#20 La mística tradición del archipiélago de Chiloé

Recordando Chiloé pienso en casitas construidas en madera, la furia del Pacífico rompiendo en interminables playas, simpáticos chucaos, bosques de arrayanes en flor y leyendas. Este archipiélago del sur de Chile es uno de los lugares más místicos que he conocido, en parte por sus creencias populares, pero también por ese halo de misterio que crean la bruma y el mar.

Todo el archipiélago tiene una identidad chilota muy marcada. En cualquier bahía hay un pueblo de pescadores, en el que se puede comer pescado, marisco y el tradicional curanto (plato de mariscos y carne cocinado sobre piedras colocadas en un hoyo).

En sus plazas hay siempre una iglesia digna de visitar. Las iglesias de Chiloé son Patrimonio de la Humanidad desde el 2000 y (casi) todas son chiquititas, pintadas en alegres colores y completamente hechas de madera. La más famosa es la de Castro, y la más antigua es la de Achao, que data de 1740 cuando los Jesuítas llegaron hasta aquí.

Iglesia de Castro, Chiloé
La iglesia de Castro es una de las más reconocidas de Chiloé

Ancud

Pese a que los pueblos tienen rasgos comunes, cada lugar tiene algo que lo hace único. Ancud, la ciudad más importante del norte de la Isla Grande de Chiloé, tiene el fuerte de San Carlos (bueno, sus ruinas). Desde aquí se tiene una bonita vista de la bahía, especialmente al atardecer. Chiloé fue una de las últimas posesiones del imperio español en América y se construyeron muchas fortalezas para defenderla.

Desde Ancud es fácilmente accesible la Playa de Puñihuil, donde se encuentran las pingüineras. Aquí llegan cada verano cientos de pingüinos a tener a sus crías y, una vez que aprenden a nadar, se vuelven a ir para el mar. Desde la playa salen lanchas para ver esta colonia de pingüinos, y también es posible avistar aves como cormoranes o pelícanos, que también tienen aquí su hábitat.

Pingüino en Ancud, Chiloé
Los simpáticos pingüinos hacen de este rincón de la isla su hábitat

Castro

Siguiendo hacia el sur está Castro, con su iglesia (mencionada más arriba) y sus palafitos (casas de madera construidas sobre el mar). Desde aquí se puede llegar fácilmente a Dalcahue, un pueblo pesquero famoso por su feria de artesanías que se celebra los domingos. Pero ¡ojo!, es el doble de caro que las tiendas de artesanía que se encuentran en el pueblo y el producto es el mismo, así que las cosas no son tan auténticas como pudiera parecer.

Frente a Dalcahue está la isla de Quinchao. Con unas vistas increíbles de los fiordos, aquí se encuentran pueblos como Curaco de Vélez, lugar de migración de aves, y Achao, donde se encuentra la iglesia más antigua, mencionada antes.

Chonchi y Quellón

Siguiendo la ruta 5 se llega hasta Chonchi, un pueblo muy pintoresco construído en insufribles cuestas (de ahí que le llamen el pueblo de los 3 pisos), y más al sur, a Quellón, lugar donde termina la Panamericana, carretera que cruza todo el continente desde Alaska hasta aquí. Esta ciudad es el puerto más importante del archipiélago, y desde aquí salen los ferries para viajar a cualquier otro punto del sur de Chile.

Cucao, mi lugar preferido en Chiloé

Pero, para mí, el lugar más mágico de Chiloé es el pueblito de Cucao. Situado en la costa del Pacífico, el pueblo son unas pocas casas repartidas frente al mar y al lago Cucao, no superando los 500 habitantes. Aquí se encuentra el Parque Nacional Chiloé, que cuenta con varios senderos que pueden recorrerse en unas horas y que te llevan por bosques nativos llenos de arrayanes, nalcas o coihues y las dunas de la extensa playa (creo recordar que tiene unos 20 kilómetros de longitud).

Pero no es por el Parque Nacional por lo que me gusta Cucao especialmente, sino por el Muelle de las Almas. Imagina un lugar con bosques infinitos, praderas verdes, las olas del mar estrellándose contra acantilados, la niebla creando una atmósfera de misterio… y una pasarela de madera llevándote a saltar hacia la nada. Así es el Muelle.

Muelle de las almas, Chile
Muelle de las almas

Las leyendas

Según cuenta la leyenda del Muelle de las Almas, cuando una persona muere su alma viene aquí a esperar al balsero Tempilkawe para ayudarle a cruzar al más allá en su bote de espuma blanca. Llegar hasta aquí en un día húmedo y con niebla es todo un espectáculo, y de verdad se siente que el balsero está por ahí esperando algún ánima pasajera.

El muelle está en mitad de la nada y para llegar se necesita caminar alrededor de una hora por un bosque lleno de árboles y fauna nativos. En el camino te encontrarás con el chucao, un simpático pájaro con tonos azules y naranjas que vive en las raíces de los árboles, muy inquieto y que no vuela.

Y aunque este pájaro sea de verdad, también hay una leyenda chilota a su alrededor. Dicen por ahí que si te lo encuentras al lado derecho del camino tendrás fortuna y serás feliz, pero si lo encuentras en el lado izquierdo tendrás un contratiempo en el viaje. Pero para mí que la leyenda está equivocada porque es un pajarito adorable 🙂 .

Por último, al caminar por el bosque, ¡ten cuidado con el Trauco! El Trauco es un personaje enano y grotesco de la creencia popular chilota que tiene una fuerza descomunal y un hacha de piedra, y puede incluso desfigurar la cara de un hombre solo con la mirada. Además, debes tener especial cuidado si eres mujer, ya que hechiza a las mujeres para dejarlas ¡embarazadas!

Transporte en Chiloé

Son muchos los lugares que visitar en Chiloé, pero no te preocupes porque tengo una buena noticia, y es que el archipiélago está muy bien conectado (a excepción del Parque Tantauco, al sur de la isla, que, al ser privado, no tiene servicio de transporte).

A Chiloé se puede llegar en avión, aunque creo que es más común hacerlo en barco. Para entrar al norte de la isla se debe cruzar el Canal de Chacao desde Puerto Montt. Para ello hay una barcaza que se demora unos 20 o 30 minutos (no recuerdo bien) y en la que pueden ir tanto personas a pie como vehículos. Por tanto, si tomas un autobús, cruzarás en la barcaza igualmente y llegarás por mar a Chiloé 🙂 .

De igual modo existen barcazas para entrar por Quellón a la zona sur de la Isla Grande de Chiloé. Estas barcazas (de la compañía Naviera Austral) llegan desde muchos puntos del sur de Chile, como Puerto Montt, Chaitén o Puerto Chacabuco.

Moverse por las islas

Una vez en Chiloé, tanto en el norte, como en el sur, moverse es muy fácil, ya que hay varias compañías de autobús que cubren todas las rutas de la Isla Grande entre ciudades. Después desde cada ciudad hay autobuses de línea que llegan a los pueblos de la zona. Por ejemplo, desde Castro se puede ir hasta Dalcahue y la isla de Quinchao en estos autobuses de línea (normalmente son chiquititos y azules). Incluso para llegar a lugares como la Playa de Puñihuil o el Muelle de las Almas hay autobuses de línea (aunque estos últimos no son muy frecuentes).

Yo llegué por el norte, cruzando el Canal de Achao, y fui recorriendo la isla de norte a sur. Así que me fui como llegué: en una barcaza por mar. El horario no era nada conveniente, ya que la barcaza salía a las 3 de la mañana, pero no importaba porque desde Quellón cruzaba a Chaitén para recorrer la Carretera Austral en dirección al sur. ¡Una nueva aventura estaba por llegar! 🙂

Próximo destino: Carretera Austral, primera parte.

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