Sobreviviendo a la Ruta de los Volcanes de La Palma


Hay paisajes que quitan el hipo. Otros, que emocionan. Los hay que te hacen frotarte los ojos para comprobar que no estás soñando… Y hay paisajes de recompensa, como los que vi haciendo la Ruta de los Volcanes de La Palma.

Éste es uno de los treks estrella de La Palma. 20 kilómetros de ruta sobre terreno volcánico que dejan imágenes grabadas en la retina difíciles de olvidar. Se camina por 7 volcanes incluidos en el Parque Natural de Cumbre Vieja, y forman algo así como la espina dorsal del sur de la isla.

Ruta de los Volcanes, Hoyo Negro

El Hoyo Negro es el primer cráter que se ve en la Ruta de los Volcanes

He de reconocer que es el sendero que más respeto me daba de todos los que me habían recomendado en la isla. Muchos kilómetros, un gran desnivel y ninguna sombra en pleno mes de junio. A todo esto se sumaba un problema logístico: la ruta es lineal, por lo que se deja el coche en un lugar, y hay que recorrer media isla de vuelta en otro medio de transporte para volver a por él (porque a ver quién es la guapa que se vuelve a hacer esa kilometrada de nuevo, y de subida).

Tenía muchas dudas, y ni el señor Google ni los locales me las resolvían. ¿Qué hacer en esa situación? Si algo tenía claro era que si me quedaba sin hacer este trek, me iba a arrepentir. Así que decidí seguir buscando la luz, esa respuesta que resolviese mi problema.

Un día encontré esa luz

Fue en forma de folleto. Un librito promocional de la empresa Natour en el que publicitaban sus excursiones. Una de ellas era para hacer la Ruta de los Volcanes en grupo y guiada, pero eso no era lo que yo quería. Lo que quería era hacerla por mi cuenta, aunque sufriera los 20 kilómetros bajo un sol abrasador. Resultó que pude contratar un transfer con ellos hasta el punto de partida, y volver en bus de línea hasta la localidad donde me estaba alojando. ¡Problema logístico resuelto!

Quedaba la parte del respeto, y es que hacer la caminata más dura de la isla en solitario impone. Pero pensé en que si había sobrevivido a treks de varios días como el de las Torres del Paine en Chile, podría con éste también.

A por los 20 kilómetros de la Ruta de los Volcanes

Llegó el día. Tomé el transfer de Natour que me llevaba desde Los Cancajos hasta el Refugio del Pilar, el punto donde comienza el trek de la Ruta de los Volcanes.

Ruta de los Volcanes, La Palma

Éste es el desnivel de la Ruta de los Volcanes. Fuente: senderosdelapalma.es

Al principio, el camino es siempre cuesta arriba. La primera parte no se hace demasiado difícil porque el camino va entre bosques y hay sombra, lo cual se agradece en días de calor. Se empieza a sufrir una vez se acaba este tramo, y ahí es cuando empieza a pegar el sol de lleno.

Como el camino sube y sube, las vistas van siendo cada vez más espectaculares. Pese a que el sol se note mucho, el regalo para la vista hace que te olvides del sufrimiento. ¡Hubo un momento en el que tenía un mar de nubes bajo mis pies!

Mar de nubes, La Palma

Subiendo, subiendo… para acabar teniendo un mar de nubes a mis pies

Más allá de las nubes

Seguí subiendo, y en un momento empecé a darme cuenta de que estaba en uno de los puntos más altos de la isla. A mi izquierda, y sobre el mar de nubes del Atlántico, veía el Teide, indicándome que ahí estaba Tenerife. Para llegar hasta la cima aún había que subir un poquito más, y me motivé pensando en lo que vería desde más arriba aún.

Y así, llegué al cráter del Hoyo Negro, el primero de los volcanes de la ruta. Este cráter se puede observar perfectamente desde el sendero, que lo bordea y sigue su camino hacia arriba. Sube, sube, y sigue subiendo. Hasta llegar al punto que yo creo es el más crítico de todos: la cuesta de las Deseadas.

Cuesta de Las Deseadas, Ruta de los Volcanes

Aunque en la foto no lo parezca, ¡la cuestecita se las trae!

Se trata de una subida que en realidad no es tan larga, pero sí con mucha pendiente y un terreno arenoso y resbaladizo. No hay sombra; de hecho, hace mucho que dejó de haberla, aunque sí hay algunos árboles desperdigados por ahí. Comencé a subir esta cuesta, que no aparentaba ser tan dura. Pero a medida que iba subiendo, iba acusando más y más el cansancio. Llevaba casi 2 horas caminando, cuesta arriba y bajo un sol abrasador. La cuestecita cada vez tenía más pendiente, y la altitud, de casi 2000 m.s.n.m., se dejaba notar.

Esta ruta me daba respeto porque sabía que habría momentos en los que sufriría. Y éste fue uno de ellos. Pero me olvidé en cuanto llegué arriba y ví lo que ví. Toda la parte sur de la isla se extendía ante mí. Varios volcanes más me esperaban en un recorrido que ya era en su mayoría de bajada. A la izquierda seguía viendo el Teide sobre el mar de nubes del Atlántico. Pero es que además, ahora veía La Gomera y El Hierro también frente a mí. El paisaje era sobrecogedor y, a la vez, intrigante, desolador, mágico, precioso, desconcertante, de recompensa. 

Ruta de los Volcanes, La Palma

Tras momentos de sufrimiento, siempre hay momentos de satisfacción. Así luce el sur de la isla de La Palma

Hacia la recta final

Después de quedarme atónita durante un rato con la vista que había desde allí arriba, comencé el descenso. Si la subida había sido complicada, la bajada tampoco me lo iba a poner fácil. La pendiente era incluso mayor que en la parte anterior, por lo que tenía que ir con mucho ojo para no caer rodando por toda la ladera del volcán.

Pasó un rató y llegué al siguiente punto de interés de la ruta: el Volcán de Martín. El terreno era arenoso, y me costaba un poco andar porque los pies se me hundían. El camino que subía por la ladera se volvía cada vez más estrecho y con mayor pendiente. El sol quemaba, abrasaba. Pero al llegar arriba me fascinó, una vez más, lo que ví.

Volcán de Martín, La Palma

El imponente Volcán de Martín y las islas de Tenerife y La Gomera al fondo

Ahí, en ese cráter que estaba bajo mis pies, se originó la isla como la vemos ahora. Ahí, y en los cráteres vecinos que acababa de ver. Ahí, y en los cráteres de los volcanes de Tenerife y La Gomera que asoman al fondo. Eché a volar la imaginación y visualicé el espectáculo del fuego y la tierra abriéndose paso desde el oceáno para esculpir las Islas Canarias hace cientos y cientos de años. Wow.

Volví al presente y, por un momento, me dio por pensar que ese volcán bajo mis pies explotó hace 400 años, y un poco más abajo, el Teneguía lo hizo hace solo 40. Me dí cuenta de que, si el volcán entraba en erupción, no tendría escapatoria. Y volví a pensar en el respeto que me daba esta ruta.

El resto del sendero hasta Los Canarios transcurre de manera más sencilla. En un momento vuelve a entrar en una zona de bosque, por lo que se hace más llevadero al haber sombra. Al llegar a Los Canarios, la figura de un excursionista me dio la bienvenida y decidí ir a por una cerveza para celebrar que había sobrevivido los 20 temidos kilómetros de la Ruta de los Volcanes.

Variante hasta el Faro de Fuencaliente

La Ruta de los Volcanes discurre por el sendero de Gran Recorrido GR-131 Etapa 3, que recorre el tramo entre el Refugio del Pilar y el Faro de Fuencaliente. Desde Los Canarios hasta el faro, que es el punto más al sur de la isla, hay casi 4 kilómetros más de sendero. Hay gente que lo hace todo del tirón, aunque yo preferí dividirlo en dos días. 

La parte entre Los Canarios y el Faro de Fuencaliente es de descenso, y es una buena ruta porque se pasa por varios lugares de interés. En la primera parte se tienen unas bonitas vistas de los viñedos de uva malvasía, que hace tan famosos los vinos canarios. Después se pasa por el Volcán Teneguía, que erupcionó hace apenas 40 años, dejando un paisaje desolador a su alrededor. Ya más abajo, se divisa el Faro de Fuencaliente con las Salinas, aportando un toque de color entre los tonos oscuros de los volcanes y el azul del océano y el cielo.

Salinas de Fuencaliente, La Palma

Las Salinas de Fuencaliente le dan ese toque de color y vida al final de la Ruta de los Volcanes

Sin duda es una recompensa llegar hasta aquí, no solo por el paisaje que se tiene durante toda la ruta sino también por saber que has completado un gran reto. Aquí va un pequeño consejo de esos que hacen más grande, si cabe, la recompensa: pégate un homenaje en el Jardín de la Sal. Es el restaurante de las Salinas, y pese a tener apariencia de caro, no lo es. La comida está muy rica y pude probar la cerveza artesanal palmera Gara, que no te puedes imaginar lo bien que entra después de la caminata. No todos los días se sobrevive a la Ruta de los Volcanes, así que, ¡hay que celebrarlo!

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