#21 Carretera Austral I: de Chaitén a Coyhaique

¡La Carretera Austral! Ese sueño viajero que recorre más de 1000 kilómetros en la Patagonia chilena entre los bosques más verdes, montañas con glaciares, lagos inmensos y ríos salvajes. Increíbles paisajes… ¡a cada cual más bonito! En este post te cuento mi recorrido entre Chaitén y Coyhaique. ¡Que lo disfrutes!

Chaitén

Ok, no recorrí la Carretera Austral entera, pero creo que vi lo más bonito de ella. Creo que comencé en un buen punto, Chaitén, porque es uno de los lugares más curiosos que te puedes encontrar en la ruta. Hace 8 años el volcán Chaitén hizo erupción después de cientos de años de inactividad y dejó un panorama desolador aquí.

La erupción en sí no tuvo ningún daño directo sobre el pueblo, pero el volcán expulsó grandes cantidades de material volcánico. Días despúes comenzó a llover, y esa lluvia arrastró todo ese material junto con árboles y rocas hasta el río, que se colapsó y desbordó a su paso por el pueblo. Afortunadamente, el pueblo había sido desalojado y no había nadie allí, pero aun hoy se pueden ver los efectos.

Ruinas de Chaitén, Chile
Ruinas de Chaitén, con el Volcán y sus fumarolas detrás

El pueblo quedó enterrado bajo 1 o 2 metros de lodo y aun hoy día muchas casas siguen enterradas, abandonadas o destruidas. Muchas de ellas ya se demolieron, y otras tantas han quedado ahí a modo de museo para recordar lo que pasó. Muchos de los habitantes de Chaitén volvieron a sus casas, pero muchos otros vendieron sus propiedades al Estado y no volvieron jamás. Por eso ahora el pueblo es algo así como un pueblo a medias, casi fantasma.

Parque Pumalín

Mientras, el Volcán Chaitén sigue presente con sus fumarolas, que son visibles desde el pueblo. Si nos acercamos hasta él, podemos ver la destrucción que dejó también en el Parque Pumalín, donde se encuentra, ya que la lava arrasó con todos los árboles de la zona. La vegetación se ha ido recuperando y ya se pueden ver algunos árboles pequeños, arbustos, helechos y nalcas, pero aún se nota cuál fue la zona afectada.

El Parque Pumalín cuenta con varios senderos, entre ellos el que llega hasta el borde del cráter antiguo del Volcán Chaitén (digo antiguo porque tras la última erupción el volcán arrojó tanto material que ahora mide 200 metros más que antes). En la zona también se encuentra el Volcán Michinmahuida y existe un sendero para acercarse hasta él.

Parque Pumalín, Chaitén
Una de las Cascadas Escondidas en el Parque Pumalín

Si se quiere hacer senderos algo más sencillos, existe el Sendero de los Alerces, que atraviesa una zona del parque repleta de alerces. Algunos de los árboles de esta zona tienen más de 3000 años de antigüedad y se encuentran protegidos por ser una especie que tarda mucho en crecer. Próximo a este sendero se encuentra el de las Cascadas Escondidas, una travesía muy bonita por un bosque muy húmedo y verde, con algunos alerces también, en el que se llegan a descubrir dos bonitas cascadas.

Caleta Santa Bárbara

En los alrededores de Chaitén se encuentra Caleta Santa Bárbara, un pequeño pueblo costero en el que me encontré ¡una playa preciosa! Me recomedaron ir ahí, pero no sabía qué esperar, ¡así que me quedé impresionada! No me digas que no parece una playa del Caribe 🙂 .

Caleta Santa Bárbara
La playa paradisiaca de Caleta Santa Bárbara

Futaleufú

Tras pasar dos días en Chaitén, puse rumbo a Futaleufú. Futa, como se le dice normalmente, no está en la Carretera Austral en realidad, sino que se encuentra casi en la frontera con Argentina. Para llegar hay que desviarse en Villa Santa Lucía y continuar por un camino de ripio por una hora más.

Si es conocido Futaleufú es por su río, uno de los mejores del mundo de aguas blancas, osea, ¡ideal para hacer rafting! Y allí que me fui, yo, que nunca antes había hecho rafting, metiéndome en rápidos de categorías 4 y 5 (de los más difíciles). Pero… ¡sobreviví para contarlo!

El rafting inicial era la ruta de “Puente a puente”, que es sencilla ya que los rápidos más difíciles son de categoría 4. Después, nos dijeron que si todos estábamos de acuerdo en seguir, podríamos hacer dos rápidos categoría 5 pagando un poco más. Como los 6 teníamos ganas de más, ¡ahí nos fuimos! En total fueron unas 2 horas de adrenalina en las frías aguas del Futa, con un paisaje espectacular y muchas risas. Y al final del todo, pudimos hasta nadar en el río 🙂 .

Rafting en el Futaleufú
En un momento de respiro durante el rafting. Foto: Sagi Marom.

Puyuhuapi

Desde Futaleufú volví a la Carretera Austral y llegué hasta Puyuhuapi, un pequeño pueblo a orillas de un fiordo con su mismo nombre. Es famoso por sus aguas termales, pero sinceramente, los precios de las termas me parecen demasiado altos. Las termas de Puyuhuapi ¡cuestan 50.000 pesos! Osea, 67 euros por bañarte en una piscina de agua caliente. Hay otras termas, las del Ventisquero, que llaman “de los pobres”, y que cuestan 17.000 pesos (unos 23 euros). Sinceramente, ¡me sigue pareciendo caro!

Parque Nacional Queulat

Así que descartando las termas, lo que se puede hacer en Puyuhuapi es ir hasta el Parque Nacional Queulat, donde se encuentra el Ventisquero Colgante. Se trata de un glaciar “colgante”, ya que se sitúa al borde de un precipicio y es frecuente ver bloques de hielo cayendo desde la altura.

Para verlo hay varias rutas de diferente duración y dificultad hasta los miradores. El que mejor vista tiene se sitúa en un cerro frente al glaciar y para subir hay que hacer una caminata que lleva unas dos o tres horas entre subida y bajada. Para los que no quieran caminar demasiado, a los pies del glaciar hay una laguna muy bonita y se puede hacer un paseo en lancha.

Este glaciar fue descubierto en 1837, y en aquel entonces la masa de hielo llegaba hasta el mar. Hoy día se encuentra a casi 8 kilómetros de la costa, debido al calentamiento global. Es impactante conocer datos como éste. En menos de 200 años el glaciar ha retrocedido ¡casi 8 kilómetros! Y no es el único, ya que la mayoría de los glaciares de la Patagonia están retrocediendo y desapareciendo poco a poco.

Ventisquero Colgante
El Ventisquero Colgante y su laguna, desde uno de los miradores

Bosque Encantado

Siguiendo por la Carretera Austral, unos kilómetros más adelante se encuentra el Bosque Encantado, que también es muy bonito y muy recomendable. Es un bosque muy húmedo y verde, donde los árboles tienen extrañas formas. Gracias a que el bosque es muy denso y entra poca luz, tiene una apariencia de “encantado” (de ahí su nombre).

Si tienes suerte, verás pájaros como el chucao (que en la mitología chilota se dice que si te lo encuentras a la derecha del camino serás feliz, pero a la izquierda significa que ocurrirá un contratiempo en el viaje). Al final del paseo se llega hasta una laguna, ¡y aquí también hay un ventisquero colgante! 🙂

Puerto Cisnes

El día que yo iba a ir se puso a llover y no paró, así que fui hasta Puerto Cisnes a pasar la noche y ver si al día siguiente el clima estaba mejor. Puerto Cisnes tampoco está exactamente en la Carretera Austral, pero queda más cerca del Bosque Encantado que Puyuhuapi, así que es mejor quedarse aquí si se quiere visitar el bosque que tener que volver hacia atrás hasta allí. Al día siguiente hizo algo mejor y pude ir, aunque las nubes ocultaban intermitentemente el glaciar.

Coyhaique

Desde Puerto Cisnes seguí camino hasta Coyhaique, la ciudad más importante de la zona, con unos 50.000 habitantes. Coyhaique en sí no tiene mucho, pero es un buen lugar para abastecerse de comida, efectivo y cosas así. Entre las cosas para hacer aquí están visitar la Piedra del Indio, una roca con la forma de la cara de un indio, y la Reserva Nacional Coyhaique. La Reserva es bonita, pero no tiene nada demasiado especial. La caminata transcurre entre bosques de pinos y en el recorrido se ven algunas lagunas. Para mí, lo mejor, ¡fue ver al pájaro carpintero en acción!

Próximo destino: Carretera Austral: de Cerro Castillo a Villa O’higgins.

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