Los alrededores de Lima y el fin de mi viaje por Sudamérica

Después de visitar Huaraz y la fotogénica Cordillera Blanca ya solo me quedaban 4 días para volver a España… Snif, snif. Mi viaje llegaba a su fin, pero aun tenía unos días para intentar conocer algo más sobre Perú, por lo que me dediqué a explorar los alrededores de Lima.

Tomé de nuevo un autobús nocturno, esta vez desde Huaraz a Lima, donde llegué a primera hora de la mañana. Tras soltar la mochila en el hostel, me fui a desayunar en los alrededores del Parque Kennedy (ya sabes, el de los gatos 🙂 ) y a contratar un tour para visitar uno de los sitios arqueológicos cercanos a Lima más importantes: Pachacamac.

Alrededores de Lima: Pachacamac

Pachacamac fue un importante centro religioso pre-inca. En él hay restos de distintos pueblos y culturas, como la Lima, aunque también fue ocupado por los incas una vez su imperio se expandió. Es un sitio arqueológico bastante grande, y cuenta con muchos templos, la mayoría en ruinas (aunque el templo de la Luna está reconstruído). Desde el templo del Sol se tiene una bonita vista de la costa del Pacífico, así como de las islas que se sitúan en frente, sobre las que hay una leyenda muy curiosa sobre las apariencias y la vanidad.

Pachacamac, alrededores de Lima
Ruinas de Pachacamac y su calle principal, que fue uno de los muchos caminos incas del imperio

Según esta leyenda, hubo una hermosa mujer, Cavillaca, que era pretendida por los dioses. Como ella no se dejaba engatusar por ninguno, el dios Wiracocha se convirtió en pájaro y esparció su semen en un árbol frutal. Ella, al comer la fruta, se quedó embarazada. Nadie sabía quién era el padre de la hija de la mujer, hasta que se pidió a la niña que reconociese a su padre, y reconoció al dios Wiracocha. El dios, para pasar desapercibido, se había vestido con harapos, así que la mujer pensó que un pobre haraposo era el padre de su hija y se sintió tan disgustada que se fue al océano a quitarse la vida con su hija. El dios intentó detenerla, revelándole quién era, pero ella ya no quería saber nada. Entonces las convirtió en piedra para que viviesen para siempre.

El santuario se encuentra a las afueras de Lima, a unos 40 minutos en coche de Miraflores. En mi caso lo visité con este tour que te decía, el cual salía desde Miraflores sobre las 10 de la mañana del sábado. Ahora parece que hay tours todos los días excepto los lunes, así que estás de suerte. La visita dura unas 4 horas y se hace con el mismo autobús, de dos plantas, siendo la de arriba descubierta. Al entrar al sitio arqueológico se hace una parada de media hora para visitar el museo del sitio, que contiene piezas muy bonitas y bien conservadas pertenecientes a las culturas que han habitado este lugar. A mí me sorprendieron para bien, tanto el museo como el sitio arqueológico.

Alrededores de Lima: Caral

Al día siguiente, domingo, me fui de excursión a Caral, otro sitio arqueológico, aunque no sea exactamente en los alrededores de Lima. Éste está bastante más alejado de Lima y es mucho más importante que Pachacamac, ya que estamos hablando de la primera civilización de América y la segunda más antigua de la historia. Sí, sí. La segunda, solo por detrás de Mesopotamia. Se calcula que este pueblo vivió hace 5000 años, lo que supone que sean anteriores que otros pueblos antiguos como los egipcios. ¡Una joya histórica prácticamente desconocida y Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO!

Te cuento cómo llegar a Caral en este otro post.

Caral, alrededores de Lima
La pirámide principal de Caral

Fin de #Sudamérica2016

Y tan entretenida que estaba empapándome de cultura peruana, ¡ya solo me quedaban dos días! Bueno, en realidad día y medio, ya que mi vuelo era un martes por la tarde, y llegar hasta el aeropuerto de Lima tiene lo suyo… Entre 40 minutos y una hora de taxi que no te quita nadie, confiando en que no haya atascos.

Así que aproveché este día y medio que quedaba realizando todas las compras que no había podido hacer en los 6 meses de viaje. Bolsos, los típicos llaveros de llamas que me encantan, figuritas, pisco… Y es que viajar con mochila tiene sus ventajas, pero también inconvenientes… y éste es uno de ellos. Me quedé con muchas ganas de comprar cosas en todos los sitios que visité, pero me tuve que conformar con cosas que no ocupasen mucho, como postales y algún detallito (imán, llavero) que no ocupasen. Bueno, he de confesar que me compré una taza de desayuno por país visitado, que es algo que siempre hago, pero que en realidad ocupa tanto que me tuve que comprar un bolso extra al llegar a Bolivia (mochila grande + mochila pequeña + bolso, imagínate XD). Lo curioso es que todas llegaron vivas (¡la de Uruguay estuvo 6 meses viajando por Sudamérica conmigo!).

Y así me planté en mi último día de viaje. 6 meses y 3 días habían pasado desde que tomé el avión rumbo a Uruguay en enero. La primera vez que viajaba sola y por tanto tiempo. Cuando despegué ya estaba atardeciendo en Perú y pude contemplar un precioso atardecer sobre el mar de nubes que cubría el país, que invitaba a ponerse melancólica y reflexionar sobre todo lo vivido.

Fue toda una aventura y la he disfrutado de principio a fin. No ha habido ni un solo momento que haya pensado “¿qué pinto yo aquí?”, ni que me haya arrepentido de haber dejado un trabajo fijo para hacer el viaje, ni que haya querido dejar de viajar. Sin duda lo repetiría, y no me canso de animar a la gente a que lo haga si de verdad es su sueño. Y es que, ¿qué es la vida, sino un viaje?

Atardecer Sudamérica
Con este bonito atardecer me despedía de Sudamérica… ¡Espero que nos volvamos a ver pronto!

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