#39 Machu Picchu

Ir a Machu Picchu es mágico. Es una aventura que todo el mundo debería vivir una vez en la vida. Para mí, era uno de los lugares clave de mi viaje por Sudamérica y no decepcionó en absoluto.

Cuando planeaba mi viaje había decidido que tenía que estar en Machu Picchu el día de mi 30 cumpleaños. Era algo así como el lugar ideal en el que cumplir años, tener tiempo para echar la vista atrás y reflexionar sobre pasado, presente y futuro. Pero las cosas no salen como uno las planea, y eso es algo que aprendería pronto en mi viaje. Mi cumpleaños era 5 meses después de comenzarlo, y tenía que pasar por Uruguay, Argentina, Chile y quizá Bolivia antes de llegar aquí… Y obviamente no llegué a tiempo. Al final mi cumpleaños coincidió en Valparaíso, que oye, tampoco está mal cumplir años allí 🙂 .

Finalmente visité Machu Picchu el 22 de junio, un día después del solsticio de invierno, fecha clave para los pueblos andinos. Quizá por eso me pareció que Machu Picchu tiene una magia especial. O quizá fue su entorno, con montañas puntiagudas innacesibles, cubiertas de una vegetación casi selvática. O por lo místico de un lugar que se atribuye a los incas, pero que podría ser incluso anterior a ellos. No sé si sea algo o nada de eso, o puede que sea todo junto. Lo que sí sé es que Machu Picchu atrapa.

Conociendo Machu Picchu

Detalle de una casa en Machu Picchu. Por qué se construyó esta ciudad es aun un enigma...
Detalle de una casa en Machu Picchu. Por qué se construyó esta ciudad es aun un enigma…

Como te contaba en mi anterior post, “Qué ver en Cusco, la ciudad imperial“, Cusco fue la capital del imperio inca. Mi visita la hice desde allí, puesto que es la puerta de entrada a Machu Picchu. No solo por ser el lugar desde el que acceder al sitio arqueológico, sino también porque es en Cusco donde se puede aprender mucho sobre los incas, lo cual me serviría como base para entender la historia de Machu Picchu.

Además, antes había comprado el libro “The lost city of the incas” (“La ciudad perdida de los incas”) de Hiram Bingham. En este libro el autor describe cómo “descubrió” Machu Picchu y es perfecto para ir sabiendo algo más del lugar antes de visitarlo. Digo “descubrió”, entre comillas, porque él simplemente lo hizo famoso, pues era conocido por los lugareños, que incluso seguían usando las terrazas de Machu Picchu como campos de cultivo. Este norteamericano se llevó la fama, pero la sensación que tengo es que a los lugareños no les agrada demasiado. Una de las cosas que más me llamó la atención fue que la guía comentaba que Bingham había destrozado Machu Picchu. Contaba escandalizada cómo le había prendido fuego al sitio arqueológico para limpiarlo de la vegetación. Pensándolo bien, a la señora no le faltaba razón. ¡Menuda ocurrencia!

Si bien se dice que Machu Picchu podía ser el lugar de retiro del inca, o un lugar religioso y ceremonial, lo cierto es que no se sabe a ciencia cierta por qué se fundó esta ciudad. Tampoco se sabe qué ciudad inca era, y el nombre se le dio simplemente porque los lugareños llamaban a la montaña cercana Machu Picchu. Bingham estaba empeñado en descubrir la que fuera la última ciudad de los incas, que según las crónicas sería Vilcabamba, y por un momento pensó que podía estar ante ella. Sin embargo, después se encontraron otros restos de otras ciudades y el enigma de Machu Picchu sigue hasta hoy día.

Mi visita a Machu Picchu

Como te decía, Machu Picchu era uno de los lugares a los que tenía que ir sí o sí en mi viaje. Por eso, y ya que no había coincidido con mi cumpleaños, decidí sacarle partido a la entrada y disfrutar del santuario por un día completo. Como Machu Picchu no está a la vuelta de la esquina, lo que hice fue dedicar tres días a la excursión: uno para ir hasta Aguas Calientes, otro para visitar la ciudadela y otro para volver a Cusco.

Pero antes de darte más detalles, déjame aclarar algo sobre los lugares clave de esta aventura:

  • Cusco es el punto de partida para ir hasta Machu Picchu, es decir, vayas como vayas, debes comenzar en Cusco.
  • Aguas Calientes (o Machu Picchu pueblo) es el pueblo más cercano al santuario de Machu Picchu. Está a unos 200 kilómetros de Cusco y no están conectados por carretera; solo por tren.
  • La hidroeléctrica es hasta donde llega la carretera (que desde Cusco pasa por el Valle Sagrado y otros pueblos como Santa Teresa). Desde aquí, hay que caminar hasta Aguas Calientes por las vías del tren.
  • Machu Picchu es el santuario. No está en el pueblo de Aguas Calientes, sino que está en lo alto de una montaña. Para subir hay que caminar o tomar un bus, como te cuento en el post “Guía para visitar Machu Picchu“.

Dicho esto, te puedes imaginar que hay varias opciones para ir a Machu Picchu (te lo cuento en el siguiente post también). Yo me decanté por ir por mi cuenta y gastarme lo menos posible. Esto es, ir hasta la hidroeléctrica, el último lugar al que se puede acceder por carretera y caminar por las vías del tren hasta Aguas Calientes. Me informé sobre cómo ir y descubrí que las agencias de viaje en Cusco suelen ofrecer el transporte hasta la hidroeléctrica. Por 65 soles (unos 17 euros) tenía la ida el día 21 y la vuelta dos días después en furgoneta.

Día de ida

El punto de encuentro era a las 8 de la mañana el día acordado con la agencia. Llegaron puntuales y nos fuimos en dirección a la hidroeléctrica. El trayecto duró unas 6 o 7 horas con dos paradas. Sí, es muy largo, pero hay que tener en cuenta que la mayor parte de la carretera es de montaña y que, llegado un punto, deja de ser carretera para ser camino de ripio (¡y va pegadito a los precipicios!). Lo bueno de todo esto es que vas viendo cómo cambia el paisaje, y te aseguro que hay vistas impresionantes.

Uno de los tantos paisajes que se pueden ver en las 6 o 7 horas de camino entre Cusco y la hidroeléctrica
Uno de los tantos paisajes que se pueden ver en las 6 o 7 horas de camino entre Cusco y la hidroeléctrica

Llegamos a la hidroeléctrica sobre las dos de la tarde con bastante sol y calor (pese a ser el día que entraba el invierno) y ahí el grupo se separó. Algunos iban en tour y tenían contratado el almuerzo, mientras que otros solo teníamos contratado el transporte. Yo llevaba algo para comer, así que comí rápido y tomé las vías del tren camino a Aguas Calientes. Bueno, yo, y otros cientos de personas que también habían decidido ir por la vía económica 🙂 .

Recorrí los 12 kilómetros (aprox.) que separan la hidroeléctrica de Aguas Calientes en unas dos horas. El recorrido no tiene pérdida y pese a ir por las vías del tren es bastante seguro. Al fin y al cabo no pasan tantos trenes y cuando lo hacen, tocan la bocina durante todo el trayecto para que te apartes. Además de seguro, es bonito, ¡y hasta se ve Machu Picchu desde abajo!

El camino por las vías del tren es bastante seguro y muy bonito
El camino por las vías del tren es bastante seguro y muy bonito

Llegué a Aguas Calientes sobre las 5 de la tarde. No llevaba alojamiento reservado, pero no me resultó difícil encontrar un hostal donde quedarme. 20 soles la noche (5 euros) con wifi y agua caliente. Lo básico, pero lo necesario. Me di una vuelta por Aguas Calientes y la verdad es que es un pueblito agradable. Los precios están demasiado inflados, especialmente en el mercado de artesanías y los restaurantes, pero se pueden encontrar menús y ofertas por 15 o 20 soles que incluyen dos platos y bebida.

Día de visita

La mayoría de la gente que visita Machu Picchu se levanta sobre las 4 de la mañana para poder subir al santuario a tiempo para ver el amanecer (sobre las 6 de la mañana, que es cuando abre). Teniendo en cuenta que la mayoría de esta gente se va sobre las 11 de la mañana de vuelta a Cusco, es comprensible. Pero yo tenía todo el día, así que decidí no madrugar tanto y tomarme el día con calma.

Me levanté sobre las 7, desayuné y me fui para el santuario caminando. Desde Aguas Calientes hasta el desvío al santuario se tardan unos 15 minutos y, desde ahí, otra hora más de subida por escaleras. Hay dos maneras de subir a Machu Picchu: en bus o caminando. Como te había dicho, yo quería gastarme lo menos posible, así que subí caminando, que es gratis 🙂 . Tardé una hora exacta y cuando llegué arriba estaba empapada en sudor, en tirantes y con los pantalones arremangados, mientras que todos los que habían subido en bus se escondían del frío dentro de sus abrigos. No está mal como ejercicio mañanero, ¿no?

En la hora de escaleras hasta Machu Picchu se tienen vistas como ésta... No está mal, ¿no?
En la hora de escaleras hasta Machu Picchu se tienen vistas como ésta… No está mal, ¿no?

Llegué arriba sobre las 8 y media y había algo de cola para entrar, pero fue rápido. ¡Por fin estaba entrando en Machu Picchu! ¡No me lo podía creer! Pero mi alegría duró unos 5 minutos, hasta que llegué a un punto desde el que se ve el santuario en su esplendor… y las otras 2499 personas que había ese día visitándolo también. Pregunté a un guardia de seguridad y le comenté que tenía todo el día para la visita, así que qué era lo que me recomendaba hacer para evitar a la masa. Me dijo que me fuera hasta la Puerta del Sol, que es el punto más alejado, y que así, cuando volviese, habría menos gente. Y así lo hice.

Explorando Machu Picchu

La Puerta del Sol es una de las puertas de entrada a Machu Picchu. De hecho, hoy día sigue en “uso” ya que los participantes del Inca Trail entran por aquí al santuario después de completar sus 5 días de caminata desde Cusco. Se llama así porque es por donde sale el sol, tan sagrado para los incas. Llegar hasta aquí cuesta un poco, porque el camino es algo empinado, pero ¡la vista es espectacular! Muy recomendable quedarse aquí un ratito a contemplar la ciudadela desde la lejanía, el camino en zig-zag del autobús, el río en lo más profundo del valle…

Así de pequeñito se ve Machu Picchu desde la Puerta del Sol. A la izquierda, el caminito hasta aquí. Bajo Machu Picchu, el zig-zag del camino del autobús. A la izquierda, el río y todo el increíble valle en el que se encuentra la ciudadela.

Tras visitar la Puerta del Sol y quedarme un rato allí, decidí volver a ver si había menos gente. Sí, tenía mucha fe. Así es cómo estaba Machu Picchu sobre las 11 de la mañana:

Detalle de la Plaza Sagrada de Machu Picchu sobre las 11 de la mañana.
Detalle de la Plaza Sagrada de Machu Picchu sobre las 11 de la mañana.

Así pues, me fui para otro punto alejado, que es el Puente del Inca. Para visitarlo es necesario registrarse al entrar y al salir como medida de seguridad. Y, ¿por qué?, te estarás preguntando. Pues porque para llegar a ver el puente (porque no se puede acceder a él), se va por un sendero muy estrecho pegado en la montaña… con el precipicio al lado. Lo que más me llamó de este lugar, es que después del puente (que es una madera pegada a la montaña sobre el precipicio) sigue el camino de piedra por la montaña, y los escalones de esta antigua vía de comunicación se pierden en la vegetación. Y yo me pregunto, ¿a dónde iría ese camino inca? Un misterio para mí.

El angosto Puente del Inca y el camino misterioso que me pregunto a dónde llevará...
El angosto Puente del Inca y el camino misterioso que me pregunto a dónde llevará…

Tras la visita al puente, que lleva una media hora, volví y aun no se había despejado nada. Así que decidí pasear por los lugares con menos gente y sentarme a contemplarlo todo. El increíble paisaje que rodea Machu Picchu, la cantidad de gente que había, cómo hacían cola para sacarse la tan ansiada foto, cómo corrían para poder verlo todo en las pocas horas que tenían… Cuanto más me fijaba en las prisas de la gente, más complacida me sentía de haber reservado todo el día para la visita. Decidí comerme mi sandwich (en teoría está prohibido pero la mayoría lo hace) y salir para contratar un guía para la tarde.

Machu Picchu para mí

Cuando volví a entrar con la guía ya eran aproximadamente las 2 de la tarde y había mucha menos gente. Lo bueno de contratar el tour por la tarde es que hay menos gente por la ciudadela, así que no tendrás que preocuparte de perderte entre la multitud ni de pelearte por hacer una foto. Además, que en el grupo hay menos gente y es más fácil seguir las explicaciones. La visita dura unas dos horas y me costó 20 soles (5 euros), aunque en general pedían 25. El recorrido te lleva por toda la ciudad sagrada, poniendo especial énfasis en el Templo del Sol y la Plaza Sagrada.

El Templo del Sol es uno de los más importantes y reconocibles. Desde aquí se observaba la rotación del sol, lo cual era posible gracias a la curvatura del edificio y las dos ventanas, que era por donde entraba el sol en cada solsticio (verano e invierno). Por su parte, la Plaza Sagrada es llamada así porque aquí se encuentran el Templo de las Tres Ventanas, El Templo de la Luna y la Casa del Sacerdote. Estos son los tres templos más importantes de Machu Picchu y están en un lugar privilegiado, en la parte más alta de la ciudadela.

Una vez terminada la visita, sobre las 3 y media de la tarde, tenía aun tiempo libre para disfrutar la ciudad por mi cuenta y sin agobios. Y ahora sí, la masa se había esfumado y éramos pocos los que ya quedábamos. Visitar Machu Picchu a estas horas es mágico por dos motivos: uno, porque hay mucho menos ruido, por lo que puedes disfrutar del silencio de uno de los lugares más místicos del planeta, y dos, porque hay momentos y lugares en los que tienes Machu Picchu para tí.

Machu Picchu sobre las 4 de la tarde, cuando la gran mayoría de gente ya se había ido. ¡Todo un gustazo!
Machu Picchu sobre las 4 de la tarde, cuando la gran mayoría de gente ya se había ido. ¡Todo un gustazo!

El santuario cierra a las 5 de la tarde, pero los guardas de seguridad comienzan a cerrar pasajes e invitar a la gente a abandonar el lugar sobre las 4 y media. Se acababa la magia… De camino a la salida hice una última parada para poner la estampa de Machu Picchu en mi pasaporte (es gratis). Una vez fuera emprendí el camino de vuelta por las mismas escaleras que había subido y en unos 40 mintuos estaba de vuelta en Aguas Calientes.

Día de vuelta

Al día siguiente tenía que estar de vuelta en la hidroeléctrica sobre las 2 de la tarde para tomar la furgoneta a Cusco. Calculando que tardé dos horas en hacer el trayecto, decidí desayunar con calma y salir sobre las 10 y media de la mañana para hacer una parada en el camino. Más o menos a mitad de trayecto hay unos jardines llamados Jardines del Mandor. Además de ser restaurante y cafetería, se ocupan de cuidar un jardín con la flora del lugar y, ¡sorpresa! entre tanta planta hay una bonita cascada escondida. La entrada cuesta 10 soles (2,5 euros) y la visita lleva unos 45 minutos entre ida y vuelta, así que puede hacerse sin problemas en el camino.

Tuve tiempo de almorzar también en un restaurante cercano a la parada de la hidroeléctrica. No recuerdo el nombre, pero está junto a las vías y tenía también un patio con hamacas. El menú eran 10 soles (2,5 euros) y consistía en una sopa y un segundo a elegir, con postre y bebida. Estos menús son algo muy típico en Perú, por lo que si no aprovechas a comer barato, es porque no quieres 😉 .

La verdad es que la vuelta se me hizo muy pesada, y llegué a Cusco queriendo solo dormir. Al día siguiente me esperaba otro día movidito, y es que era el Inti Raymi, la representación de la celebración inca del solsticio de invierno, y no pensaba perdermelo.

Mañana te contaré en un nuevo post qué opciones tienes para ir a Machu Picchu, cómo conseguir las entradas y algunos consejos para disfrutar de tu visita. Mientras tanto, aquí te dejo esa foto tan simbólica que todos queremos tener porque tiene un único significado universal: el de haber hecho un sueño realidad.

Dedicar un día completo a visitar Machu Picchu te permite, entre otras cosas, tener el santuario para tí
Dedicar un día completo a visitar Machu Picchu te permite, entre otras cosas, tener el santuario para tí. ¡Un sueño hecho realidad!

Próximo destino: El Valle Sagrado de los Incas.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *