El robo de mi tablet en Perú y consejos para evitar que te roben de viaje

Ya te había contado en algún post anterior sobre el robo de mi tablet en Perú. Pues bien, hoy quiero contarte qué pasó e intentar aconsejarte para evitar que te pase algo así a tí también. De momento te diré que ni se te ocurra contratar nada con la agencia Perú Diamonds de Huaraz.

Puede que siempre estemos expuestos a que nos roben, pero creo que al viajar las probabilidades aumentan. No por el controvertido tema de la seguridad, sino por algo mucho más sencillo: nosotros mismos. Por mucho que queramos integrarnos en una cultura siempre hay una vestimenta, una cámara de fotos, un mapa o incluso nuestro color de piel que nos delata como foráneos. Y no hay modo de que intentes esconderte o disimular que eres guiri (visitante); los locales saben perfectamente quién es lugareño y quién no.

Pero, ¿qué tiene que ver esto con que los turistas o viajeros tengan más posibilidades de ser víctimas de robos? Pues tiene que ver con dos cosas muy sencillas. La primera es que los ladrones interpretan que, si estás de viaje, es porque puedes permitírtelo y tienes dinero para gastar. La segunda, porque es mucho más improbable que les cazen o que una denuncia sea exitosa si la víctima está de paso.

La verdad es que yo he tenido bastante suerte, porque he viajado mucho y solo me han robado estando de viaje una vez. Pero, como te contaba en “Mi primera vez viajando sola“, para todo hay una primera vez. Y esa primera vez fue en Perú, a una semana de volver de mi viaje de 6 meses por Sudamérica.

Cómo me robaron la tablet

Me quedaba una semana de viaje y quería visitar sí o sí la Cordillera Blanca en Perú. Estaba en Lima, así que tomé un autobús nocturno hasta Huaraz, punto de partida para visitar esta zona, donde llegaría sobre las 7 u 8 de la mañana. Mi idea era contratar el Trek de Santa Cruz al llegar e irme ese mismo día a recorrer la Cordillera Blanca por 3 o 4 días, así que visité varias agencias de viaje para informarme. Desafortunadamente, ya era demasiado tarde y este tour ya había salido (sobre las 6 de la mañana), así que tenía 2 opciones: perder el día en Huaraz (que en sí no tiene demasiado para visitar) o hacer un tour de un día a algún lugar cercano.

La Cordillera Blanca esconde tesoros como éste. Al fondo, el Nevado Huascarán, el pico más alto de Perú
La Cordillera Blanca, el motivo por el que fui hasta Huaraz.

Cadena de errores

Tras llegar a una tercera agencia, llamada Perú Diamonds (donde todo ocurrió), comprobé que los precios de estos tours de un día eran similares, así que decidí contratar un tour con ellos, ya que además del precio me parecieron muy atentos y fueron los que más me informaron sobre cómo hacer el Trek de Santa Cruz de manera alternativa (que al final no hice). Pues bien, debían ser las 8 y media de la mañana más o menos y el tour salía a las 9 de la mañana. No había contratado previamente alojamiento en Huaraz y ya no me daba tiempo de salir a buscar uno, así que dejé las cosas en la agencia de viajes durante el día. Y ESTE FUE MI PRIMER ERROR.

El muchacho que me atendió me dijo que no había ningún problema y que tenían un cuartito al que no entraba nadie, por lo que me pareció bien dejar allí las mochilas. Llevaba una mochila grande, una pequeña y un bolso, así que no iba a irme con todo eso a la excursión. Cogí la cámara de fotos y alguna cosita más de la mochila pequeña y lo metí al bolso, dejando las dos mochilas en la agencia. Ya había hecho esto antes; al hacer check-out en un hostel o alojamiento siempre había dejado mis cosas allí y nunca había pasado nada. Pero claro, siempre había cerrado mis mochilas con candado. Y aquí vino MI SEGUNDO ERROR: se me olvidó poner el candado a la mochila pequeña. ¡Es que ni se me pasó por la cabeza que me fuesen a robar en un lugar en el que he contratado un servicio y estaba por contratar otro! En cualquier caso, error garrafal por mi parte.

Cuándo me dí cuenta del robo

Total, que me fui a la excursión tan tranquila y, al volver por la tarde, regresé a la agencia a por mis cosas. El chico, que era otro distino al que me había atendido por la mañana, me sacó las mochilas del cuartito y me dijo que revisara si tenía todo. Esto me dio mala espina y me pareció premonitorio. Y efectivamente, no lo tenía todo. Al abrir la mochila pequeña noté que las cosas no estaban como yo las había dejado, para después ver que faltaba la tablet. Y obviamente me quise matar por no haber puesto el candadito. De lo que no me di cuenta en ese momento fue de que también me habían robado un adaptador de enchufe con 4 puertos USB (de los gadgets más útiles que tenía) y una almohada hinchable (LOL).

Informé al chico de que me faltaba la tablet y de la nada apareció una señora mayor, que debía ser la dueña, a decir que cómo se me ocurría acusarles de que ellos me habían robado, que allí no entraba nadie, que seguro lo había perdido antes, que igual ni siquiera tenía una tablet, etc. Me enseñó el cuarto donde habían dejado las mochilas y, bueno, lo de que allí no entraba nadie dejó de tener sentido, porque de la nada había un hombre allí en una cama que supuestamente era el hijo de esta señora y que estaba enfermo y no podía moverse. Las cosas empezaban a ser surrealistas.

Toda una tarde perdida

Obviamente allí no vi nada y tampoco se me ocurrió tocar nada para ver si estaba mi tablet por allí, ¡no fuese que me acusasen ellos de intento de robo a mí! Así que me fui a la oficina de la Policía de Turismo. Les expliqué la situación y vinieron conmigo a la agencia para tomar nota de los hechos. En el camino, la policía me comentaba que ya había habido otro caso anterior en la misma agencia: a alguien le robaron la cámara de fotos en la misma situación. En ese momento dí por hecho que no iba a ver nunca más la tablet, pero aun así quise poner la denuncia.

Mientras la policía estaba allí preguntando a todos cómo habían sido los hechos, el oficial que transcribía lo que decíamos iba tan lento que se olvidaba de poner cosas. Tuvo que retocar el informe dos o tres veces, porque faltaban sospechosos. Y es que, del “aquí no entra nadie” famoso, al final habían pasado por la oficina el muchacho que me atendió por la mañana, el que me atendió por la tarde, la señora, el hombre de la cama y la señora de la limpieza y su hijo pequeño. Curioso concepto de “nadie” el que tienen en ese lugar.

Esta es la tablet que me robaron... tan mona ella con su teclado y que tan bien me vino para actualizar mi blog en la ruta...
Esta es la tablet que me robaron… tan mona ella con su teclado y que tan bien me vino para actualizar mi blog en la ruta…

Mis dudas sobre el procedimiento

Tras revisar 3 veces el informe escrito a mano y no tener más pruebas o indicios que anotar y recoger, me fui con la policía de vuelta a la oficina a poner la denuncia formal. Allí transcribieron lo anotado en la agencia y tuve que declarar otra vez lo ocurrido. Creo que estuvimos una hora para pasar del papel al ordenador una página, y es que el gobierno de Perú debería invertir en cursos de ofimática para sus funcionarios. El muchacho no se aclaraba con las mayúsculas, las minúsculas, los párrafos…

Aunque me daban ganas de decirle “deja que ya lo hago yo”, lejos de desesperarme me sorprendí a mí misma con una paciencia que no sabía que tenía. Pero bueno, ya había perdido toda una tarde con este tema y no tenía mucho más que perder. Cuando finalizó y logró imprimir dos copias, tuve que realizar otra declaración formal (¡otra vez!). Era algo así como un deja vu tras otro. Declaré 3 veces lo mismo, y aun no entiendo por qué, si solo me dieron una copia de la denuncia formal. Aun me pregunto qué serían los demás papeles.

Pensé que harían una prueba de huellas en mis mochilas, para ver si estaban las huellas dactilares de la persona que había efectuado el robo. Pero no, porque según me dijeron no había ninguna superficie en la que se pudiesen ver las huellas con claridad (!!!). Así que, una vez firmé mi declaración y denuncia, me dijeron que ya no había nada más que hacer por mi parte, salvo esperar, y que por la suya tampoco, ya que desde ese momento el trámite pasaba a la Fiscalía. ¡Ah! Y me tocó pagar 7 soles en el banco para hacer oficial la denuncia (o algo así), que me pareció el colmo. ¿Alguien puede decirme si esto es así o le ha pasado, o si es es que la propia policía me estafó? Porque me pareció de lo más raro.

La resolución del caso

Total, que no me quedaba más remedio que dar por buenas las instrucciones de la policía, porque ya eran más de las 9 de la noche y ¿qué otra cosa podía hacer allí? Así que dí por perdida mi tablet y seguí mi viaje, volví a España y estuve más de un mes sin tener noticias de la Policía ni la Fiscalía. Y un buen día, me llegó un email con el adjunto de la resolución de mi caso, en el que decía que se había archivado por falta de pruebas de que la tablet existiese. Y tan anchos que se quedaron.

Consejos para que no te roben de viaje

Y tras contarte todo esto, obviamente, mi primer consejo es, que si viajas a Huaraz, no reserves nada con la agencia Perú Diamonds y, por supuesto, que ¡ni se te ocurra dejar tus pertenencias u objetos de valor allí!

En mi caso fue un gran despiste y error no haber puesto el candado a la mochila. Pero también pienso que nadie me asegura que si hubiera puesto el candado la mochila seguiría allí. Es decir, que podrían haber pensado que lo que había era valioso y haberse llevado la mochila entera.

En general, te aconsejaría lo siguiente:

  1. Al desplazarte, lleva siempre contigo las cosas de más valor y asegúrate cada cierto tiempo de que las llevas. Me pasó en un autobús en Argentina que se me cayó de la mochila el monedero y no me dí cuenta, y perdí algo de dinero y una tarjeta de crédito. No fue un robo, pero también se puede aplicar, ya que cuanto antes te dés cuenta de que no lo tienes contigo, antes podrás ponerle remedio (buscarlo, denunciarlo, etc.).
  2. Reparte el dinero y las tarjetas de crédito en diferentes lugares. Siguiendo con el ejemplo anterior, gracias a que llevaba dos monederos no lo perdí todo. Puedes llevarlo en monederos, o buscar alternativas ingeniosas para que los ladrones no detecten dónde lo tienes escondido (por ejemplo, en algo que parezca basura).
  3. Cada vez que dejes tu equipaje en algún lugar, asegúrate de que está en una taquilla y tú tienes la única llave. No fue mi caso en la agencia, y no es el caso en muchas otras ocasiones, como en el cuarto de maletas de un alojamiento.
  4. Si no queda más remedio que dejarlo fuera de una taquilla, asegúrate de cerrar tu equipaje con candado Y de que pongan un identificativo con número a tus pertenencias y te den un resguardo con el mismo número. Por lo menos, así puedes reclamar y hay evidencia de que tus pertenencias existen y estaban allí. Por ejemplo, esto se hace en hoteles o en autobuses, aunque no siempre.
  5. Intenta no llevar tus gadgets a la vista cuando salgas a visitar una ciudad. Esto es, no dejar tu móvil en la mesa donde estás comiendo (especialmente si es al aire libre), no descuidarte dejando el móvil en el palo selfie mientras vas andando, no llevar a todas horas la cámara colgada al cuello…

Un consejo extra: sube tus documentos a la nube (y no te hablo del cielo, sino de internet). Esto no evita que te roben, pero sí que no pierdas tus papeles y recuerdos. Si te envías, por ejemplo, un email a tí mismo con un pdf con la copia de tu pasaporte lo tendrás (casi) siempre accesible. Y si subes cada día (o dos días) tus fotos a Dropbox o Google Drive estarán seguras en caso de que te roben la cámara.

Y si aun así te acaban robando, no pierdas los estribos en ningún momento y mantén la calma. Acude a las autoridades y pon una denuncia. Aunque nunca más veas ese objeto robado, por lo menos te queda la conciencia tranquila de haber hecho tus deberes. Y lo más importante: recuerda que, aunque te fastidie en ese momento o te haya costado muy caro, es solamente algo material.

¿Te han robado alguna vez de viaje? ¿Qué te ocurrió? ¿Qué consejos darías a otros viajeros para evitar que les roben estando de viaje? No olvides que compartiendo tus experiencias, estarás ayudando a otros viajeros 😉 .

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