#22 Carretera Austral II: de Villa Cerro Castillo a Villa O’Higgins

“Cuanto más al sur, más bonito”. Esta frase la escuché de todo aquel que me cruzaba en la ruta y que ya iba subiendo para el norte, escapando el frío patagónico del recién comenzado otoño. Lo que había visto ya me tenía impresionada, pero no podía contener la emoción por descubrir lugares ¡aun más bonitos! Aquí el relato de mi viaje entre Villa Cerro Castillo y Villa O’Higgins.

La verdad que la frase me tenía entusiasmada, pero al llegar a la zona de Coyhaique ese sentimiento se había disipado un poco al encontrar que el paisaje de bosque frondoso, verde y nativo se había transformado en algo que me resultaba familiar… Pinos, terreno seco, álamos, páramos… ¿Estoy de vuelta en Castilla y no lo sé?

No digo que no sea bonito, pero ¡tenía la sensación de estar en casa, y no a la otra punta del mundo! Con esa sensación, un poco de decepción por no encontrar eso que decían que era tan bonito yendo hacia el sur, puse rumbo hacia Villa Cerro Castillo.

Villa Cerro Castillo

Casi todo el mundo que subía al norte me había dicho también que Cerro Castillo era muy bonito y tenía que parar sí o sí. Así que me subí al bus y según pasaban los kilómetros y nos acercábamos a Cerro Castillo me preguntaba si en realidad iba a merecer la pena parar ahí, ya que no veía nada extraordinario, al menos desde la ventanilla.

No fue hasta que el autobús giró al llegar a algo así como la cima de un cerro para comenzar a bajar por una sinuosa ruta que vi el famoso Cerro Castillo. En ese momento tuve que reconocer que dejé de lado los pensamientos de saltarme la parada y me pegué al cristal para ver cómo la escarpada montaña iba tomando forma de castillo (de ahí su nombre).

Sendero al Cerro Castillo

El cerro es visible desde el pueblo, situado prácticamente a sus pies, e invita indudablemente a subirlo. Lo cual no quiere decir que sea fácil 😀 . De todas las caminatas que he hecho hasta ahora por la Patagonia, es, sin lugar a dudas, la que más me ha costado. No recuerdo cuántos kilómetros son hasta llegar a la cima; lo único que recuerdo es que tardé 3 horas y media en subir, haciendo alguna que otra parada, y que cuando llegué arriba no sentía mis piernas.

Vistas Cerro Castillo
A ver si eres capaz de distinguir el pueblo entre todo lo que hay en esta imagen 🙂

El sendero comienza con una subida un tanto exigente, aunque después el camino se vuelve algo más fácil entre el bosque. Poco a poco se va haciendo más empinado, y algo así como la última hora es bastante complicado. No solo porque cada vez sube más, sino porque el sendero se vuelve muy angosto y va al borde de precipicios. Ahora, una vez arriba, la vista es de esas que te deja sin palabras. De un lado, todo el valle del río Ibáñez, divisando de fondo el Lago General Carrera. Del otro, esta preciosidad:

Cerro Castillo
No cabe duda de que el Cerro Castillo debe su nombre a su majestuosidad

Si la subida es complicada, la bajada no lo es menos. De casualidad encontré un palo que me servía como apoyo (el bastón de Gandalf, como le apodé 🙂 ). No sé cómo habría bajado sin él. Bueno sí, probablemente rodando cuesta abajo. Me fue de gran ayuda, especialmente en esos tramos cercanos al precipicio. Así que, si tienes bastones de trekking, ésta es una muy buena ocasión para usarlos.

Otros atractivos en Villa Cerro Castillo

Aparte de este majestuoso cerro, en Villa Cerro Castillo hay un Museo sobre la antigua escuela construida aquí para que los niños de esta comarca pudieran estudiar sin tener que desplazarse a lugares como Coyhaique (a bastantes kilómetros). Según parece, gracias a esta escuela se fundó el pueblo, ya que las familias se acercaban hasta aquí para que los hijos estuvieran más cerca de la escuela.

Este museo se encuentra en el edificio de la antigua escuela, a unos 3 o 4 kilómetros del pueblo (ahora la nueva escuela se encuentra en el pueblo), y muy cerca de ahí está el Paredón de las Manos, que es un lugar en el que se conservan (no muy bien) pinturas rupestres. Estas pinturas son simplemente manos, y hasta la fecha nadie ha sabido descifrar qué significan.

Puerto Río Tranquilo

Dejando Cerro Castillo atrás, el siguiente destino en la ruta fue Puerto Río Tranquilo. Desde que comencé el viaje había querido llegar aquí, a ver sus famosas Catedrales de mármol. No sé si fue el día, que estaba nublado y amenazando lluvia y que, por tanto, no me dejó apreciar bien los colores del lago y el mármol, o que tenía las expectativas muy altas… pero la visita me dejó un sabor descafeinado.

Estas catedrales son una especie de cuevas producidas por la erosión del agua del Lago General Carrera hace miles de años, cuando el mármol no era lo suficientemente duro para resistir los golpes de las olas. Este lago es uno de los más grandes de Latinoamérica y en realidad es algo así como un mar, con corrientes y olas, que se vuelve peligroso cuando hay viento y mal tiempo. Hoy en día el mármol se ha vuelto lo suficientemente resistente como para prevenir seguir erosionándose, y no hace sino volverse más duro con el paso del tiempo. Así que, gracias a eso, las Catedrales se conservan en el tiempo.

Catedrales de Mármol, Carretera Austral
Las Catedrales de Mármol son una de las maravillas naturales de la Carretera Austral

El tour a las Catedrales

Para visitar las Catedrales hace falta contratar un tour. En el pueblo de Puerto Río Tranquilo se encuentran todos los botes que hacen la excursión, aunque también es posible contratar un kayak y hacerlo por cuenta propia a las afueras del pueblo (siempre y cuando haga buen tiempo).

El tour costaba en 2016 8.000 pesos chilenos y no encontrarás muchos problemas en hacerlo, aunque se necesita un mínimo de 4 personas para salir a navegar. En temporada baja puede ser algo más difícil, ya que no hay tantos viajeros en la Carretera Austral, pero en verano no debe ser nada complicado, porque según contaban, hay unos 1000 turistas visitando las Catedrales al día. Y eso significa 30 botes alrededor de las Catedrales de mármol, por lo que te puedes imaginar que va a ser difícil tomar fotos sin un barquito o dos metiéndose por medio. La masificación turística ha llegado a todas partes, así que, por si no lo había dicho ya, me siento muy afortunada de haber estado por la Austral a final de temporada 🙂 .

Lago General Carrera

Imagino que con la luz del sol, el Lago General Carrera hubiera tenido otro color más brillante. Aunque el color era, aún así, increíble, creo que deslució bastante la excursión. El lago me decepcionó un poco, ya que todo el mundo me había dicho que era muy bonito y no me pareció para tanto.

Unos días después, cuando tomaba la ruta que va hacia Chile Chico, bordeando el lago, sí pude apreciar su color con el sol y su inmensidad. Las cumbres de los cerros de los alrededores del lago estaban nevadas también, así que creo que todo sumado sí le daba esa belleza de la que tanto me habían hablado. Hay que darle una segunda oportunidad a los lugares 🙂 .

Cochrane

Pero siguiendo por la Austral en dirección sur las cosas seguían sin convencerme demasiado. El paisaje era bonito, sí, pero no tanto como me había imaginado tras escuchar tantos comentarios a su favor. El mismo día que vi las Catedrales de mármol me fui para Cochrane, la población más grande de la zona, o eso me pareció.

Al igual que Coyhaique, posee una Reserva Nacional y poco más, siendo más bien un punto de abastecimiento que de turismo. Decidí visitar la reserva, famosa por ser relativamente fácil ver huemules (ciervos), pero el día no estaba muy apetecible para pasear, ya que amenazaba lluvia también. Así pues, el paseo fue más bien corto y, tristemente, no conseguí ver huemules.

Ya solo quedaban dos destinos más antes de llegar al fin de la Carretera Austral: Tortel y Villa O’Higgins. Pese a eso, las distancias entre Cochrane y estos pueblos son muy largas. Bueno, quizá las distancias no sean tan largas, pero el ripio hace que el viaje sea interminable.

Caleta Tortel

Llegar a Caleta Tortel fue relativamente fácil, ya que hay varias compañías de bus que van todos los días. El bus tardó unas tres horas y llegó de noche, así que agradecí que la mujer del conductor del autobús tuviera un hospedaje y no tener que buscar uno en la oscuridad. Porque en Tortel no hay luz en las calles. Bueno, tampoco hay calles.

Tortel es un pueblito pesquero situado en una bahía construido literalmente sobre el mar. Sus casas no son palafitos, pero la única manera de ir de una casa a otra es caminando por pasarelas de madera, las cuales, en su mayoría, están construídas sobre el mar. Así, el pueblo es completamente peatonal, lo cual es un atractivo en sí mismo.

Caleta Tortel
Parte del pueblo de Tortel, con una de sus pasarelas bordeando la bahía

Cruzar el pueblo de punta a punta lleva algo así como media hora, y algunos tramos cuentan con largas escaleras, así que no dejaba de preguntarme cómo hacen los habitantes de las últimas casas del pueblo para llevar sus maletas cuando salen de viaje, o una compra grande al volver de Cochrane, por ejemplo.

El día que me tocó en Tortel estuvo feo, con ratos de lluvia muy intensa y ráfagas de viento, por lo que el puerto estaba cerrado y no pude hacer ninguna excursión. Me quedé con ganas, pues, de ir a la Isla de los Muertos, con una peculiar historia, ya que aquí quedan algunas de las tumbas de un puñado de trabajadores que fueron prácticamente abandonados a su suerte al tratar de abrir una ruta en esta difícil zona, y al Ventisquero Montt, un enorme glaciar que se encuentra a unas 5 horas de navegación del pueblo.

Hacia Villa O’Higgins

Mi idea era seguir por la Austral hasta Villa O’Higgins desde Tortel, ya que es la ruta natural, pero ¿en qué época estaba visitando la región? Temporada baja. Así que no me quedó otra que volver a Cochrane para tomar otro autobús que me llevase a Villa O’Higgins. Parece que en verano sí hay un servicio entre los dos pueblos, pero en temporada baja no.

Para mi fortuna, la tarde había mejorado, así que pude ver el paisaje de la Austral en este tramo, y la verdad es que en cierto modo compensó los días anteriores porque las vistas eran de verdad bonitas. El río Baker, el más caudaloso de Chile, corre en paralelo a la carretera en este tramo entre Cochrane y Tortel, y todas las montañas estaban nevadas porque la lluvia del día en Tortel, había sido nieve en las cumbres.

Así que volví a Cochrane algo más contenta por haber podido disfrutar de esta vista, aunque pensando si merecía la pena ir a Villa O’Higgins, ya que suponía tener que hacer la misma ruta otra vez hasta casi Tortel para después seguir hasta el final. Lo que me animó, al final, fue que justo al día siguiente había un autobús para Villa O’Higgins, que además volvía el día de después. Y un día más tarde, había un bus para Chile Chico, donde cruzar a Argentina para ir a mis próximos destinos: El Calafate y El Chaltén.

¡Todo calzaba! Así que me animé y me fui para Villa O’Higgins. Aunque tuve que hacer parte de la ruta otra vez, en realidad no me importó porque iba viendo el paisaje del río Baker, las cumbres nevadas y, de vez en cuando, algún que otro glaciar arriba en las montañas. Mi alegría no duró mucho, ya que cuanto más nos acercábamos a nuestro destino, más llovía.

Barcaza Carretera Austral
La barcaza que cubre el trayecto Puerto Yungay – Río Bravo, entre Tortel y VIlla O’Higgins

Por fin en Villa O’Higgins

El universo debió de conspirar a mi favor, o algo así, porque fue llegar a Villa O’Higgins y ¡oh! ¡Mágicamente salió el sol! ¡Y qué maravilla! El pueblo está rodeado de montañas, que en ese momento eran rojas y naranjas por el otoño, y adornadas de blanco gracias a la nieve.

Desde el pueblo, el fin de la Carretera Austral se encuentra a 8 kilómetros nada más, así que tomé prestada la bicicleta de la dueña del hostel y me fui para allá deprisa, no fuese a “largarse la lluvia” de nuevo, como dicen por aquí. Al salir del pueblo se cruza el Río Mayer y, a partir de ahí, está el paraíso. Creo que nunca había visto algo parecido.

Un lago de un color aguamarina, brillante a la luz del sol, que contrastaba con los tonos rojizos del otoño de las montañas que lo rodean, la nieve en sus cumbres y glaciares que asoman por detrás de algunos picos. El Lago O’Higgins. Había llegado al final de la Carretera Austral. Delante de mí, el comienzo del Campo de Hielo Sur, una de las extensiones de hielo más grandes de la Tierra. Ahora sí tenía sentido aquello de que, cuanto más al sur, más bonito. Simplemente I N C R E Í B L E.

Lago en Villa O'Higgins, Carretera Austral
Uno de los paisajes del final de la Carretera Austral (Lago O’Higgins)

Próximo destino: El Calafate y El Chaltén.

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