#16 Talampaya, una de mis grandes desilusiones en Argentina

Llegué a la provincia de La Rioja con la idea de ver el Parque Nacional de Talampaya. Había leído sobre las geoformas que el viento ha ido formando en la roca y quería verlo en persona. Así que, desde Catamarca, lugar en el que no era fácil moverse (si recuerdas de mis anteriores posts), me fui para Aimogasta, primer pueblo grande en La Rioja desde el que, me dije, “saldrá algún autobús para Villa Unión, o al menos Chilecito” (los lugares más próximos al parque).

Obviamente, lo que yo me imaginase no tenía nada que ver con la realidad, y me encontré con que en La Rioja también es muy difícil moverse. Cuando llegué a Aimogasta no había autobús para ninguno de estos sitios, sino que tenía que ir obligatoriamente a la ciudad de La Rioja y, de ahí, tomar otro autobús. Desde Belén, mi centro de operaciones en Catamarca, había tardado hasta La Rioja ya unas 5 horas. Como te puedes imaginar, no es que haya autobuses cada media hora desde La Rioja hasta Villa Unión, así que me tocó esperar varias horas en la terminal de La Rioja para mi conexión, y pasarme 4 horas más en autobús hasta este pueblo, llegando a la medianoche. Toda una odisea.

Dejando los transportes aparte, me encontré con que en Villa Unión ocurría algo muy parecido a Antofagasta de la Sierra o Fiambalá en Catamarca: son pueblos muy pobres que dependen del turismo, y éste se hace en caras excursiones en 4×4 en su mayoría. Una vez alli, descubrí que La Rioja tiene mucho qué ofrecer, al igual que Catamarca, y que ¡tampoco se conoce! Me quedé con las ganas de ir a varios lugares, pero decidí dejarlo para otra ocasión, ya que me había gastado mucho dinero en Catamarca en excursiones ya y prefería ir moviéndome hacia otros lugares. Así pues, lo único que visité fue el Parque Nacional de Talampaya (cosa que tampoco fue fácil).

Talampaya
Una de las figuras que se pueden encontrar en el parque de Talampaya

Qué tener en cuenta para ir a Talampaya

Como te decía, llegué a Villa Unión a medianoche, así que ya fue imposible contratar una excursión para ir a Talampaya. Pensé que al día siguiente en la mañana sería fácil ir a cualquier agencia de viajes y contratarlo para el día, porque el parque está a apenas una hora del pueblo en coche. Nada más lejos de la realidad. Una vez más, mi diálogo interno me estaba fallando y, obviamente, no era cómo me imaginaba. Resultó que todas las agencias están cerradas hasta las 5 de la tarde, porque ¡durante el día se van a hacer las excursiones!

Fui a la oficina de turismo y no me dieron ninguna alternativa. Pregunté en un par de hoteles por si algún huésped iba a ir, pero todos se habían ido ya. La desesperación de perder el día completo ya empezaba a asomar, y no fue hasta que el dueño de un último hotel me dijo que había un autobús de la empresa Zonda que iba a La Rioja a mediodía y pasaba por el parque. ¡Aleluya! Después de toda la mañana intentando ir a Talampaya, por fin parecía que podía ir.

Total que me fui en este autobús y me dejó a la puerta del parque, tal como planeado. Gracias a la alineación de los planetas, llegué a tiempo para el tour de las 14:30 (bastante caro, por cierto, ya que cuesta más de 400 pesos- precio 2016), así que pude comer algo (el sandwich más caro de mi vida) antes de hacer la excursión, que dura unas 3 horas. Parecía que todo iba bien, hasta que me di cuenta de que toda la visita, en realidad, está montada para ovejitas. Me explico.

El tour que se hace del parque es bien en furgoneta (combi) o en una especie de autobús 4×4, depende de la hora. En teoría, cuando te explican cómo visitar el parque, se puede elegir entre 4 modalidades de excursión. La realidad es que solo puedes ir en la que haya. En mi caso, fue el autobús 4×4.

Talampaya
El Cañón por el que pasa el tour

Cómo es visitar Talampaya

El recorrido tiene 4 paradas y no es posible detenerse en ningún otro lugar. Además, el recorrido en las paradas está delimitado por unas pasarelas de madera, de modo que solo puedes ver lo que hay al lado de la pasarela. Las paradas también tienen una duración determinada; el guía baja con los visitantes para ir explicando lo que se ve desde las pasarelas y va marcando el ritmo de la excursión.

Como digo, las paradas son solo 4. En la primera se ven los petroglifos, dibujos en unas rocas dejados por gente que ha estado habitando, de paso, este lugar en el pasado. En la segunda se ve lo que se llama el jardín botánico, lugar con breas, algarrobos y otros árboles de la zona. También aquí se ve la Chimenea, una especie de tubo erosionado por el viento que, al hablar, hace un eco impresionante. Aquí, en el caso de mi excursión hicimos un pequeño picnic con productos de la región y vino. Después se sigue hasta La Catedral, una de las geoformas más famosas. Y en la última parada se divisa El Fraile, otra de las geoformas más conocidas.

Talampaya
La figura del Fraile no deja dudas

El recorrido es bonito, pero no me gustó nada no poder elegir ni el tipo de tour, ni dónde detenerme, ni el tener que ir por las pasarelas de madera. Entiendo que quieran preservar el entorno y evitar que la gente ande subiéndose por rocas y cosas así, pero ¿de verdad es necesario tratar al visitante como a una oveja?

Eché de menos que el recorrido se pueda hacer caminando. Toda la zona del cañón en realidad no es tan larga, así que podría hacerse un sendero de trekking paralelo al de las excursiones en vehículo perfectamente. De esta forma, los visitantes por lo menos podrían elegir detenerse en los lugares que les gusten. Yo recuerdo que pasamos por unas geoformas entre las paradas 2 y 3 que parecían figuras de personas, pero obivamente me quedé con las ganas de parar un ratito, hacer fotos y divagar sobre qué o quiénes podrían ser. Y por cierto, al dar esta opción, se contaminaría mucho menos, ya que mucha gente optaría por esta opción y ¡no por el vehículo!

En conclusión, para mí, Talampaya está mal gestionado. Es bonito, pero no es posible disfrutarlo y eso deja una mala sensación. ¡Una pena!

Próximo destino: Mendoza.

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