#37 Arequipa y el Cañón del Colca

¿Alguna vez has oído hablar del chupe de camarones o de la momia Juanita? ¿Sabes cuál es el mejor lugar de Sudamérica para avistar cóndores? ¿No? Entonces sigue leyendo y pon Arequipa en tu lista de ciudades que visitar en Perú 😉

Arequipa es de esas ciudades que tienen un encanto especial. Es una ciudad colonial muy rica cultural y gastronómicamente, así que solo por eso, para mí, es un lugar imperdible. Además, muy cerca de aquí se encuentra el Cañón del Colca, donde los cóndores vuelan a sus anchas sobre una falla natural con precipicios de 4000 metros de altura.

Si estás pensando en visitar Perú, no dudes en añadir Arequipa a tu itinerario. Y si no vas a viajar no te preocupes. Sigue leyendo porque, como dice el refrán, nunca te acostarás sin saber una cosa más.

Qué ver y hacer en Arequipa

Plaza de Armas

Arequipa me pareció la ciudad más refinada de Perú. El trazado original de la ciudad y los edificios más importantes de la colonia aun se conservan. La llaman la Ciudad Blanca por su limpieza y sus construcciones de un sillar blanco impecable. Su Plaza de Armas es un buen ejemplo de esta arquitectura. En uno de sus lados sobresale su imponente Catedral y en los otros tres edificios blancos de dos plantas con arcadas, llenos de cafés y restaurantes. Aunque sean algo caros, merece mucho la pena subir a tomar algo en sus terrazas para tener una vista inmejorable de la Catedral y la plaza.

La Plaza de Armas de Arequipa con su Catedral al fondo
La Plaza de Armas de Arequipa con su Catedral al fondo

A pocos metros de aquí se encuentra el Museo Santuarios Andinos. Quizá esto no te diga nada, pero aquí dentro se esconde uno de los mayores tesoros de Arequipa: la momia Juanita. Juanita fue una doncella inca y fue encontrada en 1995 por dos alpinistas en lo alto de uno de los nevados cercanos a la ciudad. Hay que visitarla sí o sí, ya que se trata de una de las momias incas mejor preservadas, junto con los niños de Salta. Llama la atención lo bien conservadas que están su dentadura, sus ropas e incluso las manos. Probablemente murió de un golpe en la cabeza como sacrificio para los dioses, una costumbre inca tan sagrada para ellos como horrible para nosotros.

Convento de Santa Catalina

Un poco más alegre es la visita al Convento de Santa Catalina, al que yo definiría como una ciudad dentro de la ciudad. Es Patrimonio de la Humanidad y no es para menos, ya que está lleno de curiosidades. Para empezar el Convento no es un edificio, sino muchos, formando un conjunto arquitectónico. En él se mezclan las celdas de las monjas de clausura con cocinas y capillas, convirtiéndose en un laberinto. Cuenta con patios y 6 calles llenas de flores, todas con nombres de ciudades españolas (Málaga, Sevilla, Córdoba, Granada, Burgos y Toledo).

Lo más interesante de todo es poder conocer la historia de las monjas que vivieron allí, en especial la de Sor Ana de los Ángeles. De ella se dice que obró múltiples milagros, como sanar a personas enfermas y predecir enfermedades que algunos de sus allegados tendrían tiempo después (y que se corroboraron). La entrada cuesta 40 soles (unos 10 euros), algo cara teniendo en cuenta que estamos en Perú, pero merece mucho la pena entrar a conocer este momunento histórico tan peculiar.

Una de las calles de nombre español del Convento
Una de las calles de nombre español del Convento

Alrededores de Arequipa

Saliendo del centro histórico de Arequipa se encuentran dos miradores: el de Yanahuara y el de Carmen Alto. La verdad es que el Mirador de Yanahuara no tiene muy buenas vistas, pero la plaza donde se encuentra es muy bonita. El mirador lo forman varios arcos con frases dedicadas a la ciudad de Arequipa, y a uno de los costados de esta plaza se encuentra la Parroquia de Yanahuara. Aunque es pequeñita, cuenta con una elaborada fachada. Respecto al Mirador de Carmen Alto la cosa cambia. Aquí el mirador en sí no es tan bonito pero las vistas son mucho mejores. Desde aquí se divisan los volcanes cercanos a la ciudad: el Misti, el Chachani y el Pichu Pichu.

Y ya algo más alejada se encuentra la Mansión del Fundador de Arequipa, Don Manuel Garcí de Carvajal. Hoy en día es un museo que conserva muebles antiguos y la decoración colonial. Además de poder visitarse (la entrada son 12 soles si no recuerdo mal, unos 3 euros), es un lugar donde se celebran eventos exclusivos.

Comida típica de Arequipa

Arequipa es la capital gastronómica de Perú. Su plato estrella es el chupe de camarones, algo así como un caldo de gambas y verduras bien consistente y delicioso. También de aquí es el rocoto relleno, un pimiento picante relleno de carne y verduras. Y como estamos en el sur de Perú, se come algo muy típico de toda la zona: el cuy (conejillo de indias). De postre en Arequipa se vende el queso helado, que no es queso sino leche con algo de vainilla, coco y canela. Se sirve a modo de helado ¡y está muy rico!

El típico queso helado, ¡que no es queso!
El típico queso helado, ¡que no es queso!

Excursión al Valle del Colca

El Cañón del Colca y los cóndores

El mejor lugar para ver cóndores de toda Sudamérica es el Cañón del Colca. Aquí los cóndores encuentran un hábitat ideal, por la altura y las paredes verticales que forman el cañón. Estos precipicios de roca miden 4000 metros de altura, formando uno de los cañones más profundos del mundo. Como te puedes imaginar, llegar hasta aquí ya de por sí ofrece unos paisajes espectaculares.

Para llegar hasta el Colca se puede tomar un autobús a Chivay y seguir por cuenta propia o un tour. Yo tomé un tour organizado de un día, aunque pueden llegar a ser hasta de tres. En estos últimos se hacen varias caminatas y, de hecho, es lo que pensaba hacer, pero no tenía mucho tiempo, ya que me quedaba menos de un mes para recorrer lo que quedaba de Perú. De todos modos, el de un día es el más completo de todos.

Madrugamos bastante y fuimos directamente hasta la Cruz del Cóndor. Éste es el mirador desde donde se ven de cerca los cóndores. Cuanto nos acercábamos veíamos a uno o dos nada más, pero hubo un momento en el que había muchísimos. Decía antes que es el mejor lugar para ver cóndores de toda Sudamérica, y es por una razón: en ningún otro lugar de mi viaje los había tenido tan cerca. Pasaban volando con sus alas desplegadas por arriba y de frente a nosotros. Incluso en un momento varios se posaron en una roca cercana, como posando para las fotos. Cuando los ves allá arriba en el cielo parecen pequeños, pero son enormes. Los jóvenes son marrones, mientras que los adultos son negros con un collarín blanco. Nunca había podido distinguir esto hasta este día, porque simplemente nunca los había tenido tan cerca para comprobarlo. ¡Fue un espectáculo!

Uno de los cóndores adultos que vi en la Cruz del Cóndor
Uno de los cóndores adultos que vi en la Cruz del Cóndor

Los pueblitos del Colca

El motivo por el que fuimos directamente hasta la Cruz del Cóndor es porque los cóndores madrugan para volar. Por tanto, después de verlos en su apogeo nos volvimos para Arequipa haciendo paradas por el valle. La primera fue en el pueblito de Maca, que tiene una iglesia muy bonita. A la puerta había mujeres con el traje típico de la zona (muy bonito, por cierto) y con sus baby alpacas. Éstas eran adorables y estaban allí para hacernos una foto con ellas a cambio de la voluntad. ¡Y cómo no picar, si son monísimas! 🙂

Dando el biberón a una baby alpaca, ¡son tan adorables!
Dando el biberón a una baby alpaca, ¡son tan adorables!

Después nos llevaron a las aguas termales “Los Tambos”, no incluídas en el precio aunque muy apetecibles. Creo que la entrada costaba 15 soles (unos 4 euros) y había piscinas para todos los gustos. Después de estar una hora en remojo fuimos hasta Chivay para comer. Después, al mirador de los volcanes, desde el que se ven nada menos que 7 (entre ellos el Ampato, donde se encontró a Juanita). Y para culminar el día, una paradita para ver a las alpacas. Esta vez eran adultas, ¡el único camélido andino que no había llegado a ver en todo el viaje!

El día fue muy completito así que decidí descansar el día siguiente. Me recorrí la ciudad de nuevo con mucha calma, disfrutando de sus calles y edificios coloniales. Compré algunas cositas que me hacían falta y en una librería tuve algo así como una llamada. Ví un libro que inmediatamente supe que me tenía que comprar. Era “The lost city of the incas” (“La ciudad perdida de los incas”). Su autor, Hiram Bingham, explica cómo descubrió Machupicchu, y me venía de perlas para sumergirme en la cultura inca. Cusco era mi siguiente destino y Machupicchu, uno de los objetivos de mi viaje, por fin se acercaba…

Próximo destino: Qué ver en Cusco, la ciudad imperial.

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