenzaron a construirse en 1895 y fueron ampliándose hasta mediados del siglo XX.
Para obtener la sal, el agua marina se conduce hasta diferentes depósitos, donde se va evaporando por la acción del sol y el viento. A medida que aumenta su concentración, pasa por los cocederos y cristalizadores hasta que la sal puede recogerse de manera artesanal. En el pasado, buena parte de la producción se destinaba a conservar el pescado capturado por la flota canaria.
Las salinas pueden contemplarse desde varios puntos de la carretera, aunque una de las mejores panorámicas se obtiene desde el mirador situado en la parte alta. Los colores de los estanques cambian dependiendo de la concentración de sal, los microorganismos presentes, la luz y el momento del proceso de producción. Al atardecer, con los últimos rayos reflejándose sobre el agua, el paisaje resulta especialmente bonito.
También es posible reservar una visita guiada para recorrer las instalaciones a pie y conocer su trazado hidráulico, los molinos y el proceso tradicional de extracción. Además de su valor histórico y etnográfico, Janubio es un importante refugio para aves limícolas, tanto migratorias como nidificantes.

Playa Blanca
En el extremo sur de la isla visitamos Playa Blanca, una de las principales localidades turísticas de Lanzarote. Lo que antiguamente era un pequeño núcleo pesquero se ha convertido en una zona llena de hoteles, apartamentos, restaurantes y tiendas. Su ambiente es bastante más vacacional que el de otros pueblos de la ruta, pero puede ser una buena parada para pasear junto al mar o comer.
Uno de sus principales atractivos es el paseo marítimo, que recorre buena parte del litoral y conecta las diferentes playas y zonas de la localidad. Desde él se contemplan la isla de Lobos y Fuerteventura, situada al otro lado del estrecho de la Bocaina. Entre las playas urbanas destacan la propia playa Blanca, la playa Dorada y la playa Flamingo.
También merece la pena acercarse a Marina Rubicón, un puerto deportivo rodeado de restaurantes, tiendas y terrazas. Cerca se encuentra el Castillo de las Coloradas, también llamado Torre del Águila, una fortificación construida en el siglo XVIII para proteger esta parte de la costa de los ataques piratas. Aunque su interior permanece cerrado, se puede contemplar desde el exterior durante un paseo junto al mar.
Desde el puerto de Playa Blanca salen, además, los ferris que comunican Lanzarote con Corralejo, en Fuerteventura. La localidad también sirve como punto de partida para visitar las playas de Papagayo y el Monumento Natural de Los Ajaches, situados a pocos kilómetros.

Puerto del Carmen
De vuelta a Arrecife pasamos por Puerto del Carmen, donde hay bastantes restaurantes alrededor de la zona del puerto y varias tiendas de souvenirs. Como en Playa Blanca, en esta localidad se concentran muchos hoteles y apartamentos, y por tanto, hay muchos turistas.
La mayor parte del ambiente se concentra a lo largo de la Avenida de las Playas, un extenso paseo junto al mar en el que se suceden terrazas, comercios y varias playas. La más conocida es Playa Grande, una larga playa de arena dorada y aguas generalmente tranquilas. También destacan Los Pocillos, Matagorda y la pequeña Playa Chica, muy frecuentada para practicar buceo y esnórquel.
Para descubrir la parte más antigua hay que acercarse a La Tiñosa, el núcleo pesquero alrededor del cual se desarrolló Puerto del Carmen. En esta zona se encuentran el puerto antiguo y la plaza del Varadero, rodeada de bares y restaurantes.

Jardín de Cactus
Para el tercer día, decidimos recorrer la zona un poco más al norte de Arrecife, sin llegar del todo a la parte más al norte de la isla. Comenzamos la ruta en el Jardín de Cactus, una de las últimas grandes intervenciones de César Manrique en Lanzarote. El artista transformó una antigua rofera (una cantera de la que se extraía material volcánico y que también había sido utilizada como vertedero) en un jardín integrado por completo en el paisaje de la isla.
Este jardín tan especial se encuentra situado en la localidad de Guatiza. Está perfectamente señalizado en la carretera, por lo que no tiene pérdida. Además, un enorme cactus te indicará que es ahí donde tienes que parar. Es una de las atracciones turísticas más importantes de la isla, y puedes visitarlo el mismo día que los Jameos del Agua y la Cueva de los Verdes, aunque decidí dejar estos para el día siguiente.
El recinto tiene una forma parecida a la de un anfiteatro, con varias terrazas escalonadas construidas siguiendo el relieve de la antigua cantera. En ellas crecen más de 4.500 ejemplares de cactus de cerca de 500 especies procedentes de los cinco continentes. Sus diferentes tamaños y formas contrastan con la piedra volcánica negra, las paredes encaladas y los elementos decorativos diseñados por Manrique, y la verdad es que impresiona. Nunca jamás había visto tantos cactus juntos, ni me imaginaba que pudiera haber algunos tan raros. Había cactus enormes, que incluso daban sombra como si de un árbol se tratase. Otros parecían plantas normales con sus flores de colores. Otros tantos, por su forma, parecían arañas con patas gigantescas…
Durante el recorrido se puede pasear entre las terrazas, contemplar un pequeño estanque y subir hasta el molino de millo situado en la parte más alta. Se trata de uno de los últimos molinos tradicionales que se conservan en Lanzarote y desde su entorno se obtiene una buena panorámica de todo el jardín y de los campos de tuneras de Guatiza.
Estas plantaciones están relacionadas con la producción de cochinilla, un insecto que vive sobre las tuneras y del que se obtiene un colorante natural. Su cultivo tuvo una gran importancia en la economía de Lanzarote, especialmente desde el siglo XIX, y todavía forma parte del paisaje agrícola de esta zona de la isla.
La visita puede hacerse por libre y dura aproximadamente una hora. El recinto también cuenta con una tienda y una cafetería-restaurante desde cuya terraza se contempla el interior del jardín.

Teguise
Tras el Jardín de Cactus, pusimos rumbo a Teguise, una localidad situada en la zona centro de la isla. Fue el primer núcleo urbano de Lanzarote y su capital hasta el siglo XIX, y paseando por sus calles se puede ver la herencia de su influyente pasado: calles adoquinadas, casas encaladas, edificios señoriales…
El centro de la localidad es la plaza de la Constitución, conocida también como plaza de los Leones. Aquí se encuentra la iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe, que ha sufrido incendios, saqueos y varias reconstrucciones a lo largo de su historia, por lo que combina elementos de diferentes épocas.
Frente a la iglesia se encuentra el Palacio Spínola, una casa señorial del siglo XVIII que actualmente alberga la Casa Museo del Timple. Este pequeño instrumento de cuerda es uno de los más representativos de la música tradicional canaria. Durante un paseo por la villa también se pueden ver el convento de Santo Domingo, el antiguo convento de San Francisco y varias casonas con patios interiores, balcones de madera y portadas de piedra.
Otro rincón relacionado con la historia de la localidad es el callejón de la Sangre, cuyo nombre recuerda uno de los ataques piratas sufridos por Teguise. La villa estaba situada en el interior para protegerse de las incursiones procedentes de la costa, aunque aun así fue saqueada en varias ocasiones. Sobre la localidad se levanta el volcán de Guanapay, coronado por el Castillo de Santa Bárbara, construido como punto defensivo y de vigilancia.
Además, el municipio de Teguise es bien conocido por Costa Teguise, la playa de la localidad. Costa Teguise tiene mucha vida, y es que cientos de británicos y alemanes vienen aquí de vacaciones. Además de ser una de las zonas de playa más afamadas de la isla, el centro está repleto de bares, restaurantes y tiendas.

Playa de Famara
Y por último, la playa de Famara, el paraíso para los surferos. Sus 6 kilómetros de playa natural y su gran oleaje hacen que los amantes del surf acudan aquí a practicar su deporte favorito. Además, el pueblo de Caleta de Famara cuenta con una gran oferta de cursos y venta de material para practicarlo.
Su larga franja de arena dorada está enmarcada por el Risco de Famara, cuyas paredes alcanzan su mayor altura en esta parte de la isla. Lo que más me gustó fueron la tranquilidad de la playa y las vistas a la isla de La Graciosa. Sin duda, creo que es uno de los sitios más especiales que ver en Lanzarote.

Jameos del Agua
Para el último día en Lanzarote nos dejamos la parte más al norte de la isla. Nuestra primera parada fueron los Jameos del Agua, un espacio diseñado también por César Manrique dentro del tubo volcánico de La Corona, formado hace unos 5.000 años por las erupciones del volcán del mismo nombre. Este conducto subterráneo también alberga la Cueva de los Verdes y continúa bajo el océano a través del llamado Túnel de la Atlántida.
La palabra jameo se utiliza en Lanzarote para referirse a la abertura que se produce cuando se derrumba una parte del techo de un tubo volcánico. César Manrique aprovechó varias de estas cavidades naturales para crear un espacio en el que se combinan la roca volcánica, el agua, la vegetación y la arquitectura. Fue el primer Centro de Arte, Cultura y Turismo diseñado por el artista en la isla.
La visita comienza descendiendo al Jameo Chico, donde se encuentra un lago subterráneo formado por filtraciones de agua marina. En él habita el pequeño cangrejo ciego de los Jameos, una especie endémica, albina y adaptada a la oscuridad. Se distingue fácilmente como pequeños puntos blancos sobre el fondo. Para proteger su delicado hábitat, está prohibido lanzar monedas u otros objetos al agua.
Después de cruzar junto al lago se llega al Jameo Grande, un espacio abierto en el que Manrique creó un jardín con palmeras, cactus y una característica piscina blanca. Aunque es una de las imágenes más fotografiadas del recinto, no está permitido bañarse en ella. El recorrido continúa hasta el auditorio, construido dentro del propio tubo volcánico y utilizado para conciertos y otros eventos gracias a su acústica natural. La visita puede completarse con la Casa de los Volcanes, un museo dedicado a la geología, la actividad volcánica de Lanzarote y la formación del tubo de La Corona.

Cueva de los Verdes
Junto a los Jameos del Agua está la Cueva de los Verdes, que forma parte del mismo tubo volcánico. Este túnel se formó durante la erupción del volcán de La Corona, cuando la superficie de las coladas se enfrió y solidificó mientras la lava continuaba avanzando por el interior. Al cesar la erupción, quedó un largo conducto vacío que se prolonga hasta el océano.
A pesar de su nombre, la cueva no recibe esta denominación por el color de sus paredes. Se cree que procede del apellido de una familia, los Verdes, que utilizaba este espacio y guardaba su ganado en los alrededores. Durante los siglos XVI y XVII, sus galerías también sirvieron como refugio para la población de Lanzarote durante los ataques piratas.
La visita recorre aproximadamente un kilómetro de galerías distribuidas en varios niveles. A lo largo del camino se observan antiguos canales de lava, formaciones solidificadas, depósitos salinos y paredes de colores negros, rojizos y ocres. La iluminación creada por el artista Jesús Soto ayuda a apreciar las texturas y las dimensiones de la cueva sin transformar demasiado el espacio natural.
En el interior también se encuentra un pequeño auditorio aprovechado para conciertos por su acústica. Sin embargo, el momento más conocido de la visita llega casi al final, cuando el guía revela el llamado secreto de la Cueva de los Verdes. No conviene buscar fotografías ni explicaciones antes de ir, porque parte de la gracia consiste precisamente en descubrirlo allí.
El recorrido se hace más o menos en una hora y el guía explica los detalles de la cueva tanto en castellano como en inglés. La visita se hace en dos niveles (hay un túnel inferior y otro superior) y en ellos la iluminación crea una atmósfera increíble. Es un pena que en la época mi cámara no fuese muy buena y no tenga buenas fotos que mostrarte, pero créeme, es muy bonito.

Isla de La Graciosa
Tras esta interesante mañana, nos dirigirmos hacia Órzola, un pequeño pueblo pesquero en el norte de la isla desde el que parten los barcos que van hasta la isla de La Graciosa. El barco tarda unos 20 minutos, y tuve la mala suerte de hacer esta travesía en medio de una tormenta. Llovía a mares (nunca mejor dicho) y las olas zarandeaban el barco de un lado a otro. La parte positiva es que, cuando llegué a Caleta del Sebo (la localidad principal de La Graciosa), la tormenta ya había pasado y no volvió a llover.
La Graciosa es una pequeña isla situada al noroeste de Lanzarote, separada de la misma por lo que llaman ‘el río’. A juzgar por algunas fotografías que he visto, desde el Mirador del Río se tiene una vista privilegiada sobre la isla, pero decidimos cambiar el mirador por la isla en sí.
En La Graciosa la naturaleza es la reina. En Caleta del Sebo las calles ni siquiera están asfaltadas, por lo que la arena de playa lo cubre todo. Después de comer en uno de los restaurantes que hay cerca del puerto, nos fuimos en busca de alguna playa perdida, cosa que no fue difícil. Pasamos la tarde en la playa El Salado, y, pese a ser la más próxima al pueblo y que allí se ubica un cámping, estuvimos prácticamente solos. Si no te gustan las aglomeraciones y en tus vacaciones quieres descanso y tranquilidad, La Graciosa es tu sitio.

Cómo llegar a Lanzarote
Para viajar a Lanzarote, la forma más rápida y habitual de hacerlo es en avión. La isla cuenta con el Aeropuerto César Manrique-Lanzarote (ACE), situado entre Arrecife y Puerto del Carmen. Recibe vuelos directos desde numerosas ciudades de la península, otras islas canarias y diferentes destinos europeos, aunque algunas conexiones internacionales funcionan únicamente durante determinadas temporadas.
Una vez en el aeropuerto, puedes desplazarte en coche de alquiler, taxi o guagua. Hay líneas de autobús que comunican la terminal con Arrecife y algunas de las principales localidades turísticas, como Puerto del Carmen y Playa Blanca, aunque sus frecuencias y recorridos cambian dependiendo del día. Si tienes previsto recorrer la isla durante varios días, alquilar un coche es la mejor opción.
También es posible llegar a Lanzarote en ferry desde otras islas del archipiélago. La conexión más frecuente y rápida une Corralejo, en Fuerteventura, con Playa Blanca, en el sur de Lanzarote. La travesía dura aproximadamente entre 25 y 35 minutos y permite viajar tanto a pie como con vehículo, dependiendo del barco elegido.
El puerto de Arrecife cuenta además con conexiones marítimas con Fuerteventura, Gran Canaria y Tenerife, aunque algunas rutas pueden incluir escalas. También existen servicios desde la Península hacia Canarias, pero las frecuencias y los itinerarios cambian, por lo que es importante consultar las rutas actualizadas de las compañías navieras. Viajar en barco tarda mucho más que hacerlo en avión, pero puede resultar interesante si quieres llevar tu propio vehículo o combinar varias islas en un mismo viaje.
Como ves, hay muchas cosas que visitar en Lanzarote y cuatro días son suficientes para conocer muchos de los lugares imprescindibles de la isla, desde los paisajes volcánicos de Timanfaya hasta las playas, los pueblos y las obras de César Manrique. Te recomiendo organizar la ruta por zonas para aprovechar bien el tiempo y reducir los desplazamientos, aunque, si dispones de algún día más, podrás recorrer la isla con más calma y dedicar, por ejemplo, una jornada completa a La Graciosa.
Estela Gómez
Soy Estela y a través de Viajes e ideas te llevo de viaje conmigo a diversos lugares del mundo desde el 2012. Además de leerme por aquí, también me encontrarás en Quiero Viajar Sola, mi otro blog dedicado a los viajes en solitario. Mis proyectos han salido en varias ocasiones en medios de comunicación y suelo participar en viajes de prensa para dar a conocer destinos turísticos.

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