Mi primera vez viajando sola

Si hay algo cierto es que para todo hay una primera vez en esta vida. La primera vez que ves el mar, que tomas una cerveza, que te montas en un avión… Y también, la primera vez viajando sola. Y no sé por qué, cuando decides hacer esto último, todo el mundo se lleva las manos a la cabeza.

Muchas veces nos asusta (a nosotras y a los de alrededor) por el miedo a lo desconocido, y es que, aunque podamos encontrar toda la información en las redes, no es lo mismo leer o escuchar las experiencias de otros que vivirlo en carne propia. Otras nos dejamos llevar por las opiniones de otros o lo que se dice en los medios de comunicación: que si ha pasado tal cosa en tal sitio, que si mira lo inseguro que es, etc. Y otras, es que nuestro subsconsciente parece decirnos que una mujer adulta no puede hacer lo que le dé la gana, y sola, aunque estemos en pleno siglo XXI.

En mi caso, decidí superar todas esas barreras que nos impiden hacer lo que queremos. Leí cientos de blogs de chicas que viajan solas, dónde habían estado, qué habían hecho en sus viajes, cómo viajaban, etc. Así, logré imaginarme cómo sería. A la vez, reflexioné sobre esa creencia que tenemos todos de que lo de fuera es mucho más peligroso que lo que conocemos. Mientras que para mi entorno todo eran peligros, yo comenzaba a ver que lo que pasaba fuera no era mucho más peligroso que lo que pasa aquí. Cualquier cosa puede pasarle a cualquiera en cualquier lugar. Y es que el mundo no es un lugar seguro, porque, admitámoslo, la seguridad es algo que no existe al 100%.

Y partiendo de esa base, decidí probar, porque para todo hay una primera vez. Decidí como destino Sudamérica, por una sencilla razón de cercanía cultural e idioma. Nunca había hecho un viaje tan largo, y nunca había viajado sola, así que podía ocurrir de todo. Por ejemplo, que pese a que la cultura sea parecida no me sintiera a gusto. O que me aburriese de estar tanto tiempo sola. O que descubriera que eso de estar hoy aquí y mañana allí no fuese conmigo. Pero eso no lo sabría hasta que no lo probase. Y, además, ¿qué pasaba si no me gustaba lo que estaba haciendo? Siempre podía comprar un billete de avión de vuelta a casa.

Tour por el Salar de Uyuni
A veces… ¡me persiguen dinosaurios!

Así que para allá me fuí, a la aventura. Y no solo no me aburrí, sino que sentí el viaje como lo más normal del mundo desde el primer momento. No hubo un solo minuto en que me arrepintiese de estar haciéndolo y, ahora que lo he probado, ¡quiero repetir! 😀

Qué he hecho

Durante estos 6 meses he hecho miles de cosas. Aquí te cuento algunas de ellas que han sido una primera vez.

He recorrido las infinitas playas de Uruguay. He caminado por dunas de arena. He bailado tango en Buenos Aires. He hecho Couchsurfing. He celebrado el Carnaval de Humahuaca más tradicional con la cuadrilla de copleros del pueblo. He hecho ofrendas a la Pachamama. He visto momias de niños incas sacrificados hace 500 años que pareciera que siguen vivos hoy día. He estado a más de 4000 y 5000 metros sobre el nivel del mar (muchas veces). He descubierto lugares perdidos en mitad de los Andes que no conoce casi nadie con una belleza incomparable. He visto lagunas de mil colores con cientos de flamencos. He visto un campo gigante de piedra pómez. He bebido los mejores vinos de Argentina. Me he llegado a pasar hasta 20 horas en un autobús.

Antofagasta - flamencosUna de esas muchas lagunas de colores con cientos de flamencos que ví

He visto pingüinos. He visto pueblos devastados por un volcán. He hecho rafting en el río Futaleufú de Chile, uno de los mejores del mundo donde hacerlo. He hecho dedo (sola y acompañada). He recorrido la Carretera Austral casi entera. He visto las Catedrales de Mármol. He visto el Glaciar Perito Moreno. He subido hasta el mirador del Fitz Roy y el del Cerro Torre en El Chaltén. He visto zorros y pájaros carpinteros. Me he perdido por 5 preciosos días en las Torres del Paine, recorriendo a pie más de 70 kilómetros. He estado debajo de un glaciar. He llegado al Fin del Mundo.

futaleufú - rafting
Foto: Sagi Marom. En Futaleufú decidí hacer rafting, ya que es uno de los mejores lugares del mundo para practicarlo.

He pasado mi cumpleaños en Valparaíso. He flotado en una laguna salada en mitad del desierto de Atacama. He visto el amanecer en un tour por el Salar de Uyuni. He estado en las minas de Potosí. Me he puesto morada a empanadas, milanesas, alfajores, guisos de la abuela, sopas de verduras y platos típicos. He visitado el lugar donde mataron al Che Guevara en Bolivia. Me han picado pulgas. Me he vestido con el traje típico de los Uros, en Perú. He visto cóndores de cerca, llamas, alpacas y baby alpacas, guanacos y vicuñas. He vivido el Inti Raymi, la fiesta inca del solsticio de invierno, en Cusco. Me he maravillado con Machu Picchu. Me he perdido en la selva del Amazonas. He tenido serpientes, caimanes y tortugas en mis manos. He visto tarántulas y otras arañas gigantes sin salir corriendo. Me han picado millones de mosquitos. He visitado Caral, la segunda civilización más antigua del mundo.

Glaciar Vinciguerra, Ushuaia, primera vez viajando sola
Debajo del Glaciar Vinciguerra. ¡Una experiencia única!

He visitado decenas de museos. He visitado decenas de sitios arqueológicos. He visitado decenas de lugares Patrimonio de la Humanidad. He visto decenas de preciosos atardeceres. He añadido un montón de estampas a mi pasaporte. He conocido a muchísima gente de todas las partes del mundo. Me he reencontrado con gente que hacía tiempo que no veía. Y me he traído millones de momentos para la anécdota, el recuerdo y la reflexión.

Qué llevaba conmigo

Antes de viajar investigué muchísimo sobre qué mochila comprar y qué llevar. Al final todo lo puedes comprar en Amazon, pero hay que leer e informarse muy bien para que el viaje se nos haga lo más ligero posible (en la primera vez viajando sola solemos pecar de “por si acasos”). Si hay algo en lo que casi todo el mundo coincidía es que, lo mejor, es ir ligero. Así que todo lo que me compré para el viaje fue estudiado a conciencia y logré llevarme unos 13 kilos. Esos 13 kilos los distribuí en dos mochilas, una grande de 40 litros y otra pequeña de 15, que juntas conforman la Osprey Farpoint 55.

En la pequeña de 15 litros llevaba todo lo importante y lo más frágil, ya que es la mochila que siempre iba conmigo (cabina del avión, autobús, etc.). Entre otras cosas llevaba la tablet, la cámara de fotos, cables y cargadores, pasaporte y dinero cuando no lo llevaba conmigo, fotocopias del pasaporte y un libro. También la utilizaba para las excuriones.

En la grande de 40 litros llevaba cosas como la ropa, todo lo del baño, una toalla, unas chanclas, un saco de dormir de verano o el botiquín. Me tocó comparme ropa cuando estuve por la Patagonia, ya que no iba preparada para el frío y, no sé cómo, ¡logré que todo cupiese en la mochila! ¡Ah! La ropa iba en bolsos, ya que así es más fácil comprimirla y que quepa más.

A medida que iba viajando iba llevando más y más cosas. Por ejemplo, esa ropa de invierno que me tuve que comprar o algún recuerdo mínimo que cabía en mi equipaje, como postales. También iba comprando una taza de desayuno de cada país, ya que es lo que colecciono desde siempre. Y claro, esto sí ocupa sitio, ¡y mucho! Así que me tuve que comprar otro bolso donde acabé metiendo lo importante (pasaporte, dinero, etc.) y las tazas comenzaron a ir en la mochila pequeña. Y además de todo esto, siempre intentaba llevar conmigo una botella de agua mineral, una pieza de fruta y galletas. Nunca sabes cuánto va a durar ese viaje en autobús o dónde estará la próxima tienda.

Dónde he dormido

Al principio del viaje reservaba algo por internet con antelación, pero, una vez que me sentía cómoda siendo nómada, dejé de hacerlo y ser más espontánea. Prefería ir a la aventura, sobre todo si era en lugares pequeños, ya que no todos los alojamientos están en internet, especialmente los más económicos y los que están en pueblitos. También te digo que he podido hacer esto porque prácticamente la totalidad de mi viaje la he hecho en temporada baja (salvo el primer mes).

Siempre que he podido he dormido en hostels, porque suele ser lo mejor en relación calidad-precio al viajar de mochilera. Los hostels siempre son un buen lugar para conocer gente, tienen un mínimo de servicios, suelen tener cocina (por lo que te puedes cocinar y ahorrar en comer) y muchos hacen actividades, tipo conciertos o excursiones.

Salta - evento hostel
Un evento en un hostel de Salta, Argentina

Pero no solo he dormido en hostels, sino que también lo he hecho en hospedajes (especialmente en la Patagonia), en tienda de campaña, en un hotel hecho de sal, en autobuses, en barcos y en casas de desconocidos. En esta última categoría entran cosas como dormir en casa del amigo de una amiga y probar Couchsurfing, quedándome por ejemplo en casa de una desconocida en Córdoba, Argentina, que resultó ser un amor 🙂 . Y, excepto dormir en hostels y casas del amigo de un amigo, todo lo demás ha sido una primera vez.

Cómo me he movido

La mayor parte del viaje la he hecho moviéndome en autobús. Es algo caro, especialmente en países como Argentina o Perú, pero, para mí, es lo mejor a la hora de recorrer grandes distancias o de ir a lugares donde no va mucha gente. Además, si el trayecto dura de 7 horas para arriba, puedes viajar de noche y te ahorras una noche de alojamiento.

También he hecho dedo, sola y acompañada. No siempre suele funcionar, pero hay lugares en los que es muy común hacer dedo ya que no hay demasiado transporte, y los lugareños lo saben y se prestan a ayudarte. Por ejemplo, en la Patagonia suele funcionar muy bien. Es una buena ocasión para conocer a gente del lugar y descubrir sobre sus costumbres y su forma de vida. Y en cuanto al tema de que sea seguro, te diré que sí lo es, y siempre puedes decir que no si para alguien que no te da buena espina.

He tomado algún que otro barco, y también tomé tres aviones. Dos fueron en Chile, donde es bastante barato moverse en avión (fui de Punta Arenas a Santiago -3 horas- con LAN por unos 51 euros y de Santiago a Calama -2 horas- con Sky por 44 euros). El otro fue en Perú, desde Puerto Maldonado (Amazonía peruana) hasta Lima con StarPerú -2 horas-, y éste fue bastante más caro (unos 110 dólares). De todos modos, te recomendaría tomar el avión solo en casos en los que moverte en otro método de transporte te lleve días (como era el caso en mis tres situaciones).

Y de lo que más orgullosa estoy, es de que también me he movido muchísimo caminando, he superado mis límites y ahora soy capaz de caminar durante horas y de subirme a cualquier montaña. ¡Y es que he hecho mucho trekking!

Torres del Paine
A los pies de las Torres del Paine. ¡Caminando se llega a cualquier lugar!

Qué he descubierto

La primera vez viajando sola es un descubrimiento constante. Entre las cosas que he descubierto hay algo que me tiene loca: soy un despiste total. Nunca he sido de perder cosas… hasta este viaje. A los 10 días de comenzar el viaje me dejé una tarjeta de crédito en una tienda en el puerto de Colonia del Sacramento, en Uruguay. Me dí cuenta cuando llegué a Buenos Aires y fui a sacar dinero en un cajero. Una semana después, más o menos, se me cayó el monedero en un autobús yendo de Alta Gracia a Córdoba, en Argentina. En ese monedero había otra tarjeta de crédito. Con lo cual me quedaba una (me había llevado 3). Menos mal que no la perdí. En Bolivia perdí las gafas de ver en un autobús entre Uyuni y Potosí. Menos mal que me quedaban lentillas suficientes para poder ver durante el resto del viaje… Y en Huaraz, Perú, me robaron la tablet por despistada y confiada. Dejé mi mochila en la agencia con la que contraté un tour y ni se me pasó por la cabeza cerrarla con un candado (cosa que hasta ese día había hecho siempre). Así que cuando llegué del tour, mi tablet ya no estaba. He perdido ropa también, pero para alguien que nunca ha sido de perder cosas, perder dos tarjetas de crédito, las gafas de ver y la tablet… es digno de estudio.

La tablet que me robaron
Esta es la tablet que me robaron… tan mona ella con su teclado y que tan bien me vino para actualizar mi blog en la ruta…

También he descubierto que tengo una paciencia infinita. ¿Que hay que meterse 15 horas en un autobús? Pues a aprovechar a ver el paisaje, a dormir y a leer, y ya llegaré. ¿Que no queda otra que hacer dedo para ir a otro lugar? Pues a esperar que alguien me lleve, y si no pasa nadie, pues mañana se vuelve a intentar. ¿Que el autobús tenía que haber pasado hace 15 minutos y no hay rastro de él? Pues a esperar, en algún momento tendrá que pasar.

Puede que entre las cosas más importantes que he descubierto se encuentre ésta: viajar implica una rutina. Normalmente asociamos viajar a no depender de horarios, poder elegir dónde ir, etc. Pero la realidad es que, sin darte cuenta, sigues una rutina. Estando de viaje tienes que desplazarte todos los días y, ¿acaso no tomas normalmente un método de transporte como el coche o el autobús? Estando de viaje tienes que comer y, ¿acaso no vas todas las semanas al supermercado? Estando de viaje tienes que levantarte a cierta hora para ver o llegar a tal sitio y, ¿acaso no te levantas todos los días a cierta hora para ir a trabajar?

Y lo que más me ha sorprendido y más feliz me ha hecho durante el viaje ha sido descubrir que yo no era la única viajando en solitario, ni la única que había decidido dar un giro a su vida. Es más, hay muchas más mujeres que hombres viajando en solitario, y la mayoría rondan los 30. El viajar por largos periodos no es algo exclusivo de hippies y estudiantes como solía ser. Y eso me dice que el mundo está cambiando para bien. Cada vez hay menos fronteras, por mucho que los gobiernos se empeñen en construir muros. Cada vez hay más gente dispuesta a conocer otras culturas y a aprender a respetar a los demás. Y cada vez hay más personas que quieren aportar su granito de arena para convertir al mundo en lugar más abierto, sostenible, conectado y humano.

Cómo me he sentido en mi primera vez viajando sola

En estos 6 meses viajando me he sentido libre, feliz, afortunada, dueña de mi vida, decidida, curiosa, enérgica y, sobre todo, autorrealizada. ¿Y sabes por qué? Porque no había nadie que me frenara. Porque he decidido yo en todo momento qué hacer. Porque no había nadie que me dijera dónde tenía que ir o cómo tenía que hacer las cosas. Porque me he dado cuenta de que yo, y solo yo, soy la que puede lograr vivir la vida que quiero vivir.

Y después de compartir mi experiencia contigo (que ha sido LA experiencia de mi vida), me gustaría saber de la tuya. ¿Has viajado sola alguna vez? ¿Dónde has ido? ¿Cómo fue tu primera vez viajando sola? O quizá, ¿aun no te atreves a dar el paso? ¿Cuáles son los miedos y dudas que te frenan para hacerlo? Espero tus comentarios. ¡Pueden ayudar mucho a otras viajeras! Y recuerda… Para todo hay una primera vez.

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