Samaipata y la Ruta del Che

Si hay algo mágico en los viajes es ir a lugares que no están planificados, solamente porque alguien te lo recomienda. Eso es lo que me pasó con Samaipata y la Ruta del Che. En un principio no estaban en mi ruta por Bolivia, pero al escuchar hablar de ello no pude resistir la tentación de ir.

Samaipata, sinónimo de contratiempos

Después de visitar Potosí y Sucre, las ciudades coloniales de Bolivia, dudaba entre ir a Cochabamba o Santa Cruz. Ambas eran ciudades un poco de paso antes de ir a La Paz, y ninguna de las dos tenía algo que me llamase demasiado. No recuerdo cómo, pero alguien me habló de Samaipata, un pequeño pueblo cerca de Santa Cruz, y me llamó la atención. Busqué información y no había mucho por ahí, salvo algunos blogs que contaban sobretodo sus aventuras para llegar hasta allí, cosa que no parecía fácil. Al final encontré que Samaipata es un buen punto de partida para ir al Parque Nacional Amboró, lo que fue el empujón que necesitaba para ir.

Cómo llegar a Samaipata

Así que me compré mi primer pasaje de autobús nocturno en Bolivia (cosa que todo el mundo recomienda evitar) con destino a Samaipata. Como había leído en otros blogs, efectivamente llegar no es fácil. El autobús sale de Sucre sobre las 6 de la tarde y llega a Samaipata sobre las 3 de la mañana. El trayecto es largo, por carreteras de doble sentido que en parte del recorrido no están ni siquiera asfaltadas. El bus no tenía baño, ni siquiera era cama o semicama. Cuando subí al bus en Sucre me encontré con la mitad de los pasajeros reclamando a la compañía que les habían engañado. A algunos les habían dicho que el bus sería cama (asientos reclinables con algo para apoyar los pies), pero era un bus normal. Otros reclamaban porque les habían vendido el pasaje a 120 Bs mientras que a otros, a 80 Bs o incluso 60 Bs. Un desastre. Pero bueno, así es viajar en bus en Bolivia, una lotería.

Total, que llegué a Samaipata a las 3 de la mañana. Había reservado un hostel por internet y había avisado de que llegaría a mitad de la noche, pero aún así, cuando llegué, el dueño estaba dormido. Al final se despertó y me dijo que no tenía mi reserva. Miró en las habitaciones y no había camas libres. Así que el único lugar donde podía quedarme era una tienda de campaña que tenía en el patio. Al menos era grande y tenía una cama dentro, así que saqué mi saco y me resigné a dormir ahí por esa noche. Al día siguiente quedó una cama libre y pude dormir en habitación.

Parque Nacional Amboró

La aventura de ir a ese lugar que no sé quién te recomienda un día cualquiera no estaba saliendo tan bien como otras veces, pero no había que perder la esperanza. Cuando me levanté fui a recorrer el pueblo e investigar cómo ir al Parque Nacional. Por lo que los locales me decían, era imposible ir por cuenta propia porque el parque es enorme y solo está acondicionado para las visitas con agencias, así que decidí probar suerte con un tour.

Pregunté en todas las agencias y todas funcionaban igual: si una persona va sola, el tour sale carísimo, así que se necesitan al menos 4 personas para que el precio se reparta entre todos y baje. ¿Y cuánta gente había interesada en ir al Parque Nacional? Nadie. Y por si fuera poco, ese día era el aniversario de la fundación del pueblo, así que las agencias no abrían por la tarde, haciendo imposible que alguien pudiera apuntarse a los tours.

Samaipata El Fuerte
El Fuerte es uno de los reclamos principales de Samaipata junto al Parque Nacional

El Fuerte

Así que me había ido a Samaipata para ver el Parque Nacional Amboró y no lo ví. Ironías de la vida. Pero no todo era tan malo como parece. Algo que sí pude hacer fue visitar El Fuerte, un sitio arqueológico situado a las afueras del pueblo. Son las ruinas pre-incas de un templo ceremonial y fue declarado Patrimonio de la Humanidad en 1998. Además, como he dicho antes, era la fiesta del pueblo, así que también hubo tiempo de festejar y pasarlo bien con los demás viajeros del hostel 🙂 .

Aun así, los contratiempos nunca vienen solos, y en esos días hubo una huelga de transporte que bloqueó todo el país. Ya había descartado ir al Parque Nacional, así que la idea era irme para Santa Cruz, Cochabamba o incluso Vallegrande para hacer la ruta del Che, pero era imposible moverse en bus o avión por Bolivia. Los piquetes no dejaban salir ni entrar a las ciudades a ningún vehículo, así que nos quedamos atrapados en Samaipata durante todo un día. Fue un día de relax en el hostel. Preparamos quinua para comer y fuimos a la happy hour de uno de los bares del pueblo (sí, es un pueblo perdido en Bolivia, pero tienen un bar con happy hour XD). Y al dormir todos cruzamos los dedos para que la huelga se acabase y poder seguir rutas.

Hacia Vallegrande, el inicio de la Ruta del Che

Obviamente la huelga no terminó, pero la mayoría decidimos probar suerte e intentar llegar a cualquier otro lugar. En mi caso, puse rumbo a Vallegrande junto con un argentino, Lautaro, dispuestos a seguir la ruta del Che Guevara en Bolivia. Comenzamos la ruta haciendo dedo y, para nuestra sorpresa, a los pocos minutos un coche nos levantó hasta el siguiente pueblo, Mairana. Pero no iba a ser tan sencillo.

En Mairana debíamos esperar un autobús que venía desde Santa Cruz para llevarnos hasta Vallegrande. Algunos decían que el bloqueo había acabado, otros que no. Así que no quedaba más remedio que esperar, por si acaso. Al final, el autobús no pasó. Por suerte, un hombre de Vallegrande con su hija (que llevaban tres días para llegar desde Santa Cruz hasta Mairana) estaban allí también esperando y había llamado a su mujer para que les recogiera. Nos llevó por 20 Bs, a nosotros dos y a otros 3 pasajeros, más él, su hija, su mujer y su otra hija que había venido acompañándola. Osea, 9 en un coche de 5, cosa que para ellos era lo más normal del mundo…

Vallegrande

El caso es que después de todo un día atrapados en Mairana, habíamos logrado llegar a Vallegrande, que era el objetivo del día. Hicimos noche allí y al día siguiente visitamos el Museo del Che, donde conocimos todos los datos del paso del Che y su guerrilla por esta zona (y que, si vas a ir a La Higuera, puedes ahorrarte), y la Lavandería del hospital donde se exhibió el cuerpo del Che muerto tras su captura en La Higuera.

Lavandería Vallegrande, Ruta del Che
La lavandería donde fue exhibido su cuerpo, en Vallegrande.

De Vallegrande a La Higuera

La Higuera era nuestro siguiente objetivo, y para continuar con la suerte de los días anteriores, llegar hasta allí también iba a costar. Los taxis cobraban 300 Bs para ir hasta el pueblito, y no estábamos dispuestos a pagar eso. Nos encontramos con otros dos viajeros que también iban a La Higuera y, según ellos, había un camión que iba a pasar y que normalmente recogía a gente. El precio era muy asequible, 15 Bs, pero requería hacer el trayecto con una vaca. También existía la opción remota del autobús que venía de Santa Cruz, pero tampoco sabíamos si se había levantado el bloqueo o no, ya que cada persona decía una cosa distinta.

Así que nos quedamos allí, esperando al camión o al autobús. Y, por arte de magia, unas horas después ¡pasó el autobús! El autobús iba por una carretera de montaña de ripio y con precipicios, y a bastante velocidad por curvas imposibles, pero no nos importó demasiado, porque por fin nos movíamos de Vallegrande. Nuestra alegría duró poco, ya que el autobús no iba a La Higuera, sino hasta el pueblo anterior, Pucará. Y esto estaba a 12 kilómetros de La Higuera. Menos mal que preguntando por el pueblo un hombre accedió a hacer de taxi y nos llevó en su coche.

La Higuera, Ruta del Che
El pueblo de La Higuera, en Bolivia, es donde murió el Che y se ha convertido en un pueblo museo.

La Higuera, donde murió el Che

Llegamos al atardecer, lo justo para encontrar alojamiento antes de que anocheciese. El pueblo es muy pequeño y está completamente tematizado sobre el Che, aunque no se veía demasiado movimiento de visitantes. Nos quedamos con Doña Irma, una señora que aún recordaba perfectamente lo que sucedió hace casi 50 años. Nos contaba que, cuando el ejército boliviano llevó al Che capturado hasta La Higuera, nadie sabía muy bien quién era este señor. Ella no lo vió vivo, pero sí muerto cuando trasladaron su cuerpo hasta Vallegrande en helicóptero, y decía que tenía los ojos abiertos. A ella le tocó limpiar la sangre de la escuelita, el lugar donde lo mataron, y muestra orgullosa el recorte de una revista noruega en el que ella es la protagonista, precisamente contando esta historia.

La escuelita es ahora un museo dedicado al Che y está lleno de dedicatorias que han ido dejando sus visitantes. Además de esto, se puede visitar la Quebrada del Churo, el lugar donde lo capturaron. Es una caminata de una hora aproximadamente, aunque la verdad que el sendero podría estar mejor. Se nota que no pasa mucha gente por allí y a la vuelta incluso nos encontramos con una serpiente de cascabel por el camino que, por fortuna, no nos atacó…

Cuando llegamos a la Quebrada del Churo, tuvimos la suerte de que Santos estaba allí con otro viajero. Santos es un vecino del pueblo y nos contaba que ese lugar es propiedad de su familia. En aquella época tenían una zona alquilada a otro vecino, quien fue el que delató al Che Guevara y la guerrilla, al ver sombras de 17 hombres en la noche y creer que unos ladrones iban a robarle. La policía de Vallegrande no tuvo duda de que se trataba de la guerrilla y al día siguiente el ejército envió a 500 efectivos para capturarlos. Algunos consiguieron escapar, pero otros no. Entre ellos el Che, quien fue llevado hasta La Higuera y, al día siguiente, fusilado en la escuelita.

Por momentos como éste, en el que te encuentras a alguien local que te habla con pasión de las historias que conocen o que vivieron, merece la pena salirse de la ruta y explorar aquellos lugares que alguien que cruzaste un día te recomendó. En un viaje hay miles de contratiempos, pero con paciencia al final todo se logra y la recompensa es una vivencia única plagada de anécdotas de las que se recuerdan toda la vida. ¡Viva la improvisación viajera!

Próximo destino: Cochabamba.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *