#35 Copacabana y la Isla del Sol

Tras el caos de La Paz era hora de conocer algo más tranquilo. El Lago Titicaca, en la frontera con Perú, era mi última parada en Bolivia y no defraudó.

El Titicaca es el lago navegable más alto del mundo, situado a 3800 metros sobre el nivel del mar, y es tan grande que no se ve la otra orilla. Recuerda al mar, y es que cuenta con playas, calas, acantilados e incluso olas. Del lado boliviano, el lugar más conocido es Copacabana, un pueblo muy turístico que se convierte en el punto de partida para conocer la Isla del Sol, lugar en el que, según los Incas, se originó el mundo, ya que Manco Capac y Mama Ocllo surgieron de las aguas del lago para fundar el Tahuantinsuyo (el imperio inca). Un monumento con sus figuras, representando el sol y la luna, nos recuerda este pasado de leyendas a orillas del Titicaca en Copacabana.

Atardecer en la Isla del Sol, donde es frecuente cruzarse con todo tipo de animales, como por ejemplo estas simpáticas ovejas
Atardecer en la Isla del Sol, donde es frecuente cruzarse con todo tipo de animales, como por ejemplo estas simpáticas ovejas

Copacabana

Copacabana nada tiene que ver con la playa de Río de Janeiro. Para comenzar, el clima no es ni parecido y, para seguir, en Copacabana no hay una playa como tal, sino más bien un puerto repleto de barquichuelas que van hasta la Isla del Sol.

Si hay algo que llama la atención es su Basílica de la Virgen de Copacabana. Su torre me recordó a la Giralda de Sevilla y el recinto en sí es enorme. La capilla no tiene tanto de especial; lo más espectacular es ver el edificio por fuera y toda la explanada frente a la plaza, donde destacan varias cruces.

Otro lugar que no hay que perderse es el Cerro del Calvario. No es fácil subir hasta aquí, ya que falta el aire. Recordemos que Copacabana y el Titicaca están a 3800 metros sobre el nivel del mar, y la cima del cerro está a 4100 metros. Ahora, la vista que hay desde arriba es muy bonita, del pueblo y de lo que se alcanza a ver del lago, con la Isla del Sol a mano derecha.

Copacabana vista desde el Cerro del Calvario, con sus decenas de barquichuelas que todos los días ponen rumbo a la Isla del Sol
Copacabana vista desde el Cerro del Calvario, con sus decenas de barquichuelas que todos los días ponen rumbo a la Isla del Sol

Isla del Sol

A la Isla del Sol hay que ir y quedarse, especialmente si se va en pareja o con amigos. La isla es pequeñita, pero es un lugar en el que relajarse y conocer más sobre la cultura inca. Como decía antes, el Lago Titicaca parece el mar por lo grande que es, y es especialmente desde la Isla del Sol desde donde se ve como tal. En muchas ocasiones podría haber jurado estar en el Mediterráneo, por el azul del agua y la vista sobre los acantilados y el horizonte. ¡Ver cómo cae el sol al atardecer sobre el lago desde la zona norte de la isla es imperdible!

Y es que, de hecho, lo más interesante está en la zona norte. Además del atardecer y los paisajes, aquí se encuentran las ruinas incas de la isla. De entre ellas, lo más interesante es el templo Chinkana, que siginifica “laberinto”, ya que sus pequeñas habitaciones forman una arquitectura muy compleja en la que es fácil perderse. También se destaca la mesa ceremonial y la roca sagrada, donde se puede ver la cara del Dios Viracocha tallada de forma natural en la roca.

El templo Chinkana, un laberinto de ruinas a orillas del Titicaca
El templo Chinkana, un laberinto de ruinas a orillas del Titicaca

Lo que la mayoría hace es ir a la zona norte, quedarse una noche y al día siguiente ir hacia la zona sur caminando (unas 3 horas), y tomar el barco de regreso a Copacabana desde allí. Esto hay que planearlo muy bien, ya que los horarios de los barcos son limitados. Por ejemplo, para volver desde la zona norte de la Isla del Sol hasta Copacabana, el último barco es a las 13:30.

En mi caso, fui a la zona norte y me quedé allí dos noches y tres días, volviendo directamente desde esta zona también. Preferí disfrutar de la playa antes que hacer la caminata hasta la zona sur, ya que los días estaban calurosos. Aun así, me resultó imposible meterme en el lago y solo pude meter los pies ¡de lo fría que estaba el agua!

La Isla del Sol es imprescindible en un viaje por Bolivia. Allí parece que se ha detenido el tiempo. Mientras tú estás en una playa de la zona norte puedes ver cómo una muchacha boliviana lava la ropa en el lago, unos pastores llevan a sus bueyes a beber agua del Titicaca o unas cholitas embarcan en su pequeño bote para salir a pescar algo para la cena. Es muy frecuente cruzarte con cerdos, ovejas o burros por las calles (caminos, mejor dicho), que en total seguramente sean muchos más habitantes que las personas de la isla. Los alojamientos son muy básicos, sin wifi, ni desayuno, a veces ni siquiera agua caliente, pero sus dueños son muy hospitalarios. Todo es muy barato y su gente muy humilde, todos de origen quechua y aymara, los pueblos indígenas de Bolivia, y dan ganas de gastar en todas las tiendas para echarles una mano. Y es que, pese a que la isla es muy visitada, parece que el dinero no repercute en la población.

Para mí es uno de los lugares más sorprendentes de mi viaje por Sudamérica. Su entorno, su gente y su historia hacen que sea un lugar mágico. Por eso se lo recomiendo a todo el mundo; que vaya y se quede varios días, porque la Isla del Sol es para disfrutarla con calma.

Próximo destino: Puno y las Islas de los Uros.

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