Costa Brava a pie: de Lloret a Tossa de Mar

Hace unos días te contaba mi recorrido a pie entre Blanes y Lloret de Mar, la primera etapa de una de mis metas viajeras: recorrer la Costa Brava a pie. Hoy retomo mi aventura para contarte cómo es la segunda, entre Lloret y Tossa de Mar. ¿Me acompañas?

Esta etapa tiene una longitud de unos 14 kilómetros y se puede hacer perfectamente en unas 4 horas porque no tiene demasiada dificultad (salvo algunos tramos de escaleras). Lo que más me gustó fueron los momentos en que el sendero va pegado al mar. Y es que la esencia de la Costa Brava es poder ver cómo las olas se estrellan contra los acantilados y descubrir pequeñas calas por aquí y por allí. Mi recorrido comenzó el día anterior en Blanes, y me encantó todo lo que ví hasta llegar a Lloret de Mar (haz clic para ver todo lo que puedes hacer en la localidad). Allí hice noche y descansé para recuperar fuerzas y completar esta segunda etapa.

Dejando atrás LLoret

Una vez fuera de Lloret, los primeros metros del sendero transcurren por el camino de ronda de la localidad. Tras subir unas escaleras con vistas muy bonitas, llegué al Poblado Íbero del Turó Rodó, un pequeño yacimiento en el que se conservan los restos de varias casas. Una de ellas está reconstruida y podemos saber más sobre la manera en que vivían los habitantes del poblado. El recinto es muy pequeño por lo que la visita es muy rápida. Cuesta 3€, y para llegar hasta él hay que tomar un desvío de 50m desde el camino de ronda.

Turó Rodó
Una de las estancias de la casa íbera reconstruida en Turó Rodó

Tras la visita, volví al sendero y seguí caminando por el borde del mar, junto a los acantilados, hasta llegar a la Cala Tortuga. Unas largas escaleras me llevaron hasta una urbanización, y aquí dio comienzo la parte más aburrida del GR92. Durante un rato el sendero discurre por urbanizaciones hasta llegar a la playa de Canyelles.

Entre urbanizaciones y bosque

Tras una pausa en la playa, el camino vuelve a introducirse entre urbanizaciones. Llega un momento en el que hay un desvío hacia la Cala Morisca. Si se continúa por él se llega hasta esta cala y, consultando las rutas ue han realizado otros senderista, vi que se puede llegar hasta Tossa desde allí siguiendo la costa. En mi caso, como no tenía garantías de que el camino estuviese abierto (ya me pasó el día anterior que había un tramo cerrado), opté por seguir el GR92.

El camino continuó un poco más entre casas para adentrarse después en el bosque. Fue como entrar en otro mundo. Tras haber comenzado el día pegada al mar, y después ver solo asfalto y casas, ahora estaba en completo contacto con la naturaleza, paseando por un bosque típico mediterráneo. Apenas me crucé con gente, así que disfruté del silencio. No se oían las olas del mar, tampoco conversaciones, ni coches.

El camino seguía y fui consciente de que me alejaba del mar cuando comencé a esuchar coches de nuevo y ví que estaba cerca de la carretera. Y es que una pega que tiene esta parte del sendero, es que hay que hacer un tramo junto a ella. De ahí que la opción de investigar la ruta desde Cala Morisca suene más apetecible y puede que vuelva a intentarlo más adelante.

Llegando a Tossa de Mar

De todos modos, tras recorrer este tramo de carretera, el camino vuelve a entrar en el bosque hasta enlazar con el camino de ronda de Tossa de Mar. Y aquí vuelven los “Wow”.

El primer punto de este camino de ronda es el mirador de la Punta d’es Cards, desde el que se tienen increíbles vistas de los acantilados de esta zona. Desde aquí el camino es de bajada y unos minutos más tarde, desde otro mirador, ya se divisan los torreones de la parte amurallada de Tossa de Mar.

Lo más bonito de todo el trayecto llegó cuando me acerqué a Tossa de Mar y ví la playa de Es Codolar con las murallas de la ciudad vieja. ¡Un espectáculo para la vista!

Tossa de Mar
La llegada a Tossa de Mar con esta vista es como para decir “Wow”, ¿no crees?

Esta “entrada triunfal” en Tossa de Mar es algo así como un regalo, ya que no es la imagen de la localidad que estamos acostumbrados a ver. ¡Y a los viajeros nos encantan estas bonitas sorpresas!

Tossa de Mar

Una vez en Tossa, es imprescindible caminar por el recinto amurallado. Entre sus callejuelas de piedra hay rincones verdaderamente bonitos, ya que es la única localidad costera de Cataluña que conserva tan bien su parte medieval. Se puede subir a las murallas y caminar por ellas durante un tramo, o hasta el faro, donde hay bonitas vistas especialmente al atardecer.

Ava Gardner en Tossa de Mar
Ava Gardner está presente en ese lugar de la Costa Brava que tanto amó

Me encantó encontrarme la estatua de Ava Gardner. Unos días antes de visitar Tossa de Mar conocí su historia en el libro “Hablarán de nosotras”, de Sandra Barneda. Resulta que Ava vino a Tossa a rodar la película “Pandora y el Holandés errante” y se enamoró no solo de la Costa Brava, sino del país. Se quedó 12 años a vivir en España, una época en la que fue la reina de los eventos de sociedad y disfrutó muchísimo de la vida. Hoy Tossa rememora aquellos tiempos con este monumento y su imagen es el souvenir estrella en las tiendas de recuerdos.

Una vez fuera de la parte medieval, la estampa más bonita de la localidad se tiene desde la playa. La arena, los torreones y la muralla de la parte vieja componen esa imagen que convierte a Tossa de Mar en una de las postales más recordadas de la Costa Brava. ¿Se te ocurre un lugar mejor para poner fin a esta jornada?

Tossa de Mar
Con una postal así, no se puede pedir más…

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