#26 Ushuaia, qué ver en el fin del mundo

Fui para Ushuaia con la intención de quedarme dos o tres días… y me quedé una semana. El fin del mundo (aunque no lo sea en realidad) tiene algo que atrapa: una naturaleza salvaje que invita a descubrir un glaciar, una laguna o una montañana nueva cada día.

Cartel del fin del mundo, Ushuaia
Así te recibe Ushuaia para que no te olvides de que estás en el fin del mundo

Este cartel nos indica que estamos en el fin del mundo, algo que los argentinos han sabido vender muy bien. Aquí todo es “el fin del mundo” y se le dice así por ser la ciudad más austral del mundo, aunque la realidad es que más al sur se encuentran Puerto Williams, de Chile, con unos 1000 habitantes, y la Antártida (aunque aquí tampoco hay grandes ciudades). Sea como sea, Ushuaia está, y perdón por la expresión, en el culo del mundo.

¿Cómo se llega al fin del mundo?

Unos 3000 kilómetros separan a Ushuaia de Buenos Aires. Se sitúa en una isla, Tierra del Fuego, por lo que llegar por carretera no resulta fácil, ya que hay que cruzar el Estrecho de Magallanes en barcaza. Ten en cuenta esto y sus horarios para planificar tu viaje. Desde Punta Arenas me llevó unas 12 horas llegar en autobús y el viaje solo se realiza de día para enlazar con la barcaza, por lo que, si haces este recorrido, da por perdido el día.

Si viajas en avión, lo más probable es que tengas que realizar una conexión en Buenos Aires (si sales desde allí, lo tienes más fácil). Es definitivamente lo más rápido para llegar al fin del mundo, pero también es caro, todo hay que decirlo. Para comparar precios y reservar tu vuelo, te dejo el link a Skyscanner.

Pero problemas de conectividad aparte, Ushuaia atrapa. Su ubicación es única. A orillas del Canal de Beagle, en frente tiene a la isla de Navarino y a sus espaldas y costados montañas, por lo que, en cierto modo, está protegida del famoso viento de la Patagonia (y no hace taaanto frío). Así que estés donde estés en Ushuaia, y mires a donde mires, verás montañas. En mi caso, de colores rojizos por el otoño y con la cima nevada. ¡Una maravilla!

Museo del Presidio de Ushuaia

El día que llegué no quise demasiado ajetreo así que decidí simplemente pasear y visitar el Museo del Presidio. Éste se encuentra en lo que fue la antigua cárcel de Ushuaia (o “del fin del mundo”), construída por el gobierno argentino para crear un núcleo de población y afianzar así su posesión de este territorio.

Así, varios presos (hombres y mujeres) fueron llevados allí para que tuviesen hijos y se fuese creando una población en el fin del mundo. Lo único interesante del museo es conocer cómo se fundó la ciudad, pero más allá de eso, a mi no me gustó demasiado. Además el precio es algo abusivo: 200 pesos (unos 12 euros).

Glaciar Martial

Así que con el fiasco del museo, al día siguiente decidí poner rumbo a la naturaleza, que tantas alegrías me ha dado durante mi recorrido por la Patagonia. A pocos kilómetros de la ciudad se encuentra el Glaciar Martial, al que se puede acceder fácilmente caminando. Se puede incluso llegar en taxi hasta la estación de esquí, y de ahí caminar por la pista hasta el propio glaciar. El día estaba hermoso, pero la semana anterior había nevado y había partes muy congeladas, por lo que no fue fácil llegar hasta el glaciar. Con todo el esfuerzo de caminar por el hielo, la vista desde el mirador me pareció increíble, casi sobrecogedora:

Glaciar Martial, Ushuaia
Delante del Glaciar Martial

Parque Nacional Tierra del Fuego

Un día más tarde me fui para el Parque Nacional de Tierra del Fuego, del que tanto había oído hablar. El día no estaba muy apetecible, ya que amaneció con mucha niebla. Aun así, me fui para allá, no sin problemas. El parque se encuentra a unos 12 kilómetros de Ushuaia y no hay autobuses de línea que vayan para allá. Así pues, solo se puede ir en transporte privado, lo que se traduce en muchos pesos.

Hay un servicio de transfer que cuesta nada más y nada menos que 400 pesos por ida y vuelta (25 euros), 300 pesos solo ida (19 euros), e ir en taxi cuesta unos 200 pesos (12 euros) hasta la entrada del parque (precios de 2016). Esta última opción fue la alternativa que elegí, y para volver hice dedo desde la Bahía Lapataia, el fin de la carretera nacional 3. Y menos mal que una familia me levantó. Me dijeron que el dedo en Ushuaia no funcionaba muy bien, pero lo cierto es que lo usé un par de días y me funcionó bien y rápido.

Actualización 2018: ahora parece que también hay un tour de Civitatis que dura una mañana y hace una ruta de senderismo por el Parque Nacional.

Parque Nacional Tierra del Fuego, Ushuaia
Al irse la niebla descubrí un paisaje increíble

Senderos

Pero volviendo al Parque Nacional de Tierra del Fuego, es un must de Ushuaia. Como decía, el día no estaba muy tentador y toda la mañana estuvo, de hecho, nublado, pero los paisajes son muy bonitos. Hay varios senderos que pueden hacerse en el parque, pero no se pueden hacer todos en el día, así que me decidí por el de la Costa, el de la Isla y el de Bahía Lapataia.

El primero discurre por la orilla del Canal de Beagle, por playas y bosques nativos (y por cierto, éste parte de Ensenada, donde se encuentra la “oficina postal del fin del mundo” en la cual te pueden poner una estampa “del fin del mundo” en el pasaporte – no te olvides de llevarlo, a mí se me olvidó). El segundo, por su parte, es un pequeño trekking de unos 20 minutos entre lagos con vistas muy bonitas. Y el tercero se adentra en el bosque hasta llegar a un mirador desde el que se tiene la vista de la Bahía Lapataia, para bajar después hasta el final de la carretera 3. Hacia el mediodía el cielo se fue despejando y el día quedó espectacular.

Laguna Esmeralda

Durante estos días fui escuchando sobre trekkings no tan turísticos que se las prometían increíblemente bonitos, así que decidí quedarme más días. Uno de estos trekkings es el de la Laguna Esmeralda, una laguna supuestamente de este color con un glaciar (Ojo del Albino) y que se hace entre castoreras y bosques. Mucha gente me lo recomendó, así que me fui para allá.

Tenía el mismo problema que el día anterior, el transporte, así que decidí hacer dedo. El chico que me levantó trabajaba en una empresa de tours allí en Ushuaia y me dijo que, si me daba tiempo, subiese a Laguna Turquesa, cuya entrada está un kilómetro antes de la de Laguna Esmeralda. Así que me guardé la información por si acaso y subí hacia la Laguna Esmeralda.

Lago Esmeralda, Ushuaia
Sendero hasta la Laguna Esmeralda… ¡todo congelado!

El día estaba frío y todo, absolutamente todo, estaba congelado durante la caminata, lo cual agradecí, ya que el terreno es muy húmedo y, de no haber hielo, hubiese tenido muchísimo barro. El paisaje estaba especialmente bonito, ya que el hielo hacía que todo tuviese un color blanquecino, desde el suelo hasta las ramas de los árboles. Al ir llegando a la laguna comencé a caminar al lado de un río y estaba prácticamente congelado también… así que al llegar finalmente arriba, donde se encuentra la laguna, ¡ésta también estaba completamente congelada!

Sí, hacía mucho frío, pero eso no me impidió comerme mi sandwich a orillas de la laguna admirando el paisaje y el glaciar Ojo del Albino, vigilando la laguna desde la montaña. Existe un sendero que rodea la laguna y en algún momento aparece un sendero para subir hasta el mismo glaciar, pero no lo encontré y me tuve que conformar con ver el glaciar de lejos.

Laguna Esmeralda, Ushuaia
La Laguna Esmeralda no brilló en todo su esplendor por las nubes, pero es un paisaje bonito igualmente

Laguna Turquesa

Al bajar de la laguna eran aún las 2 de la tarde, así que decidí hacer el trekking a la Laguna Turquesa también. Éste era más corto, pero mucho más empinado, así que subir cansa mucho. La primera parte transcurre por un bosque y el camino está bien indicado al principio, pero al final es algo confuso. Lo bueno es que no hay pérdida, ya que hay que subir sí o sí. Al salir del bosque perdí el sendero por completo porque todo estaba ¡nevado! Había gente delante de mí, así que decidí seguirlos hacia arriba y conseguí llegar, no sin complicaciones. La nieve ocultaba arroyos, en algunos lugares el suelo estaba blando y el pie se hundía hasta la rodilla, con barro debajo en muchas ocasiones… así que acabé hecha un desastre 🙂 .

Cuando llegué arriba, ¿cuál fue mi sorpresa? ¡La laguna no era turquesa! Era más bien gris, y no sé si porque es así o porque también estaba congelada y el cielo estaba nubladísimo, a punto de ponerse a nevar de nuevo. Afortunadamente, solo chispeó un poquito y pude ver la laguna tranquilamente.

Cascada del Velo de la Novia

Al bajar volví a hacer dedo y me levantaron dos chicas de Río Grande que venían a Ushuaia a recoger a un amigo que había hecho cumbre en una montaña de los alrededores. Yo estaba decidida a volver a la ciudad, pero ellas se empeñaron en que conociese todo lo posible, así que en el camino hicimos una parada en la Cascada del Velo de la Novia, cerca de la ruta y a la que se llega haciendo una caminata de unos 20 minutos. La cascada es bonita, con la particularidad de que uno puede meterse detrás del salto de agua. Sinceramente, me siento muy afortunada de haber coincidido tanto con el chico de la mañana como con estas chicas, ya que pude descubrir dos lugares que no estaban para nada en mis planes (¡ni había oído hablar de ellos!). ¡Viva el dedo como medio de transporte! 😀

Cascada Velo de la Novia, Ushuaia
El nombre le viene al pelo a esta cascada

Laguna de los Témpanos y Glaciar Vinciguerra

De vuelta en el hostel uno de los chicos estaba planeando ir a otra laguna, la Laguna de los Témpanos, donde hay unas cuevas de hielo. Lo de las cuevas de hielo sonaba muy tentador, así que me interesé y creamos un grupito para ir al día siguiente. Al final éramos 6, lo que hizo mucho más llevadera la caminata y segura, ya que parte del camino estaba nevado y, sobre todo al bajar, resbalaba mucho.

Este trekking fue uno de los más exigentes de todos, precisamente por la nieve y el frío que hacía llegando a la laguna. Por supuesto, la laguna estaba completamente congelada, tanto que ¡hasta podíamos caminar sobre ella! Tras hacer una paradita para fotos y almorzar a orillas de la laguna, comenzamos a bordearla para llegar hasta el Glaciar Vinciguerra y sus cuevas de hielo.

A diferencia de los glaciares de los días anteriores, éste es mucho más accesible, ya que llega prácticamente hasta la laguna, creando las famosas cuevas. Y sí, ¡uno puede meterse en las cuevas! Así que allí estaba yo, ¡debajo de un glaciar! Por fortuna, las cuevas no se desmororaron en ese momento 😀 .

Glaciar Vinciguerra, Ushuaia
Debajo del Glaciar Vinciguerra. ¡Una experiencia única!

Sin duda, estar debajo de un glaciar es una experiencia única, que no mucha gente tiene la oportunidad de vivir. Así que por eso, y por tantos otros momentos maravillosos que he vivido en este viaje, estoy infitamente agradecida a la naturaleza por brindarme la oportunidad de disfrutarla como lo hecho. Con Ushuaia se acababa mi periplo de casi dos meses por la Patagonia. No me lo podía creer. Era hora de irme del lugar más bonito del mundo… Así que con mucha pena le dije adiós a Ushuaia para partir de vuelta a Punta Arenas y tomar un avión que me llevaría a Santiago. De la naturaleza más pura a la gran ciudad… ¿sobreviviré al shock?

Próximo destino: Valparaíso.

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