#27 Valparaíso: graffitis, mi cumpleaños y reflexiones

No quería irme de la Patagonia. Había pasado los últimos casi dos meses sorprendiéndome cada día con una nueva maravilla de la naturaleza. Y ahora tocaba volver a la gran ciudad. Tenía dos opciones para elegir: Santiago de Chile o Valparaíso. Me decanté por Valparaíso.

Me resistía a que fuese verdad que la Patagonia llegaba a su fin y, por eso, cuando aterricé en el aeropuerto de Santiago me puse a buscar como loca si había ofertas para ir a la Isla de Pascua. Obviamente, no iba a tener tanta suerte y los precios estaban en unos 400 euros ida y vuelta, algo que no estaba dispuesta a pagar. Así que me fui a Valparaíso. Eso me evitaría ir directamente a la gran ciudad, aunque Valpo no es que sea pequeño tampoco…

Valparaíso
Vistas de Valparaíso desde el Cerro Alegre

Llegué a Valparaíso en la mañana y pude notar cómo el clima era más templado que en la Patagonia, algo de agradecer. También pude notar que estaba en una realidad muy diferente a la del fin del mundo. La Patagonia es segura, allí se cuida el medio ambiente, no hay apenas tráfico… y por tanto, no hay apenas contaminación. Aquí se podía notar que algunos barrios no eran muy amigables, que había suciedad por las calles y que había muchos coches (y un humo que se te metía dentro y no te podías quitar esa sensación desagradable).

Después de desayunar y recuperarme del shock inicial me fui a explorar la ciudad, decidida a que me gustase. Había oído mucho sobre Valparaíso, aunque la mayoría de los comentarios se reducían a “o la amas o la odias”. Creo que al final ni la amo ni la odio, sino que hay mezcla de cosas que me gustaron y cosas que no.

Lo que me gustó de Valparaíso

De entre lo bueno destacaría que es una ciudad muy colorida, hay graffitis por todas partes que te sacan una sonrisa o te hacen reflexionar sobre algo. Las casas suelen estar pintadas en colores alegres también, por lo que se respira un ambiente de buena onda.

Gatos y graffitis, Valparaíso
Gatos y graffitis, allá por donde vayas. ¡Me encanta!

También me gustó que está lleno de cafés y restaurantes, alternativos, típicos, de cocina internacional, veganos… de todo lo que busques. Y los alfajores de Don Sergio también, bien crujientes, rellenos de manjar y cubiertos de chocolate.

Una idea muy buena para salvar las cuestas son los ascensores. Hay varios repartidos por toda la ciudad, son baratos y desde arriba se suelen tener muy buenas vistas. Algunos de ellos son el Polanco, el Concepción, el Reina Victoria o el de la Artillería.

Éste último sirve para acceder al Museo Naval, que a mi parecer es de lo mejorcito que tiene la ciudad en cuanto a museos. Es muy bonito y te dará una buena idea de por qué los chilenos adoran tanto a sus héroes de la batalla de Iquique contra Perú y Bolivia en la Guerra del Pacífico (decisiva para quitarle a Bolivia su salida al mar).

A la puerta se encuentra el Paseo 21 de mayo, con un mercadillo y unas de las mejores vistas de la ciudad. Ver desde aquí cómo se va el sol y se encienden las luces de la ciudad, llegando hasta arriba de los cerros, es una maravilla. Otro paseo que no hay que perderse es el Paseo Yugoslavo, conocido por el Palacio Baburizza, uno de los edificios más pintorescos de Valparaíso.

Lo que no me gustó de Valparaíso

Si hay algo que podrían mejorar en Valparaíso es la limpieza. Todo tiene pinta de sucio. Hay olor a gato y a alcantarilla, cacas de perro por todos lados y la mencionada contaminación.

Tampoco me gustó la sensación de inseguridad en la mayor parte de la ciudad, incluso durante el día. En muchos casos, los locales me advertían de guardarme la cámara o de evitar ciertas calles. No está mal tener algo de precaución, pero viniendo de la Patagonia, el hecho de no poder llevar la cámara colgada al cuello para hacer una fotografía cuando viese algo interesante, me molestaba.

El Museo de Pablo Neruda (La Sebastiana) también me defraudó. Lo mejor son las vistas desde allí, pero en sí no tiene demasiado, es solamente la casa del poeta. Y es muy caro para lo que es: 6000 pesos chilenos (unos 8 euros).

Y algo que vengo detestando en todas las ciudades latinoamericanas es el hecho de que construyen edificios altísimos en el centro de las ciudades. En el caso de Valparaíso es una auténtica lástima, ya que afean muchísimo las vistas desde los miradores en los cerros.

De Valparaíso a Viña del Mar

La ciudad de Viña del Mar está prácticamente pegada a Valparaíso. Desde cualquier mirador en Valpo se ve toda la línea costera, incluyendo Viña, Reñaca y las dunas de Concón, así que decidí dedicar un día a visitarlo. Es muy fácil ir de un lugar a otro; basta con subirse en una micro y pagar un módico precio que ronda los 300 pesos chilenos.

Me dirigía hacia la parada donde me habían dicho que paraban los micros para ir a Viña cuando me encontré con calles cortadas y militares en las esquinas. No entendía muy bien qué pasaba hasta que me dijeron que estaban preparándose para el desfile del 21 de mayo, que rinde homenaje a las Glorias Navales (la batalla de Iquique referida antes). El 21 de mayo es un día importante para los chilenos, especialmente en Valparaíso, donde se encuentra la Armada, y es aquí donde se celebra el mayor desfile.

Entre desfile, discursos y cuecas (baile típico chileno) me entretuve toda la mañana, así que mi visita a Viña se redujo a una tarde (y he de decir que es más que suficiente). Viña es una ciudad bastante cuidada, con grandes edificios junto a la playa, lo que me recordó un poco a cualquier lugar costero en España. De hecho, es uno de los mayores lugares de veraneo.

En el centro hay algunos edificios interesantes, como el Castillo Wulff, aunque estaba cerrado por mantenimiento. Así que agarré la playa y me fui caminando hasta Reñaca, al lado de Viña. Reñaca es más de lo mismo, con la particularidad de que los edificios están construidos en escalera en los cerros. Y al final del todo, se encuentran las dunas de Concón, o lo que queda de ellas, ya que se están construyendo edificios gigantes en las mismas dunas. Me quedé horrorizada de ver cómo la construcción salvaje está acabando con las dunas, y en este caso no creo que sea por el shock de haber estado tanto tiempo en la Patagonia.

Entre tanto edificio hay también algunas cosas que mencionar, como la colonia de lobos marinos y pelícanos al final de la playa de Reñaca, y el atardecer desde cualquiera de las playas de Reñaca o Viña.

Reñaca
El atardecer es de lo poco que se salva en Reñaca

Mi cumpleaños en Valparaíso

Como ya viene siendo una especie de tradición para mi, volví a celebrar mi cumpleaños en un lugar del mundo diferente. Dos años antes viajé a Río de Janeiro, el siguiente celebré mi cumpleaños en Islandia, y en este caso tocó Valparaíso. La cifra era algo así como para celebrarlo a lo grande: 30. Mi idea inicial era cumplirlos en Machu Picchu (Perú), pero como ha habido tantos lugares que me han cautivado en el camino, al final no pude llegar a tiempo. Y bueno, Valparaíso tampoco está mal 🙂 .

Aunque Valpo es sinónimo de fiesta, lo cierto es que no hice ninguna gran celebración. Me junté a cenar con un amigo chileno de vuelta en Chile por unos días, y me dediqué a disfrutar de la ciudad y las vistas, y reflexionar sobre el viaje y la vida. Mi conclusión fue que soy una de las personas más afortunadas del mundo.

Reflexiones viajeras

Cuánta gente sueña con poder ir a cualquiera de los sitios que he visitado, pero no pueden por falta de dinero o por obligaciones. Cuánta gente hay que puede ir a cualquiera de los sitios que he visitado, pero no lo hacen por miedo, desconocimiento o, simplemente, pereza. No puedo estar más agradecida a la vida por tener la oportunidad de estar haciendo este viaje, y no puedo estar más feliz de haber tomado la decisión de dejar mi trabajo para viajar durante estos meses por Sudamérica. De verdad creo que todo el mundo debería hacer algo así. No solo te permite descubrir otras culturas, hacer amigos en cualquier parte del mundo o te abre la mente, sino que también te brinda la posibilidad de dedicarte tiempo a tí, a conocerte, a saber qué quieres y qué no en tu vida.

Graffiti Valparaíso
“We are not hippies, we are happies” es todo un icono de Valparaíso y algo con lo que muchos viajeros se sienten identificados.

Me alegra inmensamente haberme encontrado (y seguir encontrándome) a cientos de viajeros que piensan de la misma forma. Muchos, entre los 25 y 35 años están en la misma situación que yo: dejaron su rutina y una vida que no les gustaba para cumplir un sueño. Y no he conocido a nadie que se haya arrepentido. Otros son mucho más jóvenes y están aun estudiando y viajando a la vez, o acaban de terminar de estudiar y se están dando un tiempo para conocer mundo antes de comenzar su carrera. Sea como sea, el mundo cada vez se abre más a otras culturas, cada vez más gente viaja y, lo mejor de todo, cada vez la gente le da menos importancia a las pertenencias, el dinero y una vida segura porque considera que descubrir el mundo y vivir experiencias nuevas cada día es mucho más importante que todo eso.

Y si hay algo de lo que estoy convencida, es de que viajar te cambia la vida y es la mejor forma en la que puedes ayudar a cambiar el mundo.

Próximo destino: Santiago de Chile.

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