Siguiendo mi tradición: mi cumpleaños en Andorra


Es oficial: ¡tengo una nueva tradición viajera! Y es una tradición muy, muy adictiva, ya que se trata de viajar a un país diferente cada vez que cumplo años. Y esta vez, he celebrado mi cumpleaños en Andorra 😀 .

El comienzo de la tradición

Todo empezó hace 4 años, cuando un amigo encontró un vuelo a Río de Janeiro justo por las fechas de mi cumple y se lo compró al instante. Recuerdo perfectamente que era San Patricio. Estaba tan emocionado contándoselo a todo el mundo que ¡dejé la Guinness de lado y me fui al ordenador a comprarme el billete yo también! Bueno, miento. La Guinness me la llevé conmigo (por si había que celebrar… XD).

El caso es que acabamos comprando aquel billete baratísimo un grupo de 9 personas de lo más dispar (muchos ni nos conocíamos entre nosotros). ¡Y para Río que nos fuimos! Así empezó una tradición que no solo he mantenido, sino que estoy dispuesta a seguir manteniendo para siempre.

(Si queréis leer sobre Río de Janiero podéis hacerlo en mi sección de Brasil, pero ahora no quiero enrrollarme con lo bonita que es… porque no pararía 🙂 )

Islandia y Chile, los cumpleaños de la reflexión

Después llegó Islandia, en 2015. Como puedes leer en el post que dediqué a aquel día cumpleañero, por entonces lo consideraba una casualidad. El caso es que fue un día redondo con buena compañía, caminando por un glaciar, comiendo tiburón… y disfrutando de los paisajes islandeses que son increíbles.

Celebrando mi cumpleaños en mitad del glaciar Solheimajökull Islandia

Celebrando mi cumpleaños en mitad del glaciar Solheimajökull

Creo que fueron estos paisajes los que me hicieron ‘click’ para dejar mi vida en Alemania y lanzarme a hacer un viaje por Sudamérica. Y así, me planté en 2016 celebrando mi cumpleaños en Valparaíso, Chile. Cumplía 30, así que era un buen momento para hacer un ejercicio de introspección, sobre todo acerca del viaje que estaba realizando. Las reflexiones (y lo que pienso de la ciudad) lo puedes leer en mi post sobre Valparaíso.

2017: cumpleaños en Andorra

Y así me he plantado en 2017. Como mi vida últimamente es un no parar y un estrés constante entre trabajo, blog, asociaciones de bloggers, viajes… esta vez necesitaba un descanso. Además no tenía mucho tiempo para preparar algo. Así que pensé, ¿dónde me voy que esté cerca para pasar al menos el fin de semana fuera de casa? Y al mirar el mapa, la respuesta fue fácil.

Andorra estaba cerca, tenía balnearios y montañas. Era ideal para ese finde relax que se me había antojado. Así que ¡sigo cumpliendo la tradición! (Aunque bueno, en esta ocasión ha habido una pequeña trampa. Ya había estado en Andorra, aunque hace más de media vida de eso… así que se me perdona, ¿no? 🙂 ).

Lo que dio de sí mi finde en Andorra

El viernes por la mañana tomé el bus para Andorra, que es una de las maneras más fáciles de llegar hasta el pequeño país desde Barcelona. Por el camino me enamoré de los paisajes. Se pasa por la montaña de Montserrat, el pre-Pirineo y, cuanto más cerca de Andorra, ¡todo se vuelve más y más increíble! Así que tuve mi momento de reivindicar el viaje en autobús… que se me pasó en cuanto tomé el de vuelta a Barcelona, porque el aire acondicionado se salía por el hueco de la luz individual y me congelé.

mi cumpleaños en Andorra, vista hotel

Esta era la vista desde la terraza de mi habitación… No está mal, ¿no?

En fin, una vez en Andorra me volví más loca aún cuando ví la super habitación de mi hotel 4 estrellas y ¡las vistas! Y sí, lo sé. Siempre defiendo a capa y espada el hostel para viajar sola, pero esta vez el modo relax así lo requería… y qué le vamos a hacer jeje.

El caso es que el fin de semana discurrió entre spa y montañas. El objetivo era relajarme, pero no podía estar rodeada de tanta belleza paisajística y no aprovecharlo… Así que el día de mi cumpleaños me calcé las botas y me fui a subir una montaña cerca de Anyós.

Font del Mallol, Andorra

¡Arriba de la montaña! Cómo echaba esta sensación de menos…

He de reconocer que mi forma no es la que solía ser cuando me hacía mis treks por la Patagonia, ¡pero lo completé! Llegué hasta la Font del Mallol, a unos 2.000 metros sobre el nivel del mar, y desde allí había una vista muy bonita de los picos nevados de alrededor. Tuve bastantes agujetas después de mi caminata de 4 horas, pero el esfuerzo valió la pena.

Con esto sacié mi sed de montaña, y el resto del fin de semana lo pasé metida en el spa. Que si jacuzzi, que si burbujas, que si chorro de esos que te dejan la espalda roja… Un gustazo.

Spa Anyós Park

El spa del hotel Anyós Park al caer la noche… Una pasada.

Así que al final el objetivo del viaje lo cumplí, que era relajarme y desconectar. Ahora, a la vuelta, todo sigue igual que antes, pero al menos he disfrutado de mi auto-regalo. Y que sean muchos más, porque me quedan muchos países por descubrir. Happy Birthday to me! 🙂

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