3 cosas que me gustan de los hostels al viajar sola (y 3 que no)

En mis viajes he probado prácticamente todos los tipos de alojamiento que puede haber, desde hoteles hasta campings, pasando por apartamentos y opciones tipo Couchsurfing. Pero de todos ellos, mi opción preferida para dormir cuando viajo sola son los hostels.

Hace cosa de dos años, si me hubieras dicho que los hostels serían hoy mi opción de alojamiento preferida, no te hubiera creído. Casi siempre me había alojado en hotel y apartamento, que son las dos opciones más extendidas. Pero últimamente y, sobretodo, gracias al viaje por Sudamérica, he descubierto todo un mundo más allá de lo tradicional. Y es que, viajar sola y por tanto tiempo (6 meses), hace que las prioridades en el viaje sean otras que las de una escapada por un tiempo mucho más corto o las vacaciones de verano.

Qué me gusta de los hostels

Esas prioridades, en mi caso, eran gastar lo menos posible con un mínimo de calidad y socializar. Por una parte, no podía estar 6 meses en ruta de hotel en hotel, gastando muchísimo dinero en dormir. Por otra, por mucho que haya momentos en los que viajando sola quieras estar completamente a tu bola, no puedes encerrarte en una cueva y perder la conexión con el mundo. Por eso, éstas son las 3 cosas que más me gustan de los hostels.

Son el mejor lugar para conocer gente

Para mí, la mayor ventaja de alojarme en un hostel al viajar sola es que son el mejor lugar para conocer gente. Los hostels son algo así como un punto de encuentro de viajeros y, entre ellos, muchos viajan también en solitario (y quieren conocer gente). Aunque entablar conversación con extraños no es algo propio solo de quienes viajan solos, y cualquiera que se aloje en un hostel, aunque viaje en grupo, está predispuesto a conocer a gente nueva.

En cualquier hostel hay zonas comunes donde se puede tener cualquier excusa para socializar. Además, muchos organizan eventos, tanto dentro como fuera del hostel, como por ejemplo fiestas o tours a un determinado lugar de interés.

Salta - evento hostel
Un evento en un hostel de Salta, Argentina

Son las Naciones Unidas

Relacionado con lo anterior, está el hecho de que la mayoría de los huéspedes de hostels son jóvenes (entre 20 y 35 años) y de cualquier lugar del mundo. Esto aporta mucho al ambiente, ya que la gente suele tener ganas de conversar, salir a descubrir hasta el rincón más insospechado de la ciudad o aprender de una nueva cultura.

Especialmente me encanta que te pongas a hablar con alguien y sea, por ejemplo, de Australia, y de repente pase alguien de, por ejemplo, Japón, oiga la conversación y se una. Y que el japonés diga “estoy viajando desde hace dos días con un francés y su amigo italiano”, les llame y acaben uniéndose a la conversación también. Y es que en un hostel te montas las Naciones Unidas en un momento y no hay mejor lugar para intercambiar puntos de vista de cualquier rincón del planeta sobre un tema que tenéis en común y os apasiona a todos: viajar.

Tienen la mejor relación calidad-precio

Otra de las cosas buenas de los hostels es que el precio es bastante económico. Es cierto que hay opciones más baratas, como el Couchsurfing, que es gratis, pero también hay otras muchísimo más caras, como un hotel. El precio varía obviamente dependiendo del país, pero normalmente suele estar entre las opciones más económicas. Y lo mejor de todo, para mí, es que por un módico precio te incluye servicios como el wifi, el desayuno e incluso en la mayoría de casos, cocina, así que te puedes cocinar tú misma y evitar gastar dinero comiendo en un restaurante, que suele ser más caro.

Qué no me gusta de los hostels (y cómo sobrellevarlo)

Y es que, aunque el hostel sea mi opción preferida, no significa que no tenga peros…

Tener que compartir habitación con mucha gente

Uno de los mayores inconvenientes del hostel es el tener que compartir habitación. Es cierto que hay habitaciones privadas en muchos casos, pero llegan a tener precios similares a un hotel, mucho más elevados. Y un hostel está hecho para socializar, así que, para mí, las habitaciones privadas están descartadas. En general las habitaciones de un hostel son de 4, 6, 8, 10, 12 o más camas, y a mayor número de camas por habitación, menor precio. Así que para conseguir el lugar más barato quizá tengas que compartir habitación con otras 11 personas. Y eso a veces no mola.

No mola cuando te toca alguien que ronca. Tampoco mola cuando alguien ha estado de hikking una semana y no ha ventilado aun sus zapatillas. Y mucho menos, cuando alguien llega a la habitación de madrugada y te despierta de tu quinto sueño. Pero es el precio que hay que pagar si no se quiere gastar mucho. Evidentemente estas cosas pasan, pero no pasan siempre. Puedes tener la mala suerte de que te ocurran de vez en cuando. Aun así, para evitar que te toque dormir con mucha gente siempre puedes reservar la habitación con menos camas (aunque sea un pelín más cara).

En el caso de que el presupuesto no te permita elegir una habitación más pequeña o no esté disponible, hay aun soluciones para pasar una buena noche. Si, por ejemplo, te cuesta dormir por los ruidos de los demás, puedes hacerte con unos tapones para los oídos. Si eres chica y no quieres arriesgarte a tener a un chico que ronque lo que no está escrito, puedes optar por una habitación femenina (aunque también hay chicas que roncan, así que esto no es infalible). Por desgracia, para los malos olores no tengo una solución. Y es que dormir con una pinza en la nariz no creo que sea nada cómodo…

Que haya mucha gente compartiendo las mismas instalaciones

No solo puede haber mucha gente en tu misma habitación, sino que en general puede haber mucha gente en la sala de estar, la terraza, el baño, la cocina… He estado en hostels con muchas salas comunes, cocinas gigantes… pero en la mayoría suelen quedarse pequeñas en ciertos momentos. Por ejemplo, si es un hostel grande, odio que haya cola para la ducha por las mañanas, ya que no es muy agradable que no te dé tiempo a ducharte si tienes que tomar un autobús, por ejemplo. En algún momento decidí ducharme por las tardes para evitar la hora punta, aunque si no tienes prisa, puedes ir mientras tanto a desayunar o a intentar conocer a alguien en las salas comunes. Quizá encuentres un compañero o compañera de excursión para ese día 🙂 .

Tampoco me gusta demasiado llegar a la cocina con hambre y ver que está hasta arriba y tengo que esperar para hacerme la cena. ¿Mi solución? Tener algo para picar mientras tanto y socializar. Si la cocina está llena de gente da igual. Acércate igualmente; siempre puedes esperar tu turno para cocinar mientras entablas conversación con alguien.

Ushuaia - excursión laguna témpanos
Una japonesa, un uruguayo, una española (yo), un francés y dos argentinos. Así fueron las Naciones Unidas que nos montamos en un hostel de Ushuaia y que resultó en una excursión muy divertida a la Laguna de los Témpanos. ¡Hay que socializar!

Que la limpieza deje mucho que desear

La verdad es que llegar a un hostel y que estuviese sucio me ha pasado en muy pocas ocasiones. Pero siempre puede pasarte, y no solo aquí, sino que incluso en los mejores hoteles. ¿Recuerdas este viral de la nota que dejó un huésped entre las sábanas?

Pues que quieres que te diga, pero yo después de verlo, al llegar a un hostel prefiero que me den las sábanas limpias y planchadas en una bolsa sellada de la lavandería a que estén puestas. Puedes pensar que es un incoveniente tener que hacerte la cama, pero es la única manera de saber que las sábanas que te están dando están limpias. Y si están puestas y no te fías, te recomiendo hacerte con una sábana de viaje. No ocupan nada en la mochila o maleta y así tienes la certeza de que duermes en algo limpio (¡tú las lavas!).

Probablemente el tema más peliagudo de la limpieza en un hostel es el baño. Y es que a veces no le dan un repasito con la frecuencia que deberían. Mi consejo es intentar evitar las horas punta (tipo 8-9 de la mañana, por ejemplo), ya que es cuando más gente utiliza el baño, así como estar pendiente de cuándo se limpian y usarlo después. Un consejo aparte es que, aunque estés en el lugar que parece el más pulcro del mundo, uses chanclas (cholas, ojotas… o como se llamen en tu región) para ducharte, ya que previene los hongos en los pies.

Mira siempre los comentarios

El secreto para elegir bien un hostel (y un hotel, y un apartamento, y lo que tú quieras) es mirar su reputación online. Nada como ver qué comentarios tiene el alojamiento en el lugar en que lo estás reservando y otras páginas de opiniones.

Los comentarios te dirán una cantidad increíble de información, desde si el barrio en el que se ubica es bueno o malo, si está limpio, si el personal es atento, si el ambiente es tranquilo o fiestero, si funciona bien el wifi, si hay muchos ruidos, si el desayuno es bueno o malo… ¡incluso hasta si tiene un buen número de enchufes! Y es que hoy día, un hostel sin enchufes, no es un buen hostel (sin enchufe no cargas el móvil, sin el móvil no hay fotos, ¡y sin fotos el viaje se nos queda a medias!).

Y a tí, ¿qué te gusta y qué no te gusta de los hostels? ¿Cómo eliges el hostel donde quedarte? ¿Qué importancia le das a los comentarios de otros viajeros? ¡Me gustaría saber tu opinión y conocer tus trucos! 🙂

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